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Opinión

  • | 2015/03/14 22:00

    Si el juicio final fuera en Colombia...

    Y mucha atención porque nos informan que el magistrado Pretelt aceptó la tutela impuesta por Stalin y este queda en libertad. Sí señor.

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Señores y señoras, ha llegado el final del mundo. Tomen sus asientos. Para esta ocasión, Dios Padre ha elegido a Colombia como sede del juicio final, dada la experticia del país en situaciones apocalípticas. Así es que, contrariando la palabra sagrada, será la Rama Judicial colombiana la que se ocupe de la jornada de hoy en los juzgados de Paloquemao.

Cuatro ángeles, que se han elegido entre sí, anuncian el comienzo del juicio. A ver si los reconocemos… Sí: son el magistrado Jorge Pretelt y los doctores Alberto Rojas y José Alfredo Escobar, quien exhibe su botín. En una maleta. El otro angelito es Julia Emma Garzón pero no está presente porque, una vez nombrada, renunció con una cuantiosa pensión celestial.

Los angelitos tocan las trompetas y el magistrado Mauricio González, conocido como ‘doctor Salsa’, no aguanta las ganas y azota baldosa con su señora esposa. Se inicia de esta forma la trascendental jornada.

En este momento ingresan Jaime Granados, Abelardo de la Espriella y Jaime Lombana, envueltos en una nube de camarógrafos y azufre: se disputan a Lee Harvey Oswald y otros clientes mediáticos. Acá tenemos a Granados:

–Doctor, en directo: ¿a quién representará en el juicio de hoy?

–Al emperadorcito aquel de baja estatura...

–¿Al doctor Uribe?

–No, a Napoleón.

Hace bien porque, al parecer, el doctor Uribe ya perdió el juicio. Y atención, atención porque en este momento llega el Todopoderoso, sí señor, el Dios verdadero: “¡ese es, ese es!”, grita la concurrencia que abarrota los estrados judiciales. El senador Roy Barreras inviste al Salvador con la Cruz de Boyacá. Magistrados y jueces se aprestan a asesorarlo. Guardias del Inpec traen en fila a Hitler, a Atila, a Osama bin Laden y al monstruo de Los Andes. Corrijo: al de La Sabana, aquel que tildó a los homosexuales de enfermos. El procurador Ordóñez, que acaba de sentarse a la derecha de Dios Padre, pide su absolución inmediata.

Uno de los condenados (al parecer es José Stalin) interpone una acción de tutela ante el magistrado Pretelt. Congresistas de todos los partidos rodean al Creador y lo convencen de que se conforme una comisión de acusaciones que garantice celeridad y eficacia. Ellos mismos van a integrarla. Contratarán abogados por 10 millones de pesos cada uno, porque ninguno estudió derecho.

Ahora cruzan el cielo los cuatro jinetes del Apocalipsis que toman tinto sobre su caballo. El expresidente Ernesto Samper levanta la mano y sugiere que haya separación de poderes, como en el sistema venezolano, que está inspirado en el Todopoderoso: es decir en Maduro. El presidente Santos lo interrumpe y anuncia una reforma a la justicia de cuya redacción encargará a Simón Gaviria. Y estalla gran barullo porque dos arcángeles sorprenden al hijo del magistrado Miranda en pleno ajetreo dentro de uno de los carros de fuego del fin del mundo. Su papá ya lo rescató. Los arcángeles fueron despedidos.

En este momento, San Gabriel llama por el altavoz a Kim Jong-il, Pol Pot y la cúpula uribista para que comparezcan, pero estos últimos alegaron no tener garantías y huyeron del país.

Y mucha atención porque nos informan que el magistrado Pretelt aceptó la tutela interpuesta por Stalin y el líder soviético queda en libertad. Sí señor. Y al mismo tiempo se conocen las primeras decisiones, atención: un juez de garantías otorgó a Hitler su casa de campiña por cárcel porque consideró que no representa peligro para la sociedad. La comisión de acusaciones exoneró a Pinochet. E interrumpimos la información porque agentes del CTI encuentran micrófonos ocultos en la Poltrona Divina, urgente. Los reflectores señalan a María del Pilar Hurtado, pero atención, última hora, Asojudicial amenaza con entrar en huelga: corre riesgo el juicio final.

Mientras lo deciden, alias Job convocó una rueda de prensa, acá está:

–Doctor Job, en directo: ¿qué anuncio quiere hacer?

–Es que ese man de barba de allá era paraco: lo llamábamos alias ‘Paráclito’.

Atención, entonces: el Todopoderoso, implicado en escándalo paramilitar. En este momento lo arrestan y lo dejan esposado al columpio de un parque aledaño a un CAI mientras liberan una celda, porque entre campesinos de ruana y Andrés Camargo las tienen atiborradas. Repetimos: cae preso el Redentor. Y toma su lugar en la poltrona el exmagistrado Alberto Rojas, a quien Roy Barreras impone ahora la Cruz de Boyacá.

(Nos informan por el interno que alias Job recuperó la libertad porque la acusación le valió una gran rebaja de penas. Lo mismo sucede con los hunos, cuyos términos vencieron porque doña Ruth Marina Díaz, quien los debía juzgar, se halla en un crucero).

Y ya hay anuncio de Asonal: sí, definitivamente los jueces van a paro. Se suspende el juicio. Aunque, atención, urgente, urgente: en este momento irrumpe el expresidente Gaviria y pide una ley de punto final para todo el mundo. Y es con-ce-di-da, señoras y señores, a pupitrazo limpio.

Quedan, pues, en libertad Mao Zedong, Khoeimini, Mussolini e Iván el Terrible, es decir, Iván Moreno, entre otros malvados de la historia. Todos anuncian que demandarán al Estado. ¡Que Dios nos proteja! Y si no Dios, al menos el sargento del CAI en que lo tienen retenido.
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