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Opinión

  • | 2015/01/10 22:00

    El bazar de los idiotas

    Jairo León, William Calderón Y Gustavo Álvarez Gardeazábal: expulsados de unos medios porque sus supervisores editoriales perdieron la confianza en ellos.

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Una cosa es la pauta y otra la información. Cuando esos intereses se mezclan pierde la sociedad y desaparece el periodismo. Un periódico puede aceptar anuncios de una entidad privada o pública o puede alquilarle sus rotativas para imprimir un boletín de difusión. Lo que no puede un medio serio es vender el contenido.

Por otro lado, ningún comentarista íntegro puede traficar con noticias o poner sus comentarios a la venta.

Los medios se financian con anuncios en los espacios claramente establecidos de comercialización, pero ni ellos, ni sus periodistas pueden ofrecer informaciones y opiniones al mejor postor.

Hoy hablaremos de tres comentaristas que fueron expulsados de unos medios porque sus supervisores editoriales perdieron la confianza en ellos.

El primero es Jairo León García quien fuera jefe de redacción del periódico El Mundo de Medellín y el hombre detrás de una columna de rumores políticos llamada ‘Juan Paz’.

La editora general de El Mundo, Irene Gaviria, decidió suprimir esa columna en 2013. A juicio de la responsable editorial del periódico, esa sección daba cabida a rumores sin confirmar y servía a agendas distintas a las periodísticas.

Cuando la editora tomó la decisión la llamaron de varios medios para conocer sus razones. En Blu Radio le preguntaron si existían reparos de carácter ético. Doña Irene dio una respuesta que no deja espacio para las dudas: “Cada vez los estándares se han puesto más altos y sí, cada vez nos sentíamos menos confiados en que se estaban cumpliendo los estándares”. (Ver video de la declaración)

Curiosamente, dos amigos de don Jairo León García se encargaron de crear y alimentar una leyenda sobre su salida del periódico. Gustavo Álvarez Gardeazábal, en La Luciérnaga, y William Calderón, que por aquellos días escribía una columna en El Nuevo Siglo, pusieron a rodar la bola de que a ‘Juan Paz’ lo habían sacado por petición del alto gobierno. (Ver columna)

Nunca pudieron probarlo, pero siguieron retomándose el uno al otro tratando de volver verdad esa versión.

Unos meses después conocí un contrato que demostraba que el señor William Calderón cobraba por contenidos que aparecían en su columna y —como si fuera poco— también en la de ‘Juan Paz’.

El contrato es el número 464 de la Registraduría Nacional del Estado Civil. Fue inicialmente firmado por un mes y por 85 millones de pesos y luego prorrogado con similar paga.

A cambio de esa suma, Calderón se comprometía ese mes, entre otras cosas, a “publicar al menos 20 alusiones tipo free press” en la Barca de Calderón que se publica de lunes a sábado en El Nuevo Siglo (Ver cláusula Barca). También a “publicar al menos 5 alusiones” en la columna de ‘Juan Paz’ del diario El Mundo de Medellín. (Ver cláusula Juan Paz)

Las directivas de El Nuevo Siglo no sabían que William Calderón cobraba por las alusiones. Cuando se enteraron, decidieron sacarlo del periódico. En El Mundo tampoco sabían que había pagos de por medio en las publicaciones de ‘Juan Paz’.

Hace unos días el nuevo director de La Luciérnaga, el periodista Gustavo Gómez, anunció que el señor Gustavo Álvarez Gardeazábal no seguirá haciendo parte del programa.

Gustavo Gómez explicó en dos claros trinos sus razones para prescindir de los servicios del señor Álvarez Gardeazábal.

El primero de ellos dice: “Consejo: si diriges un programa de radio y sospechas de la probidad de alguien, invítalo a dejar su puesto aunque el mundo se te venga encima". (Ver tweet)

Si a alguien le quedaban dudas sobre los motivos, Gustavo Gómez, que ha sido crítico del gobierno Santos y especialmente del proceso de paz, agregó: “Claro que uno puede trabajar con gente que no lo quiera a uno…siempre y cuando sean honestos y no se lucren con lo que dicen al aire”. (Ver tweet)

Pronto en las redes sociales —y con la muy activa participación de William Calderón y ‘Juan Paz’— empezaron a difundir que Gardeazábal realmente era una víctima de la libertad de expresión y que lo habían sacado por presión del gobierno. La misma leyenda que en su momento trataron de vender acerca de ‘Juan Paz’.
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