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Opinión

  • | 2014/05/10 00:00

    La versión de Jota Jota

    En su defensa, Rendón dice que su estilo de vida no ha cambiado y que en cambio a Chica se le nota la plata nueva en propiedades, carros de lujo y obras de arte.

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La placa de plástico está llena de adhesivo. El lunes pasado fue arrancada de la entrada de su oficina en el Claustro de La Enseñanza, sede de la campaña reeleccionista. Debajo del muy colorido logo aparece el cargo y el nombre de quien brevemente ocupó el despacho: ‘Estratega general, J.J. Rendón’.

 –Te lo dejo de trofeo– dice Rendón mientras me entrega la placa. 

Así comenzó una conversación que tuvo lugar en su apartamento de Miami, el martes pasado, un día después de su renuncia. Estuvo todo el tiempo acompañado por su abogado, el penalista mexicano Eduardo Sahagún, quien nos esperó al periodista Gerardo Reyes y a mí en la recepción del lujoso Edificio Jade sobre la bahía de Brickell en Miami.

Al llegar al piso 46, el licenciado Sahagún –quien se comporta con la discreta cortesía de un mayordomo– nos invitó a quitarnos los zapatos antes de ingresar al apartamento decorado con armaduras y sables japoneses.

El propósito principal de Jota Jota es mostrarnos que es rico y que para la época de sus contactos con los emisarios de los narcotraficantes Comba, Diego Rastrojo, Cuchillo y el loco Barrera, ya tenía suficiente dinero para comprarse de contado un apartamento de 4 millones de dólares y sumarlo a este de 3 millones y medio en el que nos recibe.

De acuerdo con los balances de su cuenta bancaria personal, en enero de 2010 –año y medio antes de la compra– tenía depositados 3 millones y medio de dólares. En enero de 2011 el saldo había llegado a 4 millones y medio de dólares.

Rendón insiste en que esto prueba que la compra del apartamento no está relacionada con pagos de los capos, cuya existencia ha negado desde la semana pasada cuando lo llamé para preguntarle por el testimonio de un narcotraficante preso en Estados Unidos.

Javier Antonio Calle Serna, alias Comba, declaró ante una fiscal colombiana que él y otros capos intentaron, sin éxito, negociar su entrega con el gobierno de Juan Manuel Santos: “J.J. Rendón era quien nos iba a ventilar y hacer la fórmula para que la propuesta diera resultado. A J.J. Rendón se le dieron 12 millones de dólares para hacer ese proyecto”.

Rendón asegura que no cobró un centavo y que se olvidó del tema el día que Ignacio Londoño Zabala y el exmilitar José Ignacio Mira Peña, emisarios de los narcos con los que habló, le hicieron llegar una propuesta a la Fiscalía con la firma de ellos y de otro polémico abogado llamado Ricardo Villarraga Franco. (Carta)

Esa carta está fechada el 5 de julio de 2011. (Fecha de radicado) Diez días después, el 15 de julio, una sociedad de Rendón compró el penthouse 4707 por 4 millones de dólares. (Ver título) Esa circunstancia parece coincidir con lo afirmado por el exconsejero presidencial Germán Chica, quien sostiene que fue a Miami para llevarle a Rendón una razón de los emisarios de los narcos, molestos porque no habían visto los resultados del supuesto pago, y encontró que J.J. había comprado el penthouse.

En su defensa, Rendón dice que su estilo de vida no ha cambiado y que en cambio a Chica se le nota la plata nueva en propiedades, carros de lujo y obras de arte.

También sostiene que el señalamiento es parte de la campaña de desprestigio a la que ha sido sometido por el gobierno venezolano.

Cuando le pregunté por qué decidió comprar el apartamento con una sociedad que permitía ocultar la identidad de sus verdaderos dueños y constituida en Delaware, paraíso fiscal dentro de Estados Unidos, explicó que el anterior propietario del apartamento no quería vendérselo porque habían tenido problemas en el pasado.

Por eso, decidió usar un método de compra bastante heterodoxo. Según el propio Rendón, a través de prestanombres presentó tres ofertas ficticias para llevar el precio a donde quería y terminó comprándolo con una sociedad representada por su empleada doméstica.

Asegura que después del día del cierre, como se llama en Estados Unidos a la firma del traspaso de los títulos de una propiedad, se apareció y le dijo al vendedor en su cara:

–Te dije que te iba a comprar el apartamento.

Cuando le preguntamos cuál fue la razón para que un hombre que cobra tanto por sus asesorías trabajara gratis para gestionar la propuesta de un grupo de narcotraficantes, argumentó que la mitad de su trabajo es ‘nonprofit’, lo hace gratis por causas que considera justas: la supervivencia de las ballenas, el derecho a la protesta en Venezuela, etcétera.

–Eso es muy altruista – le repregunté– ¿pero qué tiene que ver con el interés de un grupo de poderosos narcotraficantes?

–Sorry, sorry –responde, llevándose la mano derecha al pecho– en mi corazón yo pensé que estaba haciendo lo correcto. Si esto me está implicando en algo peor de lo que ya estoy, no me importa.
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