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Opinión

  • | 2014/12/20 22:00

    De por qué el Niño Dios no nacerá en Colombia

    –¡¿Habíamos acordado que al Niño lo calienta el vaho de una vaca, no el de un hombre?! –Es el procurador, pero se cree vaca sagrada. Él mismo dice que es tu representante en la tierra, tu mánager.

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Desde una luminosa nube, Dios observaba esa suerte de pesebre que se preparaba para su segunda venida a la Tierra, cuando un hombre se sentó a su lado.

–¿Y tú quien eres, amigo?

–Alguien que todo lo ve y todo lo oye y todo lo puede.

–¿Un colega? ¿Otro Dios?

–No, mi Señor: un hacker. Soy el hacker Sepúlveda. Estaba subiendo una grabación a la nube y, bueno, acá te encontré.

–Dime algo: ¿este caos de pesebre que se ve allá abajo es el lugar donde naceré?

– Así es, Señor.

–Pero no veo el establo…

–Colapsó, mi Dios. Lo construyó Álvaro Villegas, el señor del edificio Space.

–¡Ah, carajo! ¡¿Y dónde está ese señor Villegas?!

–Lo están condecorando.

–Increíble… ¿Y quién es aquel hombre ridículamente vestido de naranja?

–Es el que manda, el presidente.

–¡¿Y qué hace leyendo el diario en calzoncillos en Mi Portal?!

–Perdónalo, Señor: no sabe lo que hace.

–¿Pero por qué los tres reyes magos son blancos? ¿No leyeron el libreto, acaso? ¿¡Qué es este caos!?

–Es que Socorro Bustamante se apropió del cupo afro, no pudimos hacer nada.

–¿Y la estrella? ¡¿Cómo se supone que van a llegar los reyes magos si no los guía una estrella?!

–El expresidente Uribe les filtrará las coordenadas...

–¿Y ese quién es?

–Aquel hombre que está acostado en tu cuna de paja.

–¡Cómo osa acostarse en ella!

– Es que se cree el Salvador...

–¿Salvador? ¡Pero si actúa como el demonio! Mírale: trata de incendiar el musgo de allá, el lago de celofán, las instituciones...

–Es algo incendiario, sí, pero acaso sea para darle calor al niño, es decir a Ti, cuando nazcas, Señor…

–¡¿Pero a quién me pusieron de madre, por Mi Santa Paciencia, quién es esa vieja grosera que hará de virgen?!

–Es doña Mechas. No la subestimes. Surtió el milagro de la reelección. Ella y aquel arcángel glotón de allá, San Ñoño Elías.

–¡¿Pero quién está al lado de la cuna?! ¡Qué improvisación! ¡¿Habíamos acordado que al Niño lo calienta el vaho de una vaca, no el de un hombre?!

–Es el procurador, pero se cree vaca sagrada. Él mismo dice que es tu representante en la tierra, tu mánager. Destituyó al buey y pidió calentarte con su aliento.

–¡Qué asco! ¿Y cuál es el otro animal?

–Es el burro.

–¿Un burro que habla?

–Y de orejas. Se llama Andrés Pastrana. Pidió calentar al niño, mientras hace genuflexiones a las Farc...

–¿Farc? ¿Quiénes son esos?

–Aquellos de allá, los que ponen esas minas quiebrapata en aquel rebaño.

–¿Y por qué lo hacen?

–Luchan por el pueblo, Señor.

–¿Pero acaso no son humildes campesinos los que pisan dichas minas?
 
–Díselos a ellos, Señor.

–¿Y por qué beben ron en un yate?

–Combinan todas las formas de lucha, mi Dios.

–¡No jodás! Será de locha, mírales esa gordura: ¡pero llamen a la Policía y que los cojan!

–No hay Policía. Están poniendo el denuncio porque los robaron en Suba.

–¿Robaron a la Policía? ¡Pero en que país estoy, por Mí!

–Pero ya el caso está en manos de la Policía...

–Quiero irme de acá.

–Imposible, mi Dios: hay caos en el tráfico aéreo. No alcanzas a llegar para el 24 a ningún otro lado.

–…Mira aquel bárbaro de allá, ¡arrolló con su camello a esa familia!

–No sufras por él: ya le darán el rancho por cárcel.

–¿Y quién es ese pastor que está disfrazado de pez en el río?

–¿El que bebe, y bebe, y vuelve a beber?

–Sí.

– El ministro de camello, justamente.

–Se nota que es de ambiente…

–No, el de ambiente es el de allá: aquel que permite que echen químicos al agua…

–¿Y por qué mira para otro lado? ¿Es acaso un ignorante?

–No, mi Señor: es todo un licenciado: reparte licencias a manos llenas.

–Contaminarán el río, pobres pescadores, como aquel de allá…

–Aquel no es pescador: es Álvaro Leyva, Señor.

–Pobre hombre, mírale cómo busca su sustento.

–En realidad pesca en río revuelto, como siempre, mi Señor.

–Veo muchos animales en el tapiz verde… ese elefante, aquel delfín, los micos que cuelgan de aquella ley… ¿pero cuáles son aquellos numerosos reptiles?

– Son lagartos, Señor: mira cómo arman tumulto con sus hijos y ofrecen al rey Herodes una placa de felicitación.

–¡Mira, allá, en el riachuelo! ¡Un hombre en bermudas y chanclas! ¡Hay turismo, al fin una buena noticia!

–En realidad es un general, mi Señor.

–¿Es la autoridad? ¿Y así se viste? Al menos queda ese bello pastor de allá…

–Es el sexto mejor pastor del planeta. Pregona la política del amor, como tú.

–¿Y que lleva en la mano, junto al megáfono?

–El POT, pero no está aprobado. Por eso nadie puede construir en este pesebre.

– ¡Cuánto se nota! ¡Vaya miseria!

–También quiere acostarse en tu cuna, pero él aportaría la paja.

–¡Santo Yo, una voluminosa cigüeña vuela hacia nosotros!

–No, mi Señor; es el ángel rollizo que se ocupa del dinero: alístalo, porque acaban de hacer otra reforma tributaria y te toca pagar.

–¡Me voy! ¡Huyo al Medio Oriente! ¡Seguiré aquella estrella!

–Es el nuevo avión del presidente...

–¿Se compró avión? Ese es mucho ídem...¡Entonces me voy en esa carreta blindada!

–Es de un magistrado, no te acerques: puede haber fornicio de uno de sus vástagos.

–Entonces a pie, pero me voy.

–¿Estás seguro, Señor?

–Seguro: este no es lugar para que nazca un redentor.
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