Miércoles, 25 de mayo de 2016

| 2016/01/16 22:00

Algo va de Penn a Reyes

Los actores gozan de licencias de estilo que los reporteros no tenemos. Si el señor Penn fuera periodista, habría tenido que rechazar las condiciones del entrevistado como lo hizo Gerardo Reyes.

Daniel Coronell Foto: John Caslon

Entrevistar criminales es legítimo. Una entrevista no es una adhesión a las acciones del entrevistado, no es una acción de respaldo sino un recurso para conseguir información para los ciudadanos. Es válido entrevistar a Pablo Escobar, a Carlos Castaño, a Tirofijo, o a Osama bin Laden. Eso sí, para que una entrevista sea periodística debe garantizar la total independencia del entrevistador frente al entrevistado, sea criminal o no. Lo mismo frente al Chapo Guzmán que a su santidad el papa.

La historia que les voy a contar empezó hace tres años.

Univisión, el medio para el cual trabajo en Estados Unidos, tiene el privilegio de contar con el periodista Gerardo Reyes como director de su unidad investigativa. A lo largo de su vida Gerardo ha ganado casi todos los premios periodísticos que existen: el Pulitzer, el Peabody, el Ortega y Gasset, el Emmy y muchos otros. Más allá de esos reconocimientos está el hecho simple de haberse convertido en un referente ético para muchos de sus colegas.

En marzo de 2013 Gerardo trabajaba en un perfil del narcotraficante mexicano Joaquín ‘el Chapo’ Guzmán para un especial de televisión. Buscando información en el pueblo natal del Chapo encontró una fuente que decía que podía llevarle un mensaje al fugitivo.

Gerardo con desconfianza, obligatoria en un periodista, envió el primer mensaje y después de una espera de muchas semanas obtuvo una respuesta. Como había investigado por años al delincuente encontró que el mensaje sí podía venir del Chapo, además estaba acompañado de fotografías recientes e inéditas.

Las preguntas tenían un nivel de detalle tan específico que la fuente aseguró que Guzmán había exclamado “¿Cómo sabe este cabrón todo esto?”.

Gerardo entonces pidió, a través del intermediario, una entrevista con quien ya era el hombre más buscado del mundo. La respuesta tardó mucho y llegó con una condición: el Chapo aceptaba dar la primera entrevista de su vida siempre y cuando el contenido fuera aprobado por él antes de la publicación.

Transcribo la respuesta de Gerardo Reyes como la envió, sin quitarle una coma: “Es política de Univisión que una vez se ha terminado una entrevista, el entrevistado no puede hacer cambios al contenido de la misma ni definir lo que se debe o no usar de sus declaraciones. La selección de sus intervenciones para el producto final es responsabilidad de Univisión y esa selección se hace siguiendo los más estrictos criterios periodísticos profesionales tales como el equilibrio, la relevancia y el respeto del sentido de dichas declaraciones”.

El rigor periodístico pudo más que las ganas de primicia.

El Chapo fue capturado unos meses después, en febrero de 2014, y se fugó de la prisión de máxima seguridad a través de un túnel en julio de 2015. Un mes después del escape, la fuente volvió a entrar en contacto con Gerardo y su equipo. El 27 de agosto de 2015, Gerardo, tres miembros de Univisión Investiga y yo nos reunimos con esa persona.

La fuente nos mostró fotos del Chapo después de la fuga, nos contó que estaba interesado en dar la entrevista y también que se había contactado a la actriz Kate del Castillo y al director Oliver Stone para hacer una película. Curiosamente jamás mencionó a Sean Penn.

Sugirió que la entrevista se realizara con cámaras puestas por el Chapo. Declinamos esa posibilidad porque sería –otra vez– dejar el control del material en manos del entrevistado.

La fuente se marchó con la promesa de intentar lograr la entrevista con equipos técnicos de Univisión y sin restricciones. En septiembre le escribió a Gerardo para decirle que “los de la película” iban a llegar unos días después y que seguiría insistiendo.

La recaptura del Chapo terminó mostrando que en algún momento la película y la entrevista se volvieron una sola cosa.

Los actores gozan de licencias de estilo que los reporteros no tenemos. Si el señor Penn -talentosísimo actor- fuera periodista, habría tenido que rechazar las condiciones del entrevistado como lo hizo Gerardo Reyes.

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