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Opinión

  • | 2014/03/29 00:00

    La suerte de la rectora

    En 2011, unos paramilitares confesaron haber matado a Fernando Cepeda por encargo de Silvia Gette quien –de acuerdo con esa versión– les habría pagado 150 millones de pesos.

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Es una hazaña poca veces vista. Ella pasó de bailarina exótica en espectáculos para adultos a ser reconocida como autoridad académica y rectora de una universidad con casi medio siglo de existencia. Silvia Beatriz Gette Ponce podría ser la protagonista de una película sobre sueños hechos realidad si no fuera porque una seguidilla de crímenes parece acompañar los pasos de su progreso. 

Silvia Gette fue rescatada de su triste vida por Mario Ceballos Araujo. Él era un ex–magistrado y fundador de la Universidad Autónoma de Barranquilla, quien la fue llevando por los peldaños de la institución –pese a la controversia sobre las capacidades y la autenticidad de los títulos de la exbailarina– hasta convertirla en la segunda al mando del centro universitario. Por cierto, el notario que autenticó los dudosos diplomas de Silvia fue nombrado después secretario general de la Universidad.

La polémica no se quedó en el claustro sino que llegó a la propia familia Ceballos que se oponía al poder ilimitado de la antigua bailarina. Silvia, ya esposa del rector y directiva de la Universidad Autónoma, emprendió acciones judiciales contra la hija del rector María Paulina Ceballos y su esposo Fernando Cepeda.

En pleno proceso, uno de los abogados de Silvia, llamado John Jairo Ramírez Vásquez, confesó ante la Justicia que él había participado en el soborno –con dinero de la universidad– de investigadores judiciales para favorecer la versión de Silvia. Por esa, y otras razones, la Justicia absolvió a la hijastra de doña Silvia y a su esposo.

Un tiempo después, el abogado que se atrevió a denunciar el soborno apareció muerto a tiros en las calles de Barranquilla.

La hija del rector y su esposo, los mismos que se habían enfrentado con Silvia, denunciaron que inmediatamente después del crimen los llamaron para advertirles que ellos “serían los siguientes”.

La macabra amenaza se cumplió. Fernando Cepeda fue asesinado en las calles de la arenosa en 2003.

Ese mismo año murió el rector Mario Ceballos en circunstancias que siguen siendo objeto de discusión. Para algunos fue por causas naturales y otros sostienen que alguien le ayudó al destino a acelerar la sensible partida del académico enamorado. Como sea, Silvia heredó su puesto y se convirtió en rectora de la Autónoma.

Muchos jueces y fiscales de la ciudad eran profesores del alma máter y algunos llegaron a pensar que quizá por eso el proceso por el asesinato de Cepeda fue rápidamente archivado, sin solución, un año después del crimen.

La historia de estos crímenes sin resolver había entrado a formar parte de la nutrida leyenda urbana barranquillera junto con los abusos con dineros y propiedades de la Universidad. Sin embargo, siete años después, en 2011, unos paramilitares desmovilizados confesaron haber matado a Fernando Cepeda por encargo de Silvia Gette quien –de acuerdo con esa versión– les habría pagado 150 millones de pesos.

El proceso fue trasladado en 2012 a Bogotá porque nadie creía que en Barranquilla pudiera llegar a alguna parte y porque la Fiscalía sabía que había presiones para que los paramilitares se retractaran.

Un abogado cercano a Silvia Gette llamado Arcadio Martínez Pumarejo trató de sobornar con 250 millones de pesos al jefe paramilitar Edgar Ignacio Fierro, alias Don Antonio para que se retractara sobre la responsabilidad de la rectora y más bien culpara a su contraparte. La grabación del ofrecimiento está en poder de la Fiscalía.

Por esa razón, finalmente, hace un año fue capturada Silvia Gette.

Otro cabecilla paramilitar, alias el Canoso, cuenta también que le ofrecieron plata para favorecer a la rectora. La Fiscalía no le prestó atención al testimonio sobre este soborno, ni al hecho de que el Canoso hubiera cambiado después su versión sobre el asesinato de Cepeda para librar de toda culpa a la rectora.

Un proceso lleno de pruebas técnicas y testimonios parece estar escapándose por entre los dedos de la Fiscalía. Como si una poderosa fuerza amparara a la rectora.

Silvia Gette ha pedido nueve veces su libertad y la seguirá pidiendo, ya encontrará un juez que se la conceda.
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