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Opinión

  • | 2017/05/20 20:30

    Lo que no se vio en la cumbre Santos-Trump

    ¿Quién puso reunión hoy con el presidente de Columbia, en esta crisis? ¡No me interesan los países africanos! –imprecaba.

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Lo primero que llamó la atención a la comitiva colombiana fue el burro que pastaba en el jardín de la Casa Blanca: el mismo que el senador Silvio Carrasquilla le había regalado al presidente Obama alguna vez, al que la delegación colombiana tuvo que eludir para ingresar por la puerta trasera, donde la esperaba el jefe de protocolo del gobierno americano.

En el corredor se toparon con Melania Trump, quien trapeaba el piso con abnegación y sin levantar la vista, y ubicaron la sala oval rápidamente porque de allí provenían los gritos de Trump, quien, en medio de la afanosa correría de sus asesores, refunfuñaba con rabia:

–¿Quién puso reunión hoy con el presidente de Columbia, en esta crisis? ¡No me interesan los países africanos! –imprecaba.
–¡Ejem! –lo interrumpió el jefe de protocolo–: presidente, con usted la delegación colombiana…
–¿Son blancos? –se sorprendió Trump.
El presidente, entonces, se recostó en la poltrona.
–Estoy harto de este día–, dijo.

Y hundió el dedo pulgar en el botón rojo del escritorio.

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El ministro Villegas se abalanzó a sus pies para implorarle, entre sollozos, que no soltara la madre de todas las bombas en ninguna parte del mundo.

–¡Oh! –exclamó el mandatario–: es solo un botón para pedir Coca-Cola.

Villegas, entonces, se postró de nuevo a las rodillas del mandatario, esta vez para implorarle que fueran dos: two Cokes.
–Y si se enredan un par de donuts –agregó– todavía mejor (en realidad dijo “even butter”, pero por el contexto se desprendía la verdadera expresión).

La canciller Holguín tomó la palabra:
–Presidente Trump, nos da gusto saludarlo.
–¿Cómo está Columbia? –respondió él.
–Es con O, no con U.
–¿Columbio?

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v intentó romper el hielo.
–Me cuentan que hace poco se reunieron con usted dos expresidentes de mi país…
–No los recuerdo…
–En realidad fue en Mar-a-Lago –insistió Santos.
–No lo sé…
–Uno que utilizaba Crocs…
–Oh, sí: el de los Crocs –dijo Trump–; ese parecía el jefe; el otro tenía bigotes y se puso a discutir con el burro que dejó Obama…
–Ese es mi gran ri-rival popo-lítico, presidente Trump…
–¿El burro?
–No, me refiero al de los Crocs… No al de los bigotes…
–Bueno: él me animó a expulsar al director del FBI: dijo que le diera en la cara, you fagott….
–¿Y le dijo que yo era castrochavista o algo por el estilo?
–Era difícil entenderle: solo me pidieron un autógrafo, pero amenacé con deportarlos.

Sin preámbulos, Trump tomó el celular y escribió de manera frenética varios trinos.
–¡Malditos rusos! –exclamó.
–De eso queríamos hablarle –aprovechó Santos–: de la mano de obra colombiana. Nuestros rusos son muy buenos…
Trump lo miró a los ojos y se paró frente a él.
–¿Quiere hablar de cooperación, Mr. Santos? –le preguntó desafiante–: hablemos entonces de lo que tienen en la cabeza…
–¿De mi vivi?
–¿Ah?
–¿De mi vivi-sión, del proceso de papaz?
–No, señor Santos: hablo del pelo.
–¿El de la canciller? –preguntó Santos mientras señalaba a María Ángela Holguín: en realidad dijo ¿her hair?, lo cual parecía otro titubeo, pero por el contexto se desprendió el sentido de la frase.

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Trump acercó su cara a la cara de Santos, intimidante:
–Hablo de su pelo –le dijo, mientras subrayaba el posesivo.
–No entiendo, doctor Trump.
–Es el tipo de peinado que he buscado toda mi vida –reconoció–: ¿cómo lo fija? ¿Es laca?
–Bueno, presidente, me honra: en realidad es una mezcla de laca y blower…
–¿Laca y blower, ¡eh!? –dijo, incrédulo, Trump mientras se tomaba la barbilla con la mano.
–Otro buen consejo es dormir con mallita –aseveró Santos.

El embajador Pinzón carraspeó tímidamente para intervenir.
–Intente con gomina, como yo –(en realidad dijo “Lettuce”, pero se desprende el sentido por el contexto).
Trump caminó con las manos atrás, dubitativo.
–Mallita –dijo para sí–; laca… blower…
–Presidente –procuró retomar la conversación Santos–: ¿hablamos del proceso de paz?
–O de la mano de obra colombiana –insistió la canciller–: queremos ofrecerle al operario del deprimido de la 94 (en realidad dijo “depressed of the ninetyfour”) que es muy bueno…
Trump se paró de nuevo frente a Santos.
–¿Alguna marca especial para la laca? –indagó.

El embajador Pinzón se permitió una pequeña risa.
–¿El presidente está tomando del pelo? –aventuró, entre divertido y nervioso. (En realidad dijo “drink the hair”, pero se desprende por el contexto).
Trump lo fulminó con la mirada.
–Tío Nacho –dijo Santos. (En realidad dijo “uncle Nach”). Tío Nacho con henna caoba.

Súbitamente, Trump tomó su celular para redactar algunos trinos.
–Creo que hemos terminado –dijo, sin levantar la vista.
–¿Y no hablamos de la coca? –indagó el ministro Villegas.
–Sí: la guerra a las drogas es importante para nosotros…
–Me refiero a la que me ofreció: la del botón rojo.

En ese momento entró Melania con Coca-Colas, donuts y mantequilla, y Villegas se abalanzó sobre el plato. Trump pidió pasar a la rueda de prensa.
–Gracias por la cordial y franca conversación sobre los desafíos y perspectivas de la región. Capilar. –le dijo Santos en el pasillo.
–Mallita, ¿eh?
–Más claro no canta un gallo –sonrió Santos (en realidad dijo “chicken”, pero se desprende por el contexto)

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