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Opinión

  • | 2014/04/12 00:00

    En el nombre del padre

    El Apretaíto llegó a la Cámara de manera muy holgada. Sin embargo, el nuevo parlamentario podría enfrentar en los próximos días un proceso que lo dejaría sin curul y estrenando la figura de la silla vacía en la próxima legislatura.

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A Carlos Alberto Cuero Valencia, representante a la Cámara recién elegido por el Valle del Cauca, lo conocen como el Apretaíto. Él mismo se ha promocionado con ese remoquete en sus campañas políticas. El Apretaíto ha hecho su carrera montado en los hombros de la ‘Corporación Señor de los Milagros’, una fundación creada por el sacerdote alemán Alfred Johaneses Welker para ayudar a los residentes del marginado distrito de Aguablanca en Cali.

El paso del tiempo le fue restando energía al sacerdote y su obra, poco a poco, fue tomada por el Apretaíto y sus amigos. Bajo su dirección la Corporación Señor de los Milagros se convirtió en una máquina de contratación estatal y en una plataforma política que les ha servido a varios.

El Apretaíto en una reciente entrevista al diario El País de Cali aseguró que la Urbanización Potrero Grande nació después de que él y el padre Welker le ayudaran al candidato Álvaro Uribe en su primera campaña a la Presidencia: “Uribe le prometió al padre que si llegaba a la Presidencia conseguiría 300 casas para la gente de esa invasión. En enero, después de ser elegido, llegó un tipo enviado por el presidente Uribe y le dijo ‘Padre dónde hacemos las casas’. Así nació Potrero Grande”. (Ver)

Al inaugurar la ampliación de Potrero Grande en 2007, la versión oficial fue diferente.

El entonces mandatario Álvaro Uribe, ya en su segundo periodo, le dio el crédito de la gestión a otras personas: “Quiero destacar el trabajo de la bancada vallecaucana, y decir aquí y repetirlo en todas partes, que mis amigos parlamentarios del Valle de Cauca en lugar de estar pidiendo puestos o auxilios parlamentarios como en la vieja política, han estado dedicados, primero bajo el liderazgo de Claudia Blum y ahora bajo el liderazgo de la presidenta del Congreso, Dilian Francisca Toro, a sacar adelante los grandes proyectos del Valle del Cauca como este proyecto de Potrero Grande”. (Ver)

(Por cierto, hay indicios claros de que el lote en el que está construido Potrero Grande perteneció a la organización del narcotraficante Juan Carlos Ramírez Abadía, alias Chupeta, pero esa es otra historia).

Varias veces intentó el Apretaíto llegar al Concejo municipal de Cali sin éxito, sin embargo el año pasado recibió una tentadora oferta de Daniel García Arizabaleta, el exdirector del Invías destituido e inhabilitado por 15 años por posesionarse con documentos falsos y cambiar manuales de funciones en su propio beneficio.

El inhabilitado García, como directivo del Centro Democrático, sorprendió a el Apretaíto con una propuesta: “A mí me llaman de Bogotá, el amigo García (Daniel) y me dice ‘Carlos, te vamos a hacer la propuesta para que hagas parte de la lista de la Cámara’. Y yo decía por dentro, no hemos llegado ni al Concejo, qué vamos a llegar a la Cámara”. (Ver)

Llegó y de manera muy holgada. Sin embargo, el nuevo parlamentario puede estar enfrentando en unos días un proceso que lo dejaría sin curul y estrenando la figura de la silla vacía en la próxima legislatura.

Carlos Alberto Cuero, el Apretaíto, como representante legal de la Corporación Educativa Señor de los Milagros gestionó con la Secretaría de Educación de Cali contratos por más de 1.600 millones de pesos para educar a estudiantes de bajos recursos en los barrios El Retiro y El Vergel. (Ver)

Lo grave es que la Contraloría de Cali encontró varias anomalías en la ejecución de esos contratos: niños beneficiarios que no están matriculados, inconsistencias en las matrículas porque estudiantes que cursaban un grado aparecen con calificaciones en otro y pago por niños que no tienen matrícula, ni registro de asistencia, ni calificaciones. (Ver)

El informe final de la Contraloría de Cali sobre los estudiantes fantasmas se deriva de una denuncia penal contra el Apretaíto interpuesta por la apoderada del sacerdote que fundó la Corporación Señor de los Milagros.

Ella presentó una carta firmada por el padre Welker en la que afirma sobre el Apretaíto y dos de sus amigos: “Así como van me sacan de mi propia casa, solo se preocupan del bienestar de sus familias (…) piensan que soy un tonto y no me doy cuenta de lo que está pasando al respecto, los ingresos que se obtienen de la cobertura y otras ayudas que entran en la obra”. (Ver)
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