Viernes, 2 de diciembre de 2016

| 2016/06/18 00:00

"Se nos casó María Antonia, mi Juan"

–¿Vamos a invitar a Timochenko, Memel? ¿Estás loco? ¿Con quién quieres sentarlo, a ver? ¿Con Carlos Urrutia? ¿Con el grupo tándem de golf?

Daniel Samper Ospina. Foto: Guillermo Torres

Juan, mi amor, ¿qué es esa cara? Estás demacrado…

–No pegué el ojo: Martín se pasó otra vez a la cama.

–Pobrecito, está todo consentido… Debe ser por el matrimonio de María Antonia…

–De eso te quería hablar: vamos a hacer algo discreto, Tutina, de una vez te advierto… Máximo de 1.000 personas.

–¿1.000? ¿Tantas?

–Pues es que solo en altos consejeros se nos van 300 puestos…

–¿Y no crees que debemos hacer una short list, mi amor?

–No hard feelings, pero no, Tutina: la boda no puede ser inferior a mi dignidad. Y te hablo como presidente, no como esposo…

–Por mí mejor: voy a avisarle al weeding planner que invito más gente… ¿Tienes el teléfono?

–En realidad es Rafael Pardo, pero el título que le di es ‘superministro de bodas y altos eventos matrimoniales’.

–¿Pero él no estaba en otro superministerio?

–Es que lo voy rotando…

–Bueno, mi amor: revisemos la lista para que no termines blanqueando a nadie…

–I-i-invitemos a todos los ministros. Separa dos puestos para Villegas. O tres, por si viene con la esposa.

–¿Y qué hacemos con los expresidentes, Juan?

–Pues invité a Uribe para la hora loca, pero no quiso venir…

–¿Y Gaviria?

–¿Para la hora loca?

–Pues creo que le gusta el reguetón...

–No, mi amor. Germán pidió encabezar al menos dos locomotoras durante la hora loca, y me da miedo contrariarlo…

–¿A Germán lo vamos a sentar en la mesa principal?

–Sí, Tuti.

–Pero no cabe: está llena.

–Pues pon a Rafael en otro puesto: él acepta cualquier puesto.

–¿Y dónde sentaríamos a Néstor Humberto? ¿Al lado de Sarmiento?

–O delante, para que lo vaya tapando, como si ya fuera fiscal…

–¿Y a Enrique?

–¿Cuál, Enrique Santiago o mi hermano Enrique?

–Tu hermano, Juan.

–Enrique Santiago en la principal; mi hermano, con Felipe, Julio y otros de mis colegas.

–¿Tus colegas?

–Te hablo como periodista, no como presidente.

–Bueno: la mesa principal ya está full.

–Falta Tony Blair…

–Mi vida, pero no creo que venga.

–¿En los contratos que le dimos no quedó esa obligación?

–No: deja esa obsesión con Tony y más bien prepara la pinta: ¿qué te vas a poner?

–El esmoquin naranja.

–¡¿El naranja?!

–Tenemos que mostrar sencillez, Tutina. No voy a comprar uno nuevo.

–Listo, pero te advierto que el vestido de María Antonia está hecho con las telas más caras de la historia de Colombia, y así se va a quedar…

–Tutina, por favor: ¡les pedí que fuéramos austeros!

–Lo hicimos con las cortinas de Palacio: se ve divina, mi amor.

–Estoy nené.

–¿Perdón?

–Estoy nenervioso.

–Tranquilo, mi vida: repasemos todo para que no te angusties: primero, entran los novios…

–¿Quién lleva los anillos? ¿Palomino?

–No, el pajecito.

–¿Edward Niño?

–Pues sí, mi amor, lo pusimos a él porque tu primo Pacho no quiso venir.

–¿Y después?

–Después Juan Fernando nos ayuda a repartir los puestos, como siempre, y de ahí pasamos al bufete…

–¿Es el bufet de Néstor Humberto?

–Sí.

–¿Y cuál es el menú?

–Medallones, Juan: vamos a dar medallones por si no te ganas el Nobel…

–Me ganaré ese Nobel así me toque firmar la paz, no me impo-pó…

–¿Ah?

–Impopo-rta. Y te hablo como esposo, no como presidente.

–Cálmate, mi vida…

–Bueno, sigue: ¿quién parte la torta?

–Pues los novios, Juan, pero Cárdenas reparte las tajadas. Otra vez. Y ahí sí arranca la fiesta.

–¿Lograste conseguir a Manzanero para la serenata?

–No, para ser austeros invité a Otálora, pobre: se puso dichoso…

–¿Y Cristian Castro?

–Tampoco viene pero está Martín, que es muy parecido.

–¿Martín nuestro niño? Pero necesitamos alguien que cante…

–Viene el hacker Sepúlveda, no te afanes: solo tengo una duda y te la quiero decir con franqueza: ¿hay que invitar a María Ángela?

–Tutina, por dios: ¡pues claro! Es mi canciller (y te hablo como presidente, no como esposo).

–Yo adoro a María Ángela, es muy detallista conmigo: ¡nombró hasta a Aída! ¡Y en España!… Pero te digo la verdad, Juan: me da miedo que llegue con la empleada…

–¿Cuál empleada?

–Elsy o Delcy: esa con la que andaba para todos lados el año pasado: ¿de dónde la habrá sacado?

–Es la canciller de Venezuela.

–Ay, Juan, deja la bobada: se ve honrada y todo, pero qué pereza que llegue con ella...

–Tutina: en serio, ella es la canciller de Venezuela.

–¿Y se llama Delcy?

–Sí.

–¿Y la dejan llamarse así y ser canciller?

–Pues sí.

–Bueno: bienvenida María Ángela, pero sin Delcy.

–Y si viene con ella, la sentamos con Timochenko, porque qué más hacemos…

–¿Vamos a invitar a Timochenko, Memel? ¿Estás loco? ¿Con quién quieres sentarlo, a ver? ¿Con Carlos Urrutia? ¿Con el grupo tándem de golf?

–Entonces a Tanja, que tiene más presencia: pero toca invitar a alguien de las Farc…

–Bueno, bueno: si ya toca, porque qué más, lo sentamos con doña Mechas…

–¿Invitaste a Paloma Valencia?

–Doña Mechas es la viejita que te ayudó en la campaña, Juan…

–Eso: siéntalo ahí…

–Esa es la única mesa que vamos a poner afuera: se les pone una carpa por si llueve, y listo. Y ahí también clavamos a Darcy, en caso de que venga…

–Es Delcy, Tutina…

–Eso, Delcy…

–Y me voy a acostar, porque estoy fundido…

–Pobre mi esposo…

–No, te lo digo como presidente.

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