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Opinión

  • | 2017/01/07 00:00

    Un coscorrón para Vargas Lleras

    Quería hacer una columna de predicciones para el próximo año, pero sucedió que, cuando me disponía a escribirla, observé el famoso video en el que el Vicepresidente le da un coscorrón a un miembro de su escolta, de apellido Ahumada: es lo que llaman un batacazo, una nueva manera de hacer política: el ñoco como arma.

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En días posteriores, miré también el acto en el que ofreció una suerte de disculpas que parecían otro regaño: en las imágenes, el vicepresidente pedía a su escolta que subiera a una tarima:

–¿Ahumada, dónde anda? Ah, venga, Ahumada…

Y, micrófono en mano, le ofrecía 20 segundos de excusas y 40 de reclamos por, según él, no respetar a la ciudadanía: como diciendo que había que acudir a las buenas maneras para serenar al gentío enardecido de gratitud que quería tocar a su líder inmobiliario.

Posteriormente, circuló otro video, este más antiguo, en el que, durante unas declaraciones del vicepresidente, Ahumada procura contener a los periodistas, y su jefe súbitamente le da una orden cariñosa, semejante a las de las películas de Nacho Vidal: le grita “¡Pero córrete, hombre!”, mientras consigue desplazarlo de su sitio con un certero golpe de cadera. Cabe preguntarse ahora si nos espera un año en el que Vargas Lleras se dedicará a pedir disculpas en la medida en que sigan apareciendo nuevas evidencias de su altanería:

–¿Ahumada, dónde anda?: ah, venga pa acá: le pido disculpas por un acto que nunca ha debido suceder: que lo haya machucado con la puerta del carro. Pero debe haber un equilibrio entre la seguridad y la rapidez con que el escolta saque los dedos de la puerta.

–Venga para acá, Ahumada: le pido disculpas por un acto que nunca debió suceder: el rodillazo en partes nobles. Pero debe haber un equilibrio entre la celeridad que uno le pide a su escolta para que le reciba las bolsas del mercado, y la reacción del mismo escolta.

Quería, pues, analizar los hechos que llenarán de trinos las redes sociales de 2017, pero, después del coscorrón, no tengo vida, esa es la verdad: solo puedo pensar en la futura presidencia de Vargas Lleras, que podrá cristalizarse si el vicepresidente sabe dar un nuevo golpe, esta vez de opinión, y nombra como fórmula de campaña al propio Ahumada.
Parece una locura, yo sé; pero se trata de una estrategia a todas luces lógica: en 2016 entendimos que mientras más guache sea el candidato, más posibilidades tiene de ganar: que quien conecte con ese hemisferio mental que premia a Trump, a Uribe, y a todo aquel que sea capaz de darse en la cara, marica, será quien se quede con el premio mayor. Y durante la campaña, Vargas Lleras podrá abrumar de sopapos a su llave de fórmula para demostrar que tiene el carácter de capataz que enamora a medio censo electoral.

Cuando observé el video me pregunté si el vicepresidente reacciona de esa manera contra todos los que lo ayudan y protegen, o si reserva la violencia del castigo únicamente para corregir al pobre Ahumada: ¿lee a Mauricio Vargas y le da su coscorrón si no le gusta un párrafo, por ejemplo? ¿Aturde a capirotazos a Kiko Gómez cuando fallan los votos de La Guajira? ¿Sacude con un golpe de cadera a Néstor Humberto y le dice: “córrete, hombre” cuando llegan los medios? ¿Se encarama en una tarima y pide que Sarmiento Angulo suba tras él?

–¿Sarmiento Angulo, dónde anda? Ah, venga pa acá: Sarmiento Angulo ha sido un banquero ejemplar; lleva trabajando conmigo seis años… Le quiero pedir públicamente disculpas, pero a la vez que sea un poco más respetuoso con la ciudadanía, porque esas tasas de sus bancos y esa forma de meterse con negocios en todas partes no son buenas.
Imagino que Vargas Lleras no sentirá asco de aliarse con el uribismo para configurar un único bloque de derecha que unifique todas las falanges, aun la de Ordóñez, porque, a estas alturas de su vida política, él agradece la suma de cualquier falange, si se me autoriza la expresión.

Pero quedar a merced de Ernesto Macías, quien afirmará que Ahumada tiene problemas de trago, y que por eso se atravesó a los nudillos del candidato, es un riesgo innecesario; y limitar el rol del escolta al de bola que el vicepresidente oprime contra el estrés, un desperdicio: Ahumada tiene mucho para ofrecer como fórmula de Vargas Lleras, no solo presidencial, sino aun artística, y podría conformar con él un dueto cómico capaz de protagonizar Las aventuras de Vargas y Ahumada: una chispeante comedia de Dago García en la que abunda el pescozón del hombre poderoso al escolta humilde, bien sea a la manera del Chavo del 8:

–¿Ahumada?

–Dígame, vicepresidente…

–¡Tooomeee!!

–Pipipipipi…

–No le doy otra no más porque esto está lleno de periodistas…

–¿Está lleno de periodistas? Ya lo protejo…

–¡Pero coorrete, hombre!

O bien a la manera de los tres chiflados, para el caso dos (para el caso uno), en que todo se resuelva a vuelo de papirotes.

Por eso, Ahumada y Vargas Lleras: ¡únanse! Sean el oprimido y el opresor en una misma casilla. Demuestren que esa amable convivencia es la que requiere el posconflicto. No permitan que esta vez el triunfo se escape de los dedos. Si de nuevo se me autoriza la expresión. 

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