Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2016/02/27 00:00

Y el Óscar es para… ¡el video de Ferro!

Nassar y Di Caprio protagonizan la historia de un hombre desgreñado que, de oso en oso, se llena de resentimiento.

Daniel Samper Ospina Foto: Guillermo Torres

Decidí exiliarme de las terribles noticias nacionales en una sala de cine en que pasaban El abrazo de la serpiente: nada como una película que sucede en el Amazonas, dura tres horas, es hablada en lenguas indígenas y filmada en blanco y negro para entretenerse. Hasta el momento, confieso que había jurado apoyar la película, como lo han hecho todos nuestros intelectuales de la farándula, siempre y cuando no tuviera que verla. Era mi única condición. A cambio de poder quedarme en la casa mirando un partido de Santa Fe, o, lo que es igual, alguna comedia romántica, estaba dispuesto a sumarme a la delegación colombiana que desfilará por el tapete rojo este domingo para recibir el galardón: Vicky Turbay ataviada con un collar amazónico; Tulio Ángel de esmoquin y cerbatana; Poncho Rentería en taparrabos. Jean-Claude Bessudo, Adriana Bernal, Aída Furmanski, Gabriela Febres, los Niños Vallenatos. Y todos los que han elogiado con orgullo patriótico el filme de Ciro Guerra, y también la gente que se lo vio.

A ellos me sumaría yo, digo, a cambio de no tener que verla, o de enfrentar el reto, pero armado de una almohada y una cobija. ¿Tres horas? ¿Y en blanco y negro? ¿No podía ser un cortometraje, mejor?

Eso pensaba antes, aclaro, pero ha resultado tan espesa la realidad nacional, que internarse en un teatro para observar una película sobre la selva era la manera más saludable de escapar a lo que somos. Fíjense lo que siguió después del escándalo del video en que el capitán Ányelo y el exviceministro Ferro se hacían mutuas insinuaciones sexuales. Se supo que la ministra María Lorena Gutiérrez le llevó un paquete de almendras a Carlos Julio Ardila, dueño de RCN, como diciendo que en Palacio estaban aburridos de las denuncias de Vicky Dávila. Carlos Julio Ardila, por su parte, le pidió la renuncia a Vicky Dávila, quien, a su vez, denunció que salía de RCN por presiones del gobierno. El gobierno, entonces, negó haber hecho tales presiones, pese a que María Lorena Gutiérrez se disponía a visitar a Alejandro Santo Domingo con el pedacito de una de las cortinas de Palacio, cuya compra publicó El Espectador.

Y, mientras sonreían en la Casa de Nariño por la caída de Vicky Dávila, el doctor Carlos Julio nombró en su reemplazo al furibundo uribista Hassan Nassar, en un giro de los acontecimientos que dejó con los pelos de punta a todos: para empezar, y como salta a la vista, al nuevo director, famoso por cometer un pequeño oso en el debate presidencial del canal NTN24 en el 2010, y por la agresividad de sus trinos, disonantes ahora en un jefe de emisora. Lo cierto es que desde alias la Mechuda, o quizá desde Óscar Naranjo, aquel inolvidable participante de Protagonistas de Novela, no triunfaba en los medios un personaje con semejantes características capilares, y ahora debemos cruzar los dedos para que Hassan publique pronto el video íntimo de alguien. Puede ser el del procurador Ordóñez con el senador Gerlein:

– ¿Crees que el sexo entre varones es excremental?

– Sí, y hablando de obscenidades, ¿verdad que a ti te gusta destituir enemigos políticos?

– Huy sí, me encanta.

– ¿Hace cuánto no destituyes?

– Cuatro o cinco meses…

– ¿Te gusta destituir o que te destituyan?

– Las dos cosas.

– ¿Y nunca te han pillado?

– No, nunca…

A estas alturas del escándalo, pues, ya vamos en que es normal dar quejas de periodistas a los dueños de los medios; en que Hassan es la nueva sangre del periodismo nacional y en que Vicky Dávila es nuestra Oriana Fallaci. No sería raro, como epílogo, que la misma Vicky dirija la emisora de la Policía; Ányelo anuncie el lanzamiento de un disco de baladas y Carlos Ferro y su mujer participen en la próxima edición de Bailando por un sueño.

Ante semejante realidad, pues, sucumbí al plan de ver la película. Casi toda. Es hermosa, larga y brillante, como la cabellera del propio Hassan, aunque algo más plana. Pero quizás en la academia la encuentren demasiado artística,

y por eso sugiero que para la próxima edición de los Óscar mandemos el video de Ferro: no solo representa mejor lo que somos, sino que tiene los elementos de aventura, sexo y poder que premian en Hollywood.

Si participara en esta edición, de por sí, se ganaría el Óscar a mejor montaje y a mejor reparto, y podría concursar de tú a tú con otras producciones. No digo que contra La gran apuesta, porque nada competiría contra semejante título: a lo sumo el plebiscito de Santos. Pero es una historia de secretos sexuales destapados por los medios, como en Spotlight. Y está cargada de interceptaciones, como Puente de espías. Y terminó favoreciendo a Hassan Nassar, quien es la versión nacional de El renacido: finalmente, tanto él como Leonardo Di Caprio protagonizan la historia de un hombre desgreñado que, de oso en oso, se llena de resentimiento.

Dejo, pues, la inquietud. Ya es suficiente triunfo que El abrazo de la serpiente no sea únicamente el que Santos dio a Uribe para que lo ungiera como candidato presidencial, sino una película extraordinaria. Postulemos el video de Ferro: es la verdadera forma de obtener el Óscar, así se trate del Óscar Naranjo, aquel primer Hassan que tuvimos.

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