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Opinión

  • | 2014/11/01 22:00

    Crónica social de la visita del Príncipe Carlos

    Este, alteza, es uno de los sapos que nos tenemos que tragar, explicó el presidente.

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Un éxito resultó ser la visita del Príncipe Carlos de Inglaterra a las tierras colombianas. Su alteza tuvo una apretada agenda en la que adelantó diversas obras sociales, degustó platos típicos del país y conoció parte de la fauna que lo habita, en especial sapos y lagartos de diversa índole.

Para el arribo del príncipe, el gobierno nacional integró un comité liderado por el congresista Roy Barreras, cuya experticia en venias dejó en alto el nombre del país en el momento del saludo.

El estricto protocolo dictaminaba que los acompañantes saludaran a su alteza con una ligera reverencia y, en señal de respeto, caminaran varios pasos atrás de él, tal y como lo hace la bancada del Centro Democrático con el presidente Uribe. Así lo obedecieron las diversas personalidades de la vida social bogotana que asistieron a la cena de bienvenida en la Embajada inglesa para acoger con cariño al príncipe y su consorte. En la fila de ingreso, que por momentos recordaba las de TransMilenio, esperaban impacientes José Gabriel Ortíz; Christian Toro; Pum Pum Espinosa; Munir Falah, señora Patricia Tascón y hermano; Adelina Covo, quien quería conversar con su alteza sobre Uribe Uribe; las hermanas Sanín; las hermanas Lara; los hermanos Cardona. Y Vicky Turbay. Entre muchos otros. Un verdadero clamor se desató cuando la pareja real arribó al evento, pero un contingente del Esmad intervino oportunamente y puso orden en la fila.

En la recepción, Poncho Rentería saludó de beso al príncipe con un “hello, hello, buenas, buenas”, antes de soltar una sonora carcajada que permitió a la pareja real conocer el desenfadado espíritu colombiano. Aprovechando que no pagan exceso de equipaje, el maestro Jacanamijoy les regaló un pequeño libro sobre su obra de 400 páginas. El presidente de la Federación de Fútbol, a su vez, obsequió al príncipe Carlos la camiseta de la Selección, de una talla menos, y a la duquesa Camila el enterizo color piel del equipo femenino de ciclismo. De buena fuente se supo que Fernando Londoño envió un uniforme nazi a manera de regalo para el príncipe Harry.

En días posteriores, la visita real sostuvo una valiosa reunión con el alcalde Petro, quien les recomendó pintar de azul los buses rojos de dos pisos, “como los del SITP”, y expuso su revolucionaria estrategia de mejorar la movilidad capitalina pintando el pavimento, ora de amarillo, en el caso de los huecos, ora de azul, en el de los carriles. Posteriormente, el burgomaestre obsequió a sus invitados una boina conmemorativa, marcada con la leyenda “London Human Now!”, y les presentó a la perrita Bacatá, a quien su alteza donó una vacuna contra la rabia.

La pareja atendió con agrado la agenda oficial que el gobierno dispuso para su estadía: almorzaron en Sopitas Don Jediondo, donde el propietario en persona ofreció un bono de descuento; compraron artesanías en El Balay; probaron pitahaya, chontaduro y demás laxantes naturales; asistieron al partido Santa Fe-Huila; y cenaron en Palacio, donde el príncipe Carlos recibió ‘The Boyacá Cross’ y compartió manteles con sus similares en Colombia, el Príncipe de Marulanda y el exzarrapastroso y ahora lord inglés Angelino Garzón. A la cena asistieron los 16 ministros y los 145 superministros del despacho. Y Vicky Turbay. El protocolo real exigió al vicepresidente Vargas Lleras pasar a la mesa sin el casco de obrero, asunto al que accedió entre manoteos, y a la ministra de Comercio quitarse el sombrero de pluma de pavo con que se hizo presente, para evitar que la confundieran con doña Camila. El menú corrió por cuenta del presidente Santos, quien sorprendió a los presentes con un exótico plato:

–Este, alteza, es uno de los sapos que nos tenemos que tragar– explicó, mientras servía un batracio del tamaño de alias Romaña al que doña Camila besó con el ánimo de que se convirtiera en príncipe. El hijo del presidente de la Corte Suprema se hizo presente por si la pareja real quería salar bien el plato, o bien el carro oficial asignado a su papá.

En la agenda prevista para su visita, el príncipe estrenó corbata en la serranía de Chiribiquete; viajó a Cartagena para asistir a una cena en La Vitrola con Nora Trujillo, Carlos Mattos, el ministro de Hacienda, quien adelantará una reforma tributaria para sufragar los gastos de la cuenta. Y Vicky Turbay. Y sobrevoló el Tapón del Darién, donde dijo nuevamente a su consorte que quisiera ser su tapón.

A su regreso a la capital, visitó las instalaciones del Congreso; separó una  nueva riña entre Álvaro Uribe y el senador García Realpe; ordenó a su cuerpo de seguridad que decomisaran las crucetas de los honorables congresistas. Y realizó diversas obras sociales, como donar un cepillo a la senadora Paloma Valencia y regalar otra vacuna contra la rabia, esta vez para el senador Uribe. En la tarde visitó la escuela de caballería de Usaquén, donde saludó al estamento militar y a los peritos forenses de la Fiscalía que analizaban las caballerizas.

Sus altezas se llevaron una maleta cargada con los mejores recuerdos del país, dentro de los que destacan una ruana, dos crucetas, dos uniformes deportivos, un kilo de pitahayas. Y Vicky Turbay.
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