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Opinión

  • | 2015/03/21 22:00

    Árbol que nace torcido…

    La elección de los magistrados en manos del Senado ha relajado la ética de los jueces constitucionales, convirtiéndolos en lagartos del poder político.

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La entrevista del cuestionado Jorge Pretelt con W Radio no solamente desnuda la cloaca en la que se convirtió la Justicia sino la falta de formación, cultura y aún inteligencia de quienes se han convertido en magistrados. Es estremecedor oír al señor magistrado Pretelt diciendo “nadien”, o explicando “mi finca del Urabá no queda en el Urabá”, o compartiendo sus valores: “Mi señora madre me enseñó que primero cae un mentiroso que un ladrón”. (Escuchar entrevista)

Las pruebas de los abusos de Pretelt se siguen acumulando –incluso por sus torpes confesiones– sin que eso signifique que sea el único responsable del estado de postración de la Corte Constitucional.

Resulta aberrante que exista el clientelismo judicial evidente en los favores burocráticos cruzados con otros altos tribunales, con el Procurador y el Fiscal. Es inaceptable la presencia de exmagistrados que litigan de la mano de los magistrados actuantes y cobran sumas astronómicas por representaciones con resultado tácitamente garantizado.
 
Sin embargo, esas son solo consecuencias. Las causas son más profundas.

El sistema de elección de los magistrados que pone la decisión en manos del Senado ha relajado la ética de los jueces constitucionales, convirtiéndolos en lagartos del poder político y favoreciendo la llegada de incapaces al alto tribunal.

Hablemos de un ejemplo claro. No el peor, pero sí uno de los más ilustrativos.

En el año 2007 tuve la ocasión de mostrar cómo un insigne mediocre, un estudiante perezoso y graduado solo por la ayuda de la decana que habría de convertirse después en su esposa, estaba a punto de volverse en magistrado de la Corte Constitucional. (Ver columna)

Mauricio González era por aquellos días el secretario jurídico de la Presidencia. De por sí era sorpresivo para muchos que hubiera llegado a esa encumbrada responsabilidad. Otros –más pragmáticos– asumieron que esa era la prueba del desprecio del gobierno de entonces por el derecho.

Más desconcertante resultó que una persona de tan escasas luces fuera incluida en una terna para la Corte Constitucional.

González, hombre liviano para el derecho pero entendido en la componenda política, protagonizó una vergonzosa conversación con el entonces senador Mario Uribe.

La comunicación fue grabada legalmente porque la Corte Suprema investigaba los nexos –probados después– del senador Uribe con paramilitares.

González llamó a Mario Uribe para darle la buena nueva de su inclusión en la terna y pedir su apoyo. A lo cual Uribe replicó “lo importante Mauricio es que sí decidieron meterlo, y eso que usted es de confianza allá, pídales que manden esa terna limpia, pa' que no nos pongan a nosotros otros compromisos”.

La expresión “terna limpia” significa que haya un solo aspirante real y dos prestanombres.

Mario Uribe continúa con una revelación sobre la existencia de otro candidato que ya desde ese momento hacía silenciosa campaña para llegar a la Corte Constitucional: “Porque es que nos salen por ejemplo, le voy a decir una cosa, nos salen con Pretelt. Pretelt nos ha querido comprometer a todos; entonces si lo meten, lo meten a uno en un lío”. (Ver video)

Mauricio González lo logró. Las dos aspirantes que lo acompañaban en la terna inicial eran mejores abogadas que él. Ilva Myriam Hoyos y Cristina Pardo se dieron cuenta que cumplían un papel ornamental y renunciaron con dignidad denunciando la maniobra y advirtiendo la falta de ética en el proceso. (Ver renuncia)

La terna fue recompuesta por el presidente de entonces con dos candidatos de relleno y el alumno holgazán se convirtió en magistrado de la Corte Constitucional en remplazo de Álvaro Tafur, quien había sido rector de su universidad.

Casi dos años después Jorge Pretelt fue elegido a la Corte Constitucional, también postulado por el presidente de la época y con los resultados conocidos.

Los dos candidatos de Mario Uribe –y de su primo– lo consiguieron. Las que no llegaron jamás fueron las juristas Ilva Myriam Hoyos y Cristina Pardo.

Hoyos trabaja hoy en la Procuraduría de Ordóñez. Por obra y gracia del clientelismo del jefe en su despacho tiene puesto Martha Ligia Patrón, la esposa del magistrado Jorge Pretelt.

Cristina Pardo es ahora la secretaria jurídica de la Presidencia. Desempeña –eso sí con mayores conocimientos- el mismo cargo que tenía Mauricio González al comienzo de esta historia.
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