Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

Opinión

  • | 2014/05/16 00:00

    Exclusivo: La carta de amor de Uribe a Clara López

    Quiero ser presidente por muchas décadas. Y si no se puede, dejar marionetica que escojamos entre juntos.

COMPARTIR

La Unidad Investigativa de esta columna obtuvo, a través de uno de sus hackers –porque ahora tiene hackers–, la epístola con que Álvaro Uribe cortejaba a la candidata del Polo Democrático, Clara López, cuando ambos eran un par de muchachos díscolos y fogosos. Una carta de amor en medio de tanto odio.

Hola doctora Clara:

Te pido disculpas si ayer me puse fogoso y se me iba yendo la mano negra, pero es que pienso en ti y me pongo todo arrozudo. Doctora Clara: te amo. Me gustas toda tú. Tus labios rojos como el color del partido al que pertenezco. Tu cutis terso, tus ojos verdes. Tu bozo. Hasta tu constitución, la cual quiero modificar para quedarme contigo al menos 12 años.

Doctora: hoy tuve clase de Derechos Humanos con el profesor Carlos Gaviria y no le puse nada de cuidado por pensar en ti. Él hablaba de respeto humanitario, y ni sé lo que dijo. Yo solo pintaba y pintaba tu nombre y el mío entre corazones en el cuaderno, Álvaro y Clara. Porque mi nombre es Álvaro, doctora, y no te ofendas, pero no me gusta que me digas compañero. Tampoco que a nuestros encuentros vayas con esos muchachos mechudos que sacan una guitarra y cantan sentados frente a la chimenea. Esos son es castristas. Un día van a hacer que se me salte ‘el bloque’.

Doctora Clara: yo te amo, pero te siento fría. Nunca llevas puesto el anillito que te regalé, que hoy es de hojalata, pero mañana será de seguridad. Y cuando me tomé el tinto sobre la alazana para que tú admiraras, no me dijistes fue nada. ¿Por qué, doctora Clara? Tampoco quisistes ir conmigo a la feria equina del sábado que porque tenías un mitin en la Juco. No sé que es la Juco ni qué es un mitin. Y sé que te he invitado a cinco ferias equinas en este mes, pero es que la próxima es en el restaurante de los hermanos Ochoa, unos amigos que te quiero presentar porque son muy charros y nunca me cobran. Y tú nada de nada: te acoso con espuela y en vez de lanzarte por el precipicio te echas y analizas. ¿Es que acaso te estás viendo de nuevo con ese muchacho Romero, a quien qué días un amigo detective vio caminando por allá por tu barrio, por Bosque Izquierdo, según me pasó informe? Ese muchacho Romero no estaría recogiendo café, doctora Clara. ¿Qué hacía en tu balcón? ¿Y por qué con un megáfono? ¿Es sindicalista? ¿Por qué gritaba, si no, que él estaba “presente, presente, presente” mientras te daba una serenata? La próxima vez, le doy en la cara.

Doctora Clara: no aplacemos más el gustico. (El gustico de ser novios, quiero decir, no me malinterpretes). Corramos por el pastizal tomados de la mano. Bañémonos en el río. Quiero que te recuestes en mis rodillas, acariciarte el pelo con los dedos y entonar todos los discursos de Gaitán que me sé de memoria mientras suspiras (como la vez pasada, cuando te pregunté si estabas era roncando). Quiero recitarte El Brindis del bohemio. Luego despertarte y llevarte a pasear en la tricimoto de Fabio, el amigo que te presenté (aquel al que le dijistes que no se molestara las espinillas porque le podían quedar las marcas) o darte vueltecita en la avioneta de mi papá, por allá por Tranquilandia.

Doctora: te amo. Tengamos una familia. Y una tradición. Y una propiedad. Quiero tener contigo dos varoncitos bien emprendedores. Y una nena a la que podríamos llamar Obdulia, en honor a ese amigo que te presenté, el cual, doctora Clara, podría ser el Padrino. En todos los sentidos.

Doctora: quiero hacerte mía. (En un sentido espiritual, quiero decir, no te ofendas de nuevo). Llegaré muy lejos y quiero hacerlo contigo. (Lo de llegar lejos, doctora Clara, se sobreentiende). Cuando te dije que me hicieras otra pregunta, amiga, no fue por evadir tus dudas de que meto muchachas por el sótano del edificio. No. Mi amor por ti es franco como zonita de occidente. Más vale dame la pruebita. (la pruebita de que meto muchachas, ¿o es que te gusta acusar sin pruebas? ¡Entonces somos compatibles!). Yo solo pido tu corazón, doctora. Dámelo, te lo ruego. (Hablo de tu corazón, de nada más).

Quiero ser presidente de esta hermosa patria por muchas décadas y que tú seas mi primera dama. Y si no se puede, dejar marionetica que escojamos entre juntos.

Doctora: mi culebrita está viva. (Hablo de la del amor: no te ofendas de nuevo). Te dejo detallito en portería. Ya está vacunado. (En el sentido veterinario del término, no es que debas pagarle nada a mi amigo, el teniente Rito Alejo.) Es mi mejor ternerito. No tiene nombre para que entre los dos se lo coloquemos. Se acaba espacio hoja. Espero ya no estés bajo gbno de la ira. Seré Pdte de tu corazón. Saludos tío López. Romero canalla. Dejo acróstico.


ACRÓSTICO

Como decirte, Clara, que me muero
Lánguido en esta noche de estar solo:
Ámame como luego será al Polo;
Rompe con el señor Carlos Romero.
Inclínome ante ti como un curita;
Te amo cual José Obdulio a alias el Oso;
Así suelo ser yo: loco y fogoso

Loco y fogoso y puro, mi Clarita.
Oh la ninfita bella de mis cuitas,
Pareces campesina y yo el Incora:
En este cielo gris, sin tus carnitas,
Zumban mis tres huevitos en la aurora.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1842

PORTADA

La voltereta de la Corte con el proceso de Andrade

Los tres delitos por los cuales la Corte Suprema procesaba al senador se esfumaron con la llegada del abogado Gustavo Moreno, hoy ‘ad portas’ de ser extraditado. SEMANA revela la historia secreta de ese reversazo.