Viernes, 2 de diciembre de 2016

| 2016/05/20 09:54

El derecho a no ser ofendido no existe

En Colombia también se ha limitado la libertad de expresión por medio de la legislación progresista.

Daniel Raisbeck.

La revista británica The Spectator anunció ayer (jueves) que Boris Johnson, alcalde de Londres desde 2008 hasta hace unas semanas, es el ganador de su concurso de poesía ofensiva acerca de Recep Erdogan, presidente de Turquía.

Me he atrevido a traducir liberalmente el texto de Johnson, una quintilla jocosa, de la siguiente manera:

En Ankara había una vez un pisco,
Un gilipollas viviendo del fisco.

Él usó más que palabras
Al seducir a una cabra,
Sin dar gracias por salir sin mordisco.

Douglas Murray, uno de los editores de The Spectator, convocó el concurso tras la decisión de Angela Merkel, canciller de Alemania, de permitir un juicio criminal contra el comediante Jan Böhmermann por haber recitado un poema jocoso acerca de Erdogan en televisión.

En sus versos, Böhmermann sugiere, entre otras cosas, que el presidente turco copula con cabras y ovejas tras reprimir a las minorías como los kurdos y los cristianos. La segunda acusación, por cierto, se basa en una amplísima cantidad de evidencia.

Como reacción, el gobierno turco le exigió a su contraparte alemán que sometiera a Böhmermann a un juicio criminal. Según el párrafo 103 del código penal de Alemania, es ilegal insultar a cualquier cabeza de Estado de otro país. El juicio solo se puede iniciar, sin embargo, si un gobierno extranjero exige una sentencia y el gobierno alemán aprueba la demanda.

Posiblemente, Merkel cedió ante un chantaje, pues Erdogan ha amenazado a los jefes de Estado europeos con abrir la frontera de Turquía con Siria, permitiendo el ingreso eventual de millones de refugiados a Europa. Y Erdogan ha lanzado tales bravatas mientras negocia con la Comisión Europea la eliminación de cualquier visa dentro de la zona Schengen para los ciudadanos turcos.

Merkel se ha defendido de las críticas diciendo que el tribunal alemán correspondiente tomará la decisión “correcta” acerca del caso Böhmermann. Pero Murray y los editores del Spectator contestaron al lanzar su concurso -correctamente, en mi opinión- que “la mera posibilidad de juzgar a alguien penalmente por ser grosero frente a Erdogan es de lo más anti-liberal posible, un hecho que demuestra “que Alemania se está volviendo una mera satrapía”.       

Por absurda que parezca la ley alemana que le permite a un déspota con ínfulas de Solimán enjuiciar a un comediante europeo por sus burlas, en Colombia también se ha limitado la libertad de expresión por medio de la legislación progresista.

De hecho, la bien intencionada ley anti-discriminación del 2011, la cual castiga con cárcel a cualquier individuo que le haga “daño moral” a una persona, comunidad o pueblo “por razón de su raza, etnia, religión, nacionalidad, ideología política o filosófica, sexo u orientación sexual”, se presta para todo tipo de acciones penales como venganza por simples insultos.

Es evidente que, aún en el siglo XXI, nuestros mismos legisladores son incapaces de entender que el precio individual de la libertad de expresión es aceptar estar expuesto a puntos de vista que uno considera ofensivos.

El derecho a no ser ofendido sencillamente no existe.

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