Lunes, 20 de febrero de 2017

| 2016/10/29 00:00

Los Santos de Buckingham (comedia de teatro)

Un cuarto en Palacio. Una maleta sobre la cama. Ropa y más ropa regada por todos lados. La pareja presidencial prepara su viaje a Londres para atender la invitación de la reina de Inglaterra.

Daniel Samper Ospina Foto: Guillermo Torres

–Tutina, por favor: esta es la séptima maleta que llenas de ropa: como Germán se entere, nos monta otra marcha…
– Sí, Juan, pero es que me da nervios no saber qué ponerme allá… Y la reina es tan elegante que no podemos quedar como los indígenas de Chiribiquete que decía uno de tus exministros: ¡que sepan que en Colombia hay vida humana!
– Pero llevas una maleta entera de sombreros…
– La reina tiene sombreros, Juan.
– Y otra de vestidos de baño con sus salidas.
– Pues uno nunca sabe.
– Pero allá ya casi es invierno.
– Ay, Juan, ya: yo me encargo de las salidas y tú de las entradas…
– Cla-claro: para eso hice la reforma tributaria con Mauro…
– ¿Mauro mi hermano? ¡Ay, qué dicha, mi amor! Pero no has debido, mi vida, con haberlo nombrado negociador era más que suficiente… De todos modos, gracias: muy amoroso tú, como siempre…
–Tutina: hablo de Mauro Cárdenas: va con nosotros…
– ¿Nos llevamos a Cárdenas?
– Sí.
– ¿Pero a dormir y todo allá?
– Pues sí. Quería hacer shopping en Londres porque acá todo está carísimo.
– Pero es que se les fue la mano, mi vida: gravaron hasta el mármol…
– Co-como lo prometí: yo dije que gravaba impuestos sobre el mármol… o algo parecido.
– Mi amor, ¿y Cárdenas si sabrá de etiqueta? Donde baje en chancla y bata a desayunar con la reina, me desmayo…
– Tutina: si alguien en Colombia tiene mundo, ese es Cárdenas. Su hermana va de embajada en embajada desde hace años. Preocupante llevarnos a algún calentano: Cristo o el ministro de Ambiente…
– ¿Cómo es que se llama?
– No lo recuerdo ahora: pero Cárdenas es Cárdenas, my dear…

Martín irrumpe emocionado en el cuarto.

– Mami, mami: ¿me revisas la ortografía de esta carta? Se la quiero entregar al príncipe Harry para invitarlo a un encuentro organizado por la Fundación Buen Gobierno: ¡vamos a hacer un encuentro de príncipes!
– Ay, Martín: qué orgullo. Juan, mira a tu hijo: va a Londres pero piensa en trabajar. Eso es hacer patria.
– Ese es mi niño.
– Voy a hacer el mejor encuentro de príncipes del mundo. ¡Y en Cartagena!

Martín sale del cuarto cantando “Nuestro amor es azul como el mar azul”.

– ¿No es divino?
– Sí, pero que no se nos pase a la cama cuando estemos allá, porque qué vergüenza.
– Pobrecito, Juan, no lo molestes: no puede dormir desde que toma tanto café… Hasta con los hijos de Uribe…

Entra María Antonia con su esposo golfista.

– Papi, ¿Sebastián puede llevar su talega?
– Pepé…
– ¿Ah?
– Pe-pero qué te pasa, María Antonia, por favor, si no vamos a Anapoima: vamos a Buckingham…
– Ay, por fis, por fis: ¿sí?
– Bueno, que la lleve: uno nunca sabe…
– ¡Gracias, papi!

María Antonia sale de escena con su sonriente esposo, quien levanta el puño al aire, en señal de victoria, como cuando se casó...

– ¿Y tú que te vas a poner, mi Juan?
– El esmoquin naranja…
– ¿Estás loco? Mejor te echo en otra maleta ropita elegante, mi vida…
– ¿Pipí?
– ¿Ah?
– ¿Pi-piensas llevar otra maleta?
– Sí.
– ¿Aparte de la maletota que ya llevamos?
– ¿Te refieres a Mauricio?
– No nos van a recibir con tanto equipaje…
– Más bien ayúdame a pensar qué les llevamos de regalo: la vez pasada le dimos al príncipe Carlos pitahaya y cacao amazónico; y eso les mató…
– Sí: eso me dijo su gastroenterólogo…
– … pero esta vez démosle a la reina algo más excéntrico, de nuestra fauna… Un chigüiro, un armadillo… Un uribista…
– ¿Un cangrejo azul?
– Eso fue lo que dimos en el matrimonio de María Antonia y nos criticaron…
– Entonces un cangrejo de otro color…
– Yo le llevo también una hamaca de El Balay.
– ¿De Herbalife?
– De El Balay, un almacén de artesanías.
– Y hay que llevarles las 297 páginas del acuerdo para que las lea…
– Iba a meter el acuerdo en la maleta de trajes de fantasía, pero no me cupo…
– ¿Llevas una maleta de trajes de fantasía?
– Pues claro, mi amor…
– ¿Con cacá?
– ¿Ah?
– ¿Ca-canutillos y todo?
– Pues uno nunca sabe…
– ¡Estás loca! Fantasía escaparse de este país: no me aguanto más a Marta Lucía…. Es muy pesada.
– Por cierto, Juan, eso cómo va…
– Bien, aunque me están acusando de dividir a los del No.
– ¿Y sí?
– ¡No!
– ¿Y entonces?
– Pues no sé…
– ¿Pero les vas a parar bolas?
– Sí. ¿O no?
– ¿A los del No?
– ¡No! ¿O sí?

Entra Esteban con un manual de protocolo en la mano.

– Mami: cómo se debe saludar a la reina, acá no encuentro nada…
– Ay, mi amor: pues le besas la mano.
– ¿No es el anillo?
– No mi cielo: ¡se besa el anillo de los obispos!
– O de los policías...
–¿Y podemos practicar con Germán?
– No, mi vida: nos monta otra marcha de protesta…
– Tutis: ¿Cua-cuántos años tendrá la reina?
– Ay, Juan: eso no se pregunta.
– ¡El presidente puede hacer la pregunta que se le dé la gana!

Sale Esteban de escena.

– Bueno: esta maleta quedó repleta…
– ¿Metiste el acuerdo?
– No cupo.
– ¡No, Tutina! Mételo, así sea a la fuerza: siéntate encima y yo cierro.
– ¿A la fuerza?
– Sí: me importa popó.
– ¡Juan!
– Po-poco lo que digan los demás.
– La maleta quedó muy pesada…
– Pero no tanto como Marta Lucía. 

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