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Opinión

  • | 2015/11/14 22:00

    Todo lo que quiso saber sobre la adopción igualitaria (y nunca se atrevió a preguntar)

    Pepa Merchán, prominente dama del jet set capitalino, asiste a una consulta psicológica donde el costosísimo doctor Chasko porque le preocupa el comportamiento de sus hijos.

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¿Pueden criar hijos sanos dos personas del mismo sexo?

Pepa Merchán, prominente dama del jet set capitalino, asiste a una consulta psicológica donde el costosísimo doctor Chasko porque le preocupa el comportamiento de sus hijos.

– La nuestra es una familia ideal, como de comercial de seguros, doctor: a Jorge le va divinamente con la empresa y no hay fiesta de Vicky Turbay a la que a mí no me inviten. El problema son los niños…

– ¿Y qué pasa con los niños, mi señora?

– Son muy problemáticos, doctor: Alejandro, el mayor, mete drogas… La menor no me habla. Y los mellizos solo miran su ipod.

– ¿Y desde hace cuánto sucede todo esto, mi señora?

– La niñera y el chofer me dicen que no saben bien.

– ¿No les faltará más atención?

– Bueno: son la niñera y el chofer de toda la vida, quizás les falte atención, pero son honrados.

– Hablo de los niños: ¿sí tienen la atención suficiente?

– Claro: siempre les he dado todo lo que quieren, como les decía anoche a mis amigas de Mesa de Yeguas…

– ¿Ha detectado comportamientos anormales en alguno?

– ¿Como qué? ¿Como que sean gais o algo así? ¡No, doctor! Y no es que tenga nada contra los gais; yo voy a las fiestas de Kike Sarasola en Cartagena, y todo, pero en la familia todos somos gente normal… ¡Dios nos libre de lo que se nos viene con la adopción gay!

– ¿No le gusta la adopción igualitaria, mi señora?

– No, doctor, y así lo comentaba esta tarde con mis amigas del club. Los niños deben ser educados por un hombre y una mujer. En nuestro caso, una empleada y un conductor. Pero nunca por dos conductores o dos empleadas.

¿Exactamente cómo es una familia normal?

A pesar de su apellido, monseñor Castro sienta a un niño sobre las piernas para explicarle los conceptos católicos de la procreación.

–¿Te leíste los versículos?

– Sí, padre, pero no comprendí muy bien el misterio del Espíritu Santo…

– Bueno: el padre de Jesús fue una paloma. O un palomo, mejor, porque no era homosexual. Y la madre era virgen. ¿Qué no comprendes?

– ¿Y ellos engendraron a Adán y Eva?

– No, eso es antes, en el Paraíso, donde solo vivía Adán.

– ¿Y Eva?

– Eva sale de la costilla de Adán.

– ¿O sea que Adán se casa con su costilla?

– Bueno: si lo quieres ver así, sí…

– ¿Y se la come?

– Pues… cómo te dijera… sí…

– ¿Con guantes de plástico y todo?

– Procrean. Procrean y de ahí venimos nosotros.

– ¿Todos los seres humanos?

– ¡Todos!

– ¿Mi familia?

– También viene de ahí…

– ¿Todas las familias, como la de Norberto el peluquero?

– ¡No! ¡Esa no es una familia! Familia es únicamente hombre y mujer.

– O paloma y virgen. O costilla y esposo.

¿En el fondo, son homosexuales los homófobos?

El expresidente y el señor procurador yacen desnudos, en la cama. Las sábanas les cubren hasta las tetillas. Ambos miran hacia el techo. En el piso podemos ver un reguero de ropa: tirantas, crocs, un sombrero vueltiao, un cilicio.

–Por Dios, presidente, ¿qué nos sucedió? ¡Nos la fumamos verde!

– Ay, ay, procurador, por el padre Marianito: ni me di cuenta en qué momento pasó todo.

– ¡Estamos en pecado! ¡Fue el diablo el que me empujó la mano!

– ¡Ahora nos vamos a volver promiscuos! ¡Y yo que quería darle buen ejemplo a los niños!

– Malhaya la hora, presidente: ahora comprendo por qué hablaba siempre del proceso de paz con alusiones a la vaselina…

– Y yo de que la culebrita seguía viva …

– Y yo de los simpatizantes de las Farc que estaban en el clóset..

– ¡Con razón a mí me gustaba chuzar!

– ¡Nos reprimíamos! ¡Éramos nuestro propio Esmad!

– Oístes: esto no lo puede saber nadie.

– Claro que no, por Dios, presidente: qué dirían mis hijas, ¡qué diría mi mujer! Desaparezcamos toda evidencia…

– Traeme entonces una curita acá para el labio, que me raspastes con el colmillo …

– Yo sí había manoseado servidores públicos, pero jamás de esta forma…

– ¡Y yo que le quería dar en la cara a la mechuda!

– Tenemos que rezar con mucha fuerza para curarnos… Y negar lo que nos acaba de pasar: negarlo como si se tratara del holocausto nazi…

– Lo que más me preocupa es que a juntos nos gusta repetir…

– ¡Qué drama de carácter moral sin antecedentes!

– Oístes, ¿y si pedimos ayuda?: Luis Carlos es psiquiatra… Y el mismo Pacho sabe poner electrochoques.

– ¡Ni pensarlo! Júreme, presidente, que no le contará esto a nadie, y que mandará a volar en helicóptero a quien se entere! ¡Júremelo por esos ojos color miel!

– Y vos jurame por lo más sagrado que esto no va a afectar nuestra amistad…

– Se lo juro por Laureano, presidente...

– Bueno: a vestirnos, que tenemos que salvar al país…

– Sí, de tanta ruina moral.

– Pasame, pues, los crocs…
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