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Opinión

  • | 2014/03/22 00:00

    Último 'tour' por Petrópolis

    Detrás de ese atracador pueden ver el primero de los mil jardines infantiles que el alcalde iba a construir, a razón de cien por día.

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Señores y señoras, exfuncionarios y exfuncionarias de la Bogotá Humana, bienvenidos y bienvenidas al promocionado paseo turístico por lo que quedó de Petrópolis en este bus descapotable que permite al turista inhalar el aire primaveral de la Avenida Caracas y facilita la vida al hermano ladrón. Guarden sus relojes que el recorrido está por comenzar.

Iniciamos nuestra ruta turística en este bello edificio del centro donde funciona la Procuraduría de la Nación, lugar al que el alcalde de Bogotá, en un acto de tolerancia y compasión cristiana, ayudó a trepar a Alejandro Ordóñez. Justamente pueden ver al doctor Ordóñez llegando a su despacho: es aquel señor bien alimentado que sube las escaleras, vestido con capa, botas de cuero y un estandarte de la Virgen María. Noten la forma en que saca la lengua como un latigazo para deglutir a los funcionarios de izquierda que se le aproximen.

Bien. Atravesamos ahora este barrio en el que el nuevo sistema de basuras no funcionó del todo: sacúdanse las colillas del pelo, quítense las cáscaras de banano de los hombros, y observen a su izquierda a un ladronzuelo en acción. Noten sus maneras, su elegancia: es el famoso ‘caco’ bogotano. Quizá se trate de un concejal. El turista que quiera puede sacar su cámara para que tenga un recuerdo. Para que tenga un recuerdo el concejal, aclaro, porque seguramente se la rapará como si se tratara de una tajada presupuestal.

Soportamos el trancón formado por este camión que descarga en horas pico frente a Carulla, enfilamos camino hacia los talleres del 7 de agosto, donde, dada su vocación para polarizar, el alcalde solía polarizar él mismo su camioneta, y llegamos ahora a la Carrera Séptima, por donde iba a pasar el tranvía liviano o ‘Petro ligero’. Solo quedaron hechos los huecos por donde transitaría. Tómense fuerte de la manija que pasaremos por varios de ellos.

Ahora les echamos el carro a estas motocicletas que nos adelantan subiéndose por el andén peatonal, y llegamos a la Avenida Boyacá, por donde iba a pasar el ‘Petro pesado’. Nos bajaremos un rato en este barrio de invasión para que tomen fotos. Acá el alcalde solía tirar pedacitos de subsidios a sus moradores, como si fueran palomas. Era el alcalde de la paz.

Sigamos

A su derecha tienen estos lotes abandonados, llamados ‘petreros’, cuyo suelo, por disposición del nuevo POT, es de uso reservado de la perrita Bacatá, y no de ‘las mafias de la construcción’. En estos pilotes a medio hacer iba a quedar la ALO, que ya no sería una avenida longitudinal, sino un nuevo programa de Canal Capital, ALO, Alcalde, dirigido por Hollman Morris, el reportero del amor, y no por las mafias de los periodistas de la oligarquía.

Pasamos por lo que iba a ser un centro de drogadicción, donde el mismo doctor Ordóñez, adicto al poder, iba a recibir sus nuevas funciones; detrás de ese atracador pueden ver una de las casas donde se pensaba abrir el primero de los 1.000 jardines infantiles que el alcalde iba a construir a razón de 100 por día; cerramos a este deshabitado bus azul del SITP, superamos esta volqueta de Aguas Capital que está varada, y llegamos al parque de los novios, donde el exfuncionario Daniel García-Peña conoció a la exfuncionaria de su mujer, y estuvieron a punto de concebir funcionaritos detrás de aquel arbusto. También fue acá donde la primera dama del distrito, cacerola en mano, protagonizó algunas escenas de la política del amor, debido a que cuernos y verónicas ya no tenían lugar en la plaza de toros.

Aprovechamos el paso por la sede de la Registraduría para pedirle al registrador que de todos modos ejecute los dineros de la revocatoria por si Pacho Santos piensa ser alcalde, y llegamos ahora sí a la Plaza de Bolívar, el histórico lugar donde se congregó la izquierda en pleno, en la que se conoció como la Marea del Mustang suelto. Fue una gran muchedumbre, la mitad de la cual eran exsecretarios de la administración que duraron 15 días en sus puestos antes de renunciar por asuntos personales. Y es ese balcón por donde ahora se asoma la alcaldesa encargada, la perrita Bacatá, que el burgomaestre convocaba, humilde, ya no a la gente de Puentearanda o de Engativá, sino al mundo entero, para que se movilizaran en su favor en las plazas de Tahrir, de Oslo. Porque era el alcalde del mundo. (En la plaza podrán observar placas de mármol con las frases de nuestros próceres: “Las leyes os darán la libertad”: Santander; “Consolidad la unión y bajaré en paz al sepulcro”: Bolívar; “Todo fue un pecueco cálculo político”: Petro).

Por favor subamos al bus. Dejemos que pase este taxi en el que están cometiendo un paseo millonario, atravesemos esta averiada máquina tapa huecos, que será donada a la defensa de Millonarios, y regresemos de nuevo a la Procuraduría General, donde se acaba el recorrido.

Fue en este sitio en que el procurador deglutió al alcalde Petro y luego hizo la digestión por 15 años. Tómense una foto ante esta papaya de bronce, que instaló la ciudadanía a modo de lección para que los políticos aprendan a no vender sus votos; a ser coherentes. Tómense su tiempo para bajarse por la puerta de atrás, como lo hizo el alcalde. Y mil gracias por su atención.
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