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Opinión

  • | 2015/07/11 22:00

    Las manitas del procurador

    La investigación de la Procuraduría contra Holger Díaz llegó a una sala conformada por dos funcionarios de bolsillo de Ordóñez.

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El procurador Alejandro Ordóñez tiene dos funcionarios de bolsillo para que conviertan en fallos disciplinarios sus decisiones políticas. Los casos en los que el señor procurador tiene interés especial terminan llegando mágicamente a los escritorios de la doctora María Eugenia Carreño y/o del doctor Juan Carlos Novoa.

Los dos tienen en común que son santandereanos como Ordóñez, que fueron alumnos del procurador en la Universidad Santo Tomás de Bucaramanga, que fueron subalternos suyos en el Consejo de Estado y que comparten con él su fe lefebvrista de misa en latín y oficiante de espaldas. De hecho, lo acompañan puntualmente a esas ceremonias.

Ellos dos se han vuelto las manos del procurador. Unas manos que a veces estrangulan y a veces acarician, dependiendo de lo que le convenga al jefe.

La doctora María Eugenia, por ejemplo, se despachó al alcalde de Medellín Alonso Salazar. La razón real fue el apoyo de Salazar a la Clínica de la Mujer, una institución que el procurador en su estrechez mental consideraba un centro de abortos. A Salazar terminaron procesándolo –increíblemente– por denunciar casos de corrupción. Le fabricaron un infundado cargo por participación en política, lo destituyeron e inhabilitaron por 12 años. Al final el Consejo de Estado desestimó el proceso y revocó la sanción.

El doctor Juan Carlos Novoa, por su parte, fue el encargado de oficiar como verdugo del alcalde de Bogotá Gustavo Petro. Soy de los que piensan que la administración de Petro ha sido pésima pero –mientras no incumpla el Código Disciplinario– su falta de competencia debe manifestarse en una sanción política de los ciudadanos y no en una del Ministerio Público.

La Procuraduría, con el timón de Ordóñez y el remo de Novoa, encontró la manera de acabar al eventual adversario del procurador. Estiraron mucho el Código para armarle tres cargos que –unidos a un procedimiento discutible– resultaron tan débiles que Petro terminó volviendo a la Alcaldía y además victimizándose.

La dupleta Carreño-Novoa ha tenido fracasos, pero también éxitos resonantes. El último de los cuales tuvo lugar hace apenas unas semanas. Esta vez no fue para perseguir a un contendor sino para amparar a un aliado.

A la vista de todos está el caso del antiguo representante a la Cámara y hoy candidato a la Gobernación de Santander Holger Díaz. Holger ha sido militante del PIN, un cuestionado partido que apoyó la reelección del procurador Ordóñez.

Mientras era congresista, y ponente de la ley de salud, Holger Díaz le daba información del trámite legislativo al presidente de Saludcoop al tiempo que le pedía que consignara dinero a una empresa que solo mencionaba a través de un Número de Identificación Tributaria. (Ver correo)

El NIT pertenece a una compañía llamada Salud con Calidad Ltda. fundada por el propio Holger, su esposa Gloria Quiroz y su suegro Franklin Quiroz. (Ver escritura de constitución)

La investigación en la Procuraduría llegó a una sala disciplinaria conformada por dos procuradores. ¡Oh sorpresa!: María Eugenia Carreño y Juan Carlos Buendía. (Ver firmas de la Procuraduría)

Los dos, tan severos en otros casos, adelantaron una –curiosamente incompleta– investigación que se conformó con concluir que Holger había vendido su participación dos días antes de convertirse en representante a la Cámara. “Al revisarse la situación juridico-societaria de Salud con Calidad Ltda. se pudo concluir que ni el procesado, ni su esposa, ni ninguno de sus familiares, eran socios o representantes de dicha persona jurídica al momento de su actividad parlamentaria”. (Ver fallo)

Lo que no vieron cuatro ojos es que la empresa desde el comienzo ha pasado de mano en mano dentro de la misma familia.

Holger y su esposa le vendieron a su cuñado Juan Manuel Quiroz en 2004, quien quedó de socio de su padre Franklin Quiroz. (Ver escritura del 2004)

En 2007, Holger volvió a ser socio cuando le compró a Franklin, su suegro, la participación. (Ver escritura del 2007)

En marzo de 2010, dos días antes de las elecciones, protocolizan la salida de Holger quien –por lo menos en papeles– le vuelve a vender a su suegro Franklin. (Ver escritura del 2010)

Pocos meses después y en pleno trámite de la reforma a la salud, en agosto de 2010, Franklin Quiroz, el suegro de Holger, le vende sus acciones a Margareth Liliana Castro. El cuñado del congresista, Juan Manuel Quiroz, le vende las suyas a Mercedes Martínez Lizarazo. (Ver escritura de la venta)

Lo que no averiguaron los agudos investigadores de Ordóñez es que Margareth era la esposa de Juan Manuel Quiroz, el cuñado de Holger y hermano de su esposa Gloria Quiroz, la gerente de Saludcoop en Santander. (Ver declaración de Juan Manuel Quiroz)

Todo quedó en familia, como en la Procuraduría.
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