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Opinión

  • | 2014/10/25 22:00

    Una terapia de pareja entre Uribe y Santos

    "Señores presidentes: soy la doctora Nader y me manda el país entero para ayudar a que se reconcilien..."

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_Señores presidentes: soy la doctora Nader y me manda el país entero para ayudar a que se reconcilien...

– ¿Nader? ¿Sos algo de mi amigo Carlos? ¿Sigue libre? ¡Me lo saludás!

– El de ustedes era un matrimonio muy sólido… ¿Qué les pasó? A ver, papá Álvaro, comencemos por ti: ¿ya no quieres a Juan Mamá?

– Otra pregunta, amiga terapista. Otra pregunta.

– Entonces tú, Juan Mamá: ¿qué es lo que pasa?

– Es que Álvaro cree que lo traicioné, pero yo no he traicionado a nadie…

– Ja, mirame a este… ¡Si vos no me cuidastes los huevitos!

– Si quieren después pasamos a la parte sexual, pero por ahora indaguemos en este sentimiento: ¿es verdad que tú lo traicionaste, Juan mamá?

– No, no: yo solo cambié de posición, pero es que solo los imbéciles no cambian de posición.

–¿O sea que Roy Barreas es Einstein o qué, so gran m…?

– ¡Por favor, sin insultos! A ver, Juan Mamá: sigue hablando…

– Yo he tratado de contentarme con Álvaro, pero él no quiere.

– ¡Qué tal! Te largás con la moza castrochavista ¿y querés que te perdone? ¡Si ahora sos íntima de Maduro, descarada!

– ¿Pero acaso crees que te voy a cambiar por un caudillo tropical que grita como loco? Si para eso te tengo a ti, tontito… Ven más bien y démonos un abrazo.

– Tocame y lo verás, te voy es dando en la cara m…

– Démonos uno chiquito, al menos, un abrazo de osito… De Osito Escobar.

– Vos me traicionastes, ¡canalla!

– Álvaro, no seas tan duro conmigo.. Yo también podría quejarme de ti, pero quiero que arreglemos las cosas…

– Ja, oíme a este…

– A ver, suéltalo, Juan mamá: que tienes por decirle a Álvaro.

– Él ya no me toca.

– Es que ya no me gustás…

– ¿Ve, doctora? Es muy hiriente… Antes vivía cargado de tigre, pero ahora nada de nada…

– ¿Y eso, Álvaro? ¿La culebrita ya no está viva?

– Con este prefiero aplazar el gustico…

– ¿Y por qué no rompen la rutina? ¡Úntense mermelada! ¡Utilicen disfraces!

– A Álvaro yo solo le gusto cuando me disfrazo de uribista, como hace cuatro años.

– A ver, pero ahora oigamos a Álvaro: ¿el sexo cómo está?

– Sigo siendo varón.

– Pero, digo… ¿hay deseo?

– Lo que yo deseo es que a este canalla le vaya muy mal, así al país también, no me importa…

– Pero no se dejen llevar por ese dolor… En toda relación hay altibajos, no sean bobitos ambos… ¡Oigan a su corazón!

– Este no tiene, amiga terapista: yo puse al hacker de mi afecto a interceptarle el corazón y no lo encontró.

– Óiganme los dos: el amor es como el Palacio de Justicia: donde hubo fuego, cenizas quedan: ¿por qué no lo intentan de nuevo? ¡Solo se vive una vez: ¡ámense!

– Yo le jalo, Álvaro. Y puedo grabar en una tabla que no volveré a traicionarte. En la misma en que dije que no subiría los impuestos.

– Es que vos creés que el amor es esfuercito de caballo discapacitado, y eso me duele.

– A ver, qué tal si ambos empiezan a reconquistarse… Tú, Álvaro: ¿qué pasa si un día sorprendes a Juan Mamá con una serenata, por ejemplo?…

– ¿De tuna?

– O de Jorge Oñate, que te daría descuento... Y tú, Juan Mamá: ¿qué tal si sorprendes a Álvaro con un detalle: una bomba plateada, un potro castrado?

– Él ya tiene muchos animales…

– ¿O qué tal un viaje romántico para revivir ese amor?

– Ja, este me termina llevando a La Habana.

– Y tú a tu finca de Montería, Álvaro, a oler boñiga.

– Por favor, ¡piensen en los niños! ¡Piensen en todo lo que compartieron!

– …

– …

– ¿Te acuerdas cuando estalló el escándalo de los falsos positivos que destituimos a todo el mundo menos a nosotros?

– Jeje, sí… Eso fue charro…

– ¿Y qué tal cuando te pedí la mano y me diste la de Iván Ríos?

– Jaja, sí… ¿Y vos te acordás cuando violamos la frontera ecuatoriana y tiramos bombas?

– Jajaja, no me hagas acordar de eso, que me da risa.

– Jajaja, esa cara de Correa…

– Jajaja.

– Pero mucha risita y ahora te amistastes con él, ¡sinvergüenza!…

– Pero es algo pasajero, Álvaro, y lo sabes…

– ¡Pasajero mi papá en la avioneta de Tranquilandia!: venite y sé varón, ¡canalla!

– ¡Rufián de barrio!

– ¡Traidor!

– ¡Nazi!

– ¡Derrochón!

– Bueno, bueno, calma, señores, no se insulten más: ¿qué tal si hacemos que ese resentimiento aparezca vestido de guerrillero en Soacha y se vuelven a amar?

– Envidioso, Álvaro Obdulio, eso eres tú: un envidioso… Si el proceso de paz es tuyo, todo está perfecto; pero si lo hago yo, quién dijo miedo… que comunista, que castrochavista… lo boicoteas… filtras los viajes a Cuba… ¡Estás violando la ley de inteligencia! ¡Ni que fueras mi primo Pacho!

– Oístes: yo ya no siento amor. Eso es lo que pasa.

– ¿El tal amor no existe?

– No, presidente Santos: ya no me movés la aguja. Lo mejor es que hagamos capitulaciones. Yo hago 52 que pueden ser más.

– Eso, Álvaro, muy bonito: ¡entonces no luches por la relación y empaca las maletas!

– Ya las empaqué: el senador Cabrales ahora las recoge…

– ¡Calma, señores, dense una oportunidad!: “la voluntad es más potente que la energía atómica”.

– Oistes, ¿eso quién lo dijo?

– Ya no sé si Einstein o Roy Barreras.
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