Domingo, 4 de diciembre de 2016

| 2016/04/02 00:00

¡Se me van a la guerra, hijitos!

Así es la guerra, ¿o qué? ¿Querían que organizara marchas y gritara como un loco que hay que darse bala y no mandar a que se la den mis propios hijos? Ni que fuera cínico…

Daniel Samper Ospina. Foto: Guillermo Torres

Para que no se diga que Álvaro Uribe sa-botea el proceso de paz para promover una guerra hecha con hijos ajenos, me anticipo con este diálogo que se presentará en cualquier momento del año: solo es tener paciencia.

–Tomás, mijo, llegó el día: alistá el morral, que te vas al frente de batalla: ¡sacate las manos del bolsillo y agarrá este fusil, que era de mi hermano! ¡Te lo lego!

–¡No, apá! ¡Yo quiero ver crecer a mis hijos!

–Sé macho: aprendé de Jerónimo, que no llora.

–Porque está dormido, apá.

–Despertalo, home: pasale este revólver que era de mi tío, para que nos recuerde.

–Papi, dejen dormir.

–Despertate, mijo, que ya llegó el Focker por vos.

–¿O sea Tomás, apá?

–Quiero decir, el avión: ya se van pa la guerra, a echar bala al monte, como buenos patriotas.

–Papi, ¿no lo podemos dejar para otro día?

–No, hijitos: mal haría yo en pedir que haya guerra y que solo peleen los hijos de los campesinos más humildes… Vos me conocés. O sea que a bañarsen y a marchar…

–Pero es que, apá: justo ahora íbamos a cerrar otro negocio inmobiliario.

–Callate, mijo, Jerónimo, y tomá este galil, que era de tu abuela, para que la recordés en la batalla. Y vos, Jerónimo: llevate mis crocs, los camuflados. Te los lego.

–Pero ¿y el negocio de artesanías? ¿Y el lote en la zona franca? ¿Y la chatarra que teníamos por vender?

–Sí, papi: ¿y los desfiles de Colombiamoda a los que queremos ir?

–Dejá de hacer pucheros y obedecé, home, Jerónimo....

–Yo soy Tomás.

–Eso, Tomás: obedecé: yo les grabo los capítulos de la madre Angélica que se pierdan... Y luego les paso la lección. 

–¿Y si no regresamos?

–De malas, hijito, así es la guerra: ¿o qué? ¿Querían que organizara marchas y gritara como un loco que hay que darse bala y no mandar a que se la den mis propios hijos? Ni que fuera cínico…

–Apá, más vale firmemos la paz…

–No seas gallina, Jerónimo, hijito. A terroristas FAR no los derrotamos invitándolos a la suite del Hotel Tequendama: los derrotamos es con chumbimba.

–Yo soy Tomás.

–Eso. Mirá: cuando yo fui presidente me faltó cambiar otro articulito para acabarlos a bala. Sino que el traidor castrochavista de Santos dañó todo. Santos traidor. Santos vendepatria. Santos aliado del terrorismo.

–Apá, pero el papa Francisco dijo que apoyaba la paz…

–¡Es un enmermelado de Santos, Tomás, por dios!

–Jerónimo.

–Eso, Jerónimo.

–Papi, pero una duda: ¿por qué Obama también apoya el proceso?

–Porque fue cooptado por el maduro-santismo, por el castro-chavismo, y por los cubanos. Pero la culebrita está viva, Tommy, mijo, y hay que darle con la mano dura…

–Pero en la adolescencia nos regañabas por hacer eso, papi.

–Era otra culebrita, hijito. Y otra mano.

–Apá, somos jóvenes para morir…

–De malas: a pelear por la patria. Seguí el ejemplo del periodista Hassan que ya se rapó la pelambrera para alistarse en el Ejército.

–Quedó todo mutilado.

–Se dice motilado, Tomás.

–Pero yo quiero ver crecer a mis hijos, apá.

–Y yo a mis empresas, papi…

–Sí, hijitos, pero si invocamos la guerra, tenemos el deber moral de hacerla nosotros mismos.

–Pero lo único que yo sé de la guerra es que Hernán Zajar sacó una colección militar print en el 2014, apá…

–Sí, papi: y yo no sé explotar bombas… solo privilegios.

–Y yo entiendo de minas pero únicamente a la manera de los argentinos.

–Hijitos, hijitos… cálmesen y escúchemen: los nuestros ya están en la primera línea de la batalla: José Obdulio casi pierde una mano. Y Alfredo Rangel perdió la vergüenza. ¡Ustedes también tienen que ir allá, a ponerle el pecho a los tatucos, niños, hombe, ¡ej!, Ave María, a responder por las palabras de sus mayores!

–Papito, ¿qué es un tatuco?

–Allá lo averigüás, mijo: le preguntás a un soldado regular…

–Apá: yo no quiero ser un soldado regular. Yo quiero ser un soldado bueno.

–Entonces agarrá esta miniuzi que me heredó mi papá, o sea tu abuelo, y defendé el honor…

–Yo más vale me quedo en un after party.

–Nada de eso, Jerónimo…

–Soy Tomás.

–¿Y allá podemos vender manillas, papi?

–Sí, hijito: le vendés una a Pachito, que ese hace lo que uno le diga.

–¿A Pachito también lo mandaron, apá?

–Sí. En Inteligencia Militar.

–Pero si es todo hueco…

–En época de guerra, cualquier hueco es trinchera: qué hubo, pues, ligerito, a enrolarse…

–No nos queremos enrolar, apá: no queremos ser rolos.

–Se me enlistan en el Batallón RCN o en el contingente Héroes de Ordóñez, allá les dicen en cuál.

–¿Allá es dónde?

–Pues en el Catatumbo.

–Tengo miedo, papi.

–Sean varones: dejen sus declaraciones de renta para mostrarlas al país y arranquen.

–¿Apá, y no nos pueden mandar a la Fuerza Aérea ahora que tenemos fama de aviones?

–No, hijito: agarrá este misil que era de tu tío abuelo para que nos recuerdes: te lo lego. Demen el último abrazo y váyasen, muchachos. Que los apóstoles los guarden.

–Te quiero, papi.

–Y yo a vos, Jerónimo.

–Soy Tomás.

–Eso.

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