Domingo, 4 de diciembre de 2016

| 2016/06/25 00:00

Fatalidad y chatarra

La terrible casualidad es que hubieran fallado al mismo tiempo la cerradura que les habría permitido escapar, y el mecanismo de encendido y apagado del sauna.

Daniel Coronell. Foto: John Calson

Las casualidades arrancaron en mayo del año pasado. Adolfo León Carmona Ruíz murió en un accidente de tránsito en Sabaneta, Antioquia. Un carro fuera de control lo atropelló mientras manejaba su motocicleta. Nadie dudo que se tratara de un accidente. El deceso de Carmona escasamente fue noticia porque causó un monumental atasco de tráfico.

Lo que pocos sabían es que el desafortunado motociclista era uno de los responsables de la multimillonaria defraudación a la DIAN en el caso que involucra a James Francisco Arias Vásquez, conocido como el “Zar de la Chatarra”, y a otros prósperos empresarios.

El difunto Carmona había sido procesado y condenado por estos hechos. Su ficha judicial muestra que en diciembre de 2014, cinco meses antes de su muerte, había salido de la cárcel del Pedregal, en libertad condicional, después de pagar una minúscula caución de tres salarios mínimos. (Ver ficha judicial)

Quizás le hubiera convenido más seguir preso. Él no fue el único al que la libertad le trajo mala suerte.

José Aldemar Moncada Moncada, otro de los cerebros de la defraudación con exportaciones de chatarra y reintegros del IVA, había sido encontrado culpable de múltiples delitos: Fraude procesal, peculado, lavado de activos y concierto para delinquir. Sus sentencias sumaban más de 28 años de prisión.

Sin embargo un juez le concedió el beneficio de casa por cárcel, en su residencia de Cartagena, porque supuestamente padecía una enfermedad que no se podía tratar en la reclusión. Moncada conservó ese beneficio a pesar de que una visita de la guardia carcelaria reportó que no estaba en su casa cuando las autoridades fueron a buscarlo.

Tampoco estaba en su residencia de Cartagena, sino en un centro comercial de Envigado, Antioquia, cuando lo acribillaron desde una moto el pasado 14 de abril. Moncada, cuyos bienes según la fiscalía superaban los 24 mil millones de pesos, había ido a una modesta pizzería aparentemente a cumplir una cita.

Hasta ahora no se sabe quien lo había citado. Los que llegaron a buscarlo fueron dos pistoleros que se alejaron tranquilamente de la escena creyendo que ya había muerto, pero Moncada sobrevivió unos días y falleció –aparentemente sin hablar- en el hospital Manuel Uribe Ángel. (Ver vínculo)

Lo más seguro es que se haya llevado a la tumba los secretos de la operación criminal que le permitió a prestigiosas comercializadoras internacionales cobrar millonarios reintegros de IVA por exportaciones ficticias de chatarra de aluminio, de estaño y sobre todo de cobre. Lo claro es que usaban cédulas de personas muertas y de indigentes, para “legalizar” las facturas que le presentaban a la DIAN.

La Unidad Investigativa del diario El Tiempo descubrió que el asesinato de José Aldemar Moncada no ha sido la única fatalidad que ha padecido su familia recientemente.

23 días antes del homicidio de José Aldemar, el 21 de marzo de este año, su hermana Luz Mery Moncada y el esposo de ella Ramón Eduardo Rodríguez Gallego, fueron encontrados muertos en el sauna del conjunto residencial de Envigado en donde vivían. (Ver vínculo)

El croquis del levantamiento de los cadáveres muestra que el cuerpo del esposo fue hallado cerca del área de la ducha y el de ella dentro del baño turco. Al lado de la mano de la señora estaba la manija desprendida del picaporte de la puerta de salida. (Ver croquis)

Murieron asfixiados tratando de salir de la zona húmeda. La necropsia señala: “Hipótesis de manera aportada por la autoridad: Violenta accidental. Hipótesis de causa aportada por la autoridad: Sofocación por falta de oxígeno” (Ver necropsia)

La terrible casualidad es que hubieran fallado al mismo tiempo la cerradura que les habría permitido escapar del ahogamiento y el mecanismo de encendido y apagado del sauna. Como si estuvieran hechos de chatarra.

No es por nada pero deberían cuidar especialmente a don James Francisco Arias. Ojalá no lo alcance esta racha fatal antes de que pueda contar todo lo que sabe.

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