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Opinión

  • | 2015/03/21 22:00

    Un referendo para Paloma

    Soñemos en grande, sí señor, como buenos uribistas, con una sociedad de arios.

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De Paloma Valencia recordaba la vez que padeció una posesión demoniaca en plena sesión del Congreso: de un momento a otro emitió furiosos bufidos, la voz se le puso repentinamente ronca y el pelo se le electrizó como si fuera una esponja, una medusa: el maligno había tomado dominio no solo de su bancada, sino de su cuerpo, y la convirtió en la verdadera alias la Mechuda, en la propia doña Mechas cuando era joven.

Por eso me resultó emocionante la invitación que me formuló para que viajáramos juntos al Cauca: será mi oportunidad de conocerla en persona. Y de conocer el Cauca. Y de practicar, por qué no, el primer exorcismo de mi vida.

Los hechos sucedieron así: Paloma escribió en su cuenta de Twitter que “Las tierras del Cauca son de sus dueños legales; lo de los indígenas es una invasión violenta…” y yo la felicité porque finalmente alguien había sido capaz de defender al desvalido terrateniente blanco, acorralado históricamente por el despiadado aborigen nacional.

Ella, entonces, dijo que me invitaba a visitar la tierra de sus ancestros para demostrarme, allí mismo, quién tenía la razón.

Y yo, que inicialmente pensé en zafarme con alguna excusa, he decidido aceptar. Sí señora. Voy. Me animo.

Quiero decir: no es que muera por viajar con Paloma Valencia, porque, seamos sinceros, ¿cómo puede ser un paseo con ella? ¿Se dejará tomar del pelo, al menos en un necesario sentido literal? ¿Viajará con canguro? ¿Y qué llevará en él? ¿Fotos de Uribe? ¿Poemas? Y algo más: ¿qué sentirá uno al segundo día de convivencia, cuando la senadora comente alguna de sus ocurrencias? Porque Paloma es ocurrente, como se pudo ver esta semana, cuando propuso convocar un referendo para que el departamento del Cauca se divida en dos. Cito textual: “Un departamento indígena y otro para los mestizos”.

Paseo, lo que se llama paseo, irse en un planchón por el río Magdalena con Víctor Pacheco y un montón de magistrados en pantaloneta al son de unos vallenatos: eso sí es paseo. Pero ir al Cauca con Paloma Valencia…

Y, sin embargo, el país está tan insoportable que necesito escapar: en una misma semana, la Corte Suprema pide circular roja para el Pincher Arias; se resiste a renunciar el magistrado Pretelt y la Corte Constitucional resucita la revocatoria de Petro, como si a estas alturas la única revocatoria que debieran pedir sus miembros no fuera la suya propia.

De modo que me animo, doctora Paloma: acepto. Vámonos. Ir al Cauca con usted, además, será como viajar en el tiempo: la visualizo entrando en esas tierras trajeada con impecable armadura, la cruz enarbolada en estandarte de tela, la espada en el cinto, dispuesta a reconquistar hectárea por hectárea la totalidad del departamento en el nombre de su estirpe. La asistirá un fraile, quizás alias el Curita Velásquez. Y con ayuda de él cambiarán espejitos por oro porque, de todos modos, mi señora, usted no es vanidosa: no los necesita.

De este modo, quedará zanjada la injusticia histórica cometida por aquel centenar de crueles indígenas, provenientes de tierras lejanas en tres carabelas, que despojaron de sus tierras a los latifundistas de apellido decente.

No veo, pues, la hora, de viajar con Paloma. Debatiremos algunos detalles para que su propuesta del apartheid caucano tome forma, porque quedan detalles por pulir. Por ejemplo: ¿cómo se dividirá el territorio? ¿Con una zanja llena de cocodrilos? ¿Con un muro de concreto, a la manera del de Berlín? ¿Qué sucederá con las sirvientas y escoltas indígenas que trabajen para los mestizos? ¿Tendrían un salvoconducto para transitar de una frontera a la otra? En caso tal, ¿habrá baños para los mestizos y letrinas especiales para los indígenas? Pero sobre todo: ¿qué sucederá con la gente de raza negra, a la que la senadora no contempló en su propuesta? ¿Los confinarían en un campo de concentración?

Soñemos en grande, sí señor, como buenos uribistas, con una sociedad de arios. De Andrés Felipe Arios. Por eso, a manera de borrador, he redactado el texto del referendo que la senadora podrá hacer aprobar en el Congreso con la ayuda de su bancada. O de su bloque. Lo ventilo mientras se me da la oportunidad de entregárselo personalmente para que lo guarde en su canguro:

Referendo (por medio del cual se divide el departamento del Cauca en uno para indígenas y otro para gente con alma).

1. ¿Acepta, sí o sí, que se divida el departamento del Cauca con una alambrada que permita a los indígenas disfrutar del 3 por ciento de las tierras sin entrometerse en el 97 por ciento restante, que será de mestizos de apellido Valencia, Mosquera, Chaux o Iragorri?

2. ¿Acepta, sí o sí, que los indígenas tengan un lugar especial en los buses, concretamente el corredor, para que puedan vender dulces?

3. ¿Acepta, sí o sí, que si un mestizo se casa con una indígena, su escudo familiar pierda al menos una torre y no se le permita el ingreso al Club Popayán?

4. ¿Acepta, sí o sí, que esté bien visto andar despelucada?

5. ¿Acepta, sí o sí, que todo aquel que tenga circular roja sea indultado?

Apruébese y cúmplase.

Y otórguese un espejito a quien vote a favor.
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