OPINIÓN

Daniel Samper Ospina

¡Compren almendras, ministro!

Sí: ya casi firmamos la paz, esto se va a llenar de invitados internacionales, y que no se nos note la escasez, ministro: da pena con el papa, Tony Blair y las demás personalidades que vendrán…
13 de febrero de 2016 a las 12:00 a. m.

Causó indignación la información publicada por la F.m. según la cual la Casa de Nariño gastó más de 15 millones en la compra de 400 cajas de almendras para ofrecer a los invitados de Palacio. Para matizar los hechos, esta columna reconstruye el consejo de ministros en que se analizó tan importante compra.

– …Y después hablamos del asunto de los niños de La Guajira… ¿Alguien tiene comentarios?

– Sí, presidente…

– Dígame, ministro Luis Carlos.

– Se acabaron las almendras…

– ¿Pero no acabamos de comprar unas 400 cajas, ministro Cárdenas?

– Sí, señor presidente.

– A ver: ¿cuánto gastamos en almendras este mes?

– Nada, señor presidente: como unos 15 millones…

– ¡15 millones! ¿Pero cómo pudieron costar tanto, Mauricio, por favor!

– Presidente: cuando estaba Angelino nos gastábamos el doble de ese valor en cábanos…

– Sí, pero 15 millones es mucho dinero: ¡es lo que apuesto en una mano de póker!

– Sí, señor presidente, pero en el presupuesto nacional, 15 millones son peanuts…

– Peanuts no, almonds… No hard feelings, pero así se dice…

– Presidente, permítame: como ministro de Agricultura, debo decir que ese sobrecosto quizás se deba a que las almendras fueron compradas en Carulla, y allá están abusando de los precios…

– A ver, a ver, ca- calmémonos todos: 15 millones en almendras está bien, si son las que vienen recubiertas de dulcecito… ¿pero cuánto duraron?

– Un día, señor presidente.

– ¡Un día! ¿Y al menos estaban ricas? ¿Eran Jordan?

– Pues pregúntele al ministro de Defensa, señor presidente, porque los demás ni las probamos…

– Qué pena, señor presidente…

– ¿Se las comió todas usted, Luis Carlos?

– Sí, señor presidente. Perdón.

– Pe-pero ¿se volvió loco?

– Es la ansiedad…

– ¿Y no dizque este año iba a cuidar la figura, como prometió en el Conpes pasado?

– Pues sí, presidente: de hecho estoy tomando el té reductor Reduce Fat fast, pero…

– Señor presidente, permítame la pregunta: ¿compramos más almendras?

– Definitivamente, Mauricio: compremos más, y quiero que compremos también mentas y pistachos.

– ¿De verdad?

– Sí: ya casi firmamos la paz, esto se va a llenar de invitados internacionales, y que no se nos note la escasez, ministro: da pena con el papa, Tony Blair y las demás personalidades que vendrán…

– Y compremos unos M&M, presidente.

– Buena idea, Ginita: también unos M&M, Mauricio, anote…

– Listo, señor presidente.

– Una pregunta: ¿a cuánto nos está saliendo la almendra?

– Como a 4.000 pesos, presidente…

– Regaladas, menos de un dólar: Mauricio, compremos de una vez para el avión de Tutina, para que la azafata tenga qué ofrecer.

– ¿Para Catering?

– Sí, para Katherine o como se llame la azafata… Y compremos también 40 millones de maní con uvas pasas…

– Pero, señor presidente, con todo respeto: 40 millones ya es una pasta…

– Uy, qué rico pastas: ¡me antoje!

– Tómese su té, más bien, Luis Carlos… ¿Qué decía, Mauricio?

– Le decía, presidente, que si no medimos el gasto, tendremos que hacer una reforma tributaria…

– Pues haga lo que tenga que hacer, Mauricio, pero después del plebiscito. Y no me lleve la contraria… A ver: ¿qué otros temas tenemos?

– Señor presidente: el caso Reficar…

– No hablemos de eso: hablemos de temas más importantes… El proceso de paz, por ejemplo: ¿alguien tiene sugerencias de dónde debo poner el medallón del Nobel de Paz?

– Uy, qué rico un medallón, señor presidente, con salsa…

– ¡Silencio, Luis Carlos! … A ver: oigo ideas…

– Puede ponerlo en la mesa de noche, presidente…

– Gracias, Luchito, tú y la noche, pero tiene que ser en un sitio que se vea más.

– ¿Y si lo pone en su Country House, presidente?

– No, Ginita: me tocaría llevar a media humanidad a Anapoima para que lo vean, y me da jartera…

– Presidente: ¿y si lo pone en un museo que se haga sobre su obra? ¡Yo doy la licencia ambiental por si lo quieren construir en un páramo!

– Eso me gusta, Gabriel: genial aporte… hagamos un megamuseo: mi megamuseo. Métanlo en el presupuesto de las 4G.

– Hecho, presidente.

– Bueno: ¿qué otros temas debemos evacuar? ¿Cómo va el plan de austeridad inteligente, por ejemplo?

– Pues, bien, presidente: de hecho hay quienes dicen que es lo más inteligente que tenemos…

– E-esos deben ser los enemigos de la paz: ¿pe- pero sí estamos ahorrando?

– Sí, presidente. Hay que hacer algunos ajustes porque los dos aviones con 250 invitados a Washington nos iban descuadrando…Y los 600 millones en cortinas, y los billones en publicidad, y en páginas web, y en el avión de la primera dama, y en…

– Bueno, bueno, ya: no me dé detalles. Ahorremos, que es lo importante. Y ahora levantemos la sesión…

– Presidente, pero no terminamos de hablar de la crisis alimentaria de La Guajira.

– ¿Cómo así, María Lorena? ¿Allá también se acabaron las almendras?

– Peor, presidente: hay desnutrición en los niños de La Guajira...

– Lo hablamos en el próximo consejo: no tengo tiempo para más chicharrones…

– ¡Uy, rico unos chicharrones!

– Acábese el té, más bien, Luis Carlos. Se levanta el consejo.