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Opinión

  • | 2014/06/28 00:00

    Carta caníbal a Luis Suárez

    Comprendo que su actitud haya impresionado a algunos miembros del comité de la FIFA, especialmente a los vegetarianos.

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Estimado Luis,

En el momento de escribirle esta carta desconozco el marcador del partido entre Uruguay y Colombia, pero no importa, qué más da: no quiero hablar de fútbol, a pesar de que me esté dirigiendo a un delantero verdaderamente incisivo, como lo es usted. En todos los sentidos. Suceda lo que suceda, este mundial ya fue histórico para mi país y jamás olvidaremos a esa persona discreta y de pocas palabras que nos condujo a esta inolvidable cumbre futbolística: la moza del Bolillo Gómez. 

No quiero hablar de fútbol, digo, sino ofrecerle mi ayuda mientras digiere al mismo tiempo la sanción que le impusieron por morder el hombro de un rival. Y el hombro del rival. Y por eso me permito lanzarle la invitación de que se venga a vivir a Colombia, donde consideramos que usted es un futbolista peligroso únicamente de dientes para afuera.

Cuente con mi solidaridad, don Luis. Su martirio es aún peor que el de su víctima: usted estuvo en boca de todo el mundo, mientras el defensa al que mordió apenas lo estuvo en la suya. Ya ve la hipocresía general:  la humanidad se queja ahora por un italiano al dente. Y ya ve la injusticia: a los miembros de la selección de rugby de su país que se accidentaron en los Andes y sobrevivieron comiéndose unos a otros, la prensa los exaltó. Hasta les filmaron una película de cine. A usted, en cambio, lo discriminan por un hecho que, a lo sumo, solo demuestra su apetito de gol.

Comprendo que su actitud haya impresionado a algunos miembros del comité de la Fifa, especialmente a los vegetarianos, pero, por mi parte, reconozco que, antes que impresionarme, celebré su arrojo: esa forma de limpiarse con la manga los colmillos chorreantes de sangre y salir a buscar un balón aéreo; esa manera de no dejarse amilanar ante los silbidos y comerse la cancha. Y el cuello de un rival. Y un gol (que no lo fue porque le pegó mordida a la pelota, si me autoriza la expresión).
 
Pero no es momento de lamentos, goleador, y  esa es la invitación: véngase para acá y permita que lo nacionalicemos. Un hombre como usted tiene futuro promisorio en Colombia, especialmente en la actividad política. 

Porque acá los políticos adoran el balompié al punto de que todo lo hacen con las patas. Hace unos días, por ejemplo, los ministros del despacho asistieron a un consejo ministerial vestidos con la camiseta de la selección, salvo el ministro Cárdenas, que lo hizo ataviado con un amplio chal tricolor. El único que falló en la indumentaria fue el ministro Lizarralde, que se fue de civil. Es decir, vestido de ministro. Así de descoordinado es. Se nota que no sabe nada del campo, ni siquiera el de juego. El hecho es que el gabinete en pleno reconoció la grandeza del presidente que, pudiendo haber ido en persona al partido contra Japón, prefirió observarlo desde Palacio para que el planeta entero no supusiera, tras cada toma, que él era el primer mandatario japonés. 

El hecho, amigo Luis, es que lejos de ser estigmatizado por el juego sucio, usted acá tendría una exitosa carrera política. Podría aspirar a la Alcaldía de Bogotá, por ejemplo. En la capital, no solo no se castigan las mordidas, como lo demostraron los hermanos Moreno, sino que saberlas dar es requisito para ocupar el primer cargo. Empaque, pues, maletas. Y ayúdenos a atajar a Pachito Santos.

Además, dada su facilidad para jugar por el flanco derecho, también podría hacer carrera en el Centro Democrático, célebre partido político cuyos miembros, ante el fracaso electoral, están montando un equipo de fútbol llamado Los 11 apóstoles. Santiago Uribe será el armador. De nuevo. Y aún no saben en qué posición poner a Pachito, temerosos de que quien lo marque siempre pueda alegar que fue a la pelota, no al hombre. 

Como sea, en el Centro Democrático sabrán valorar su ímpetu de lucha, su espíritu guerrero. Ellos tampoco creen en moralidades baratas, como su DT, y estoy seguro de que en ese hábitat usted podrá florecer, brillar de nuevo, quizás enamorarse –por qué no- de María del Pilar Hurtado, otra roedora encantadora que está por regresar al país.

Pero, por encima de todo, allá aprenderá a defenderse mejor en las instancias judiciales en caso de que se repitan sus prácticas antropofágicas. Porque si su episodio hubiera sucedido bajo la instrucción uribista, usted primero habría reconocido que mordió a su rival, pero apenas por tres minutos; después diría que, influido por la política del amor, en realidad buscaba hacerle un hiki; luego alegaría que el video es un vil montaje, y, por último, irrumpiría en la escena Álvaro Uribe, absorbería toda la atención, acusaría al defensa Chiellini de recibir 2 millones de dólares de la mafia italiana y presentaría su alegato de defensa no ante la Fifa, sino ante el procurador Ordóñez. Y al final no pasaría nada, don Luis, porque acá medio país traga entero. Y en eso nos parecemos a usted.

Le dejo la inquietud. Venga, pasee, repárchese el incisivo con Marlon Becerra. Debata con César Gaviria sobre asuntos dentales. Salga a comer con Julio Nava. Y descubra la magia de este país maravillosamente gobernado por el primer ministro japonés. 
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