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Opinión

  • | 2015/01/31 22:00

    Otra pregunta, amiga Miss Universo

    He pensado que deberíamos dirimir los conflíctos políticos a través de un gran reinado nacional.

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Confieso que me alegró el triunfo de Colombia en Miss Universo. Quiero decir: desde aquella vez en que Petro salió erigido como el sexto mejor alcalde del mundo, el país no gozaba de un título internacional tan meritorio. Hasta entonces, lo más cerca que habíamos estado de una corona fue cuando el expresidente Gaviria escupió un diente remendado durante una rueda de prensa. El diente estaba pelado y venía con corona, y en eso se parecía a su hijo Simón.

Así que, tan pronto como los jueces dieron su veredicto, salí a pitar en el carro y tiré harina en la plazoleta de la 85 hasta la madrugada, ante la mirada atónita de los dos celadores y el mendigo que se encontraban por el sector. Yo era el único que lo hacía, efectivamente; pero las circunstancias lo ameritaban: el triunfo de Paulina Vega puede ser más trascendental de lo que parece. Puede significar el inicio de la carrera presidencial de Raimundo Angulo; la conversión de Roy Barreras al ‘Paulinismo’; la forma de enterrar a Zuluaga, al menos a Luz Marina.

Sufrí a lo largo de toda la ceremonia, especialmente en el momento de la entrevista. ¿Por qué insisten en hacer preguntas de cultura general en un concurso de belleza? No es necesario conocer el estrato intelectual de las participantes. Son reinas de belleza: ni que fuera a firmar subsidios agrarios en el futuro. Obligadas a contestar preguntas capciosas en biquini y tacones, todas ofrecen respuestas frívolas o dicen que sueñan con la paz mundial. Uno se siente escuchando a Santos.

Pero los jurados insistían con el cuestionario para demostrar que en Miss Universo no solo buscan mujeres bonitas, sino completas. ¿Funciona esa lógica al revés, acaso? ¿Ve uno que al final de un foro de intelectuales obliguen a pasear en tanga a William Ospina para demostrar que es un personaje completo?

Y el tipo de preguntas que formulan, además: ¿cómo así que cuáles aportes ha hecho Colombia al mundo? ¿Les parece poco Andrés Pastrana, adalid de la democracia en América Latina? ¿O el sabajón de Feijoa? ¿O señalar con la boca?

Pero ganamos. Es un triunfo del gobierno de Santos, cuyo cuidadoso mechón, fijado con laca, lo hermana con Donald Trump. Y también de la Bogotá Humana, por qué no, que ya lleva tres títulos futbolísticos y uno de belleza.

Ante tan buena experiencia, he pensado que deberíamos dirimir los conflictos políticos a través de un gran reinado nacional. Puedo ver a Uribe y a Santos en el Centro de Convenciones, ya en la instancia final, cuando han paseado cada uno en sus balleneras —la de Uribe es el abogado Granados; la de Santos, el ministro de Hacienda— y todos los premios de consolación ya han sido repartidos: mejor pelo, alias La Mechuda; Miss Simpatía, Lucho Garzón; mejor cola, Roy Barreras; mejor espalda, Ernesto Samper; el más fotogénico, Óscar Iván Zuluaga; señorita puntualidad, Germán Vargas. (Pachito Santos no participa porque el CD prefirió inscribirlo en Miss Tanguita; miss Pastrana quedó rezagada tras responder que “el hombre se complementa con el hombre, hombre con hombre, mujer con mujer, del mismo modo y en sentido contrario”).

Ante la insoportable presión de los reflectores, entonces, solo quedan Santos y Uribe. Los dos ya han desfilado en sus trajes de gala: el uno con su frac tetillero, el otro con su esmoquin naranja; han vestido sus trajes típicos (el uno con carriel y sombrero aguadeño; el otro con pantalones amarillos y talega de golf); y se han dejado ver en vestido de baño: Uribe, cuando se tiraba en calzoncillos a los carmelitos ríos de la patria; Santos, cuando inauguraba casas de interés social y leía el periódico en lo que a primera vista parecía un bidé.

(Le resta a la aspiración de Santos que, vanidoso, como es, tiene más operaciones: retoques en los párpados, en la nariz, en la próstata. Uribe, en cambio, es más natural: incluso amenaza con darles en la cara a los estilistas y se peina con su propia peinilla, que carga en el bolsillo trasero).

En el jurado, el fiscal Montealegre toma nota de las medidas de las finalistas, en especial de las de aseguramiento, que dictará en contra de los edecanes de la señorita Uribe.

Llega el momento definitivo de las preguntas. Bajo su reluciente esmoquin blanco, Jairo Alonso lee la primera.

— Señorita Uribe: ¿qué pueden aprender las mujeres de los hombres?

— Otra pregunta, amigo periodista. Otra pregunta.

— Miss Anapoima: ¿qué aporte le hace tu país al mundo?

— La paz mundial.

— Una pregunta para ambas: ¿no se sienten responsables de los falsos positivos?

— Es una pregunta muy difícil.

Ambos líderes se toman de las manos. Los nervios inundan el salón. Y entonces anuncian al ganador, que para sorpresa de todos es Gustavo Petro, por Bogotá, porque eso es lo que suele pasar en este tipo de divisiones políticas.

Nunca antes había visto una noche de coronación, y de hecho suponía que el término se refería a la luna de miel. Me alegra la noticia. Felicito al diseñador Alfredo Barraza, quien tras confeccionar el vestido regresó a su planeta de origen a celebrar el galardón. Y felicito a Paulina Vega, cuyo reinado será corto, sí, pero brillante: como la tanga de William Ospina.
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