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Opinión

  • | 2015/02/24 17:49

    A favor de la propuesta de Gaviria

    No tiene mucho sentido que le digamos a la guerrilla que hay llegar a un acuerdo, y no le podamos decir eso al resto de agentes del conflicto.

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Como bien se sabe, el país se encuentra dividido entre una derecha enemiga de la paz y un resto amigo de ella. Obviamente, la derecha no usa esa retórica, sino que dice que lo que quiere es paz sin impunidad, que es como pedir misa pero sin cura. César Gaviria ha dado en el clavo proponiendo que los beneficios de los acuerdos de paz deben extenderse a todos los lados del conflicto, tanto combatientes como civiles.

No tiene mucho sentido que le digamos a la guerrilla “ustedes han sido asesinos, secuestradores, terroristas y quién sabe cuántas cosas más, pero tenemos que llegar a un acuerdo para que ustedes dejen de hacer todo eso a cambio de unas penas leves y la posibilidad de reincorporarse a la vida civil y política de este país”, y no le podamos decir eso al resto de agentes del conflicto.

A cambio de la paz sin impunidad que cacarea la derecha, Gaviria propone, por decirlo de alguna manera, una paz con impunidad para todos. Así toca. No tiene sentido, por decir algo, que los militares que intervinieron para recuperar el Palacio de Justicia después de la toma por parte del M-19 tengan problemas con la justicia, mientras que los guerrilleros que formaron parte de ese movimiento y que sobrevivieron puedan hoy ser miembros plenos de la sociedad. Con eso no quiero decir que celebro la forma como los militares recuperaron el Palacio de Justicia, con todo y flagrantes violaciones de los derechos humanos. Pero no olvido que fue el M-19 quien se tomó el Palacio de Justicia, y en todo caso celebro que ese grupo haya decidido hacer el tránsito a la vida civil y política, y que el país les haya permitido eso.

Los beneficios no solo tienen que extenderse a los agentes del Estado, como las Fuerzas Armadas y de policía. Tienen que extenderse a los paramilitares y a los civiles que fueron patrocinadores de la violencia. Por mucho que nos “jarte”, así toca. El lío es que en Colombia tiene que haber mucho empresario, hacendado y político facilitador, promotor o patrocinador de la violencia política, y a estos sectores, que quizás hoy permanecen como enemigos encubiertos de la paz, también hay que tirarles un salvavidas. La seguridad de que no vamos a perseguirlos una vez se firmen los acuerdos sin duda abre un espacio para la paz.

Hablar de paz con impunidad no es atractivo, pero es realista. Todo acuerdo de paz implica un cierto grado de impunidad. De otra manera, no tendríamos acuerdo de paz sino rendición, y la rendición tal vez se logre, pero a costa de prolongar un baño de sangre inútil. Es cierto que la moda del día es pedir que los acuerdos vengan acompañados, por lo menos, de verdad y reparación a las víctimas, y por eso el equilibrio entre demandar unas sanciones mínimas para los que se han salido del marco de la ley y lograr un acuerdo de paz es tan delicado. Pero quizás los cinco centavos que le hacen falta al peso de la paz provengan, no de seguir demandando una paz sin impunidad, sino de proponer una paz con la justa impunidad para todos.      
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