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Opinión

  • | 2016/05/14 00:00

    Uribe guerrillero

    "Yo le decía al nietecito cuando lo cargaba: ¿estos creían que se podía firmar la paz sin que yo fuera protagonista? Ya voy Toño".

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El día que el gobierno de Santos bombardeó la zona franca de Tomás y Jerónimo y mataron unas gallinas, y unos caballos de paso, nos fuimos para el monte. Lo de las gallinas nos dolió porque queríamos inscribir algunas para las legislativas del próximo año. Y lo de las bestias también, porque uno nunca sabe para qué le van a servir, si nombrarlas en dónde o ponerlas a que voten o qué. Entonces yo ahí sí dije: primero nos declaramos en resistencia y después a las armas, muchachos, a rebelarnos contra el Estado opresor.

Me recuerdo que ese mismo año habían agarrado a mi hermano, y eso era uno corriendo para todo lado: que si él era el jefe de los apóstoles; que si Óscar Iván se iba a los Estados Unidos; que si esto y lo otro. Y encima que si Tomás y Jerónimo aparecían en el Panamá Papers.

Entonces yo pensé: “Va a tocar que refundar el partido desde la clandestinidá porque el presidente Santos es pirobo canalla de la oligarquía castrochavista y con él no hay es nada, y armar tremendo zaperoco con algo para que no hablen más de los pelaos y sus negocios raros”.

Al principio llamé a la desobediencia civil. Eso yo salía y hablaba en todo lado, y les decía a los de la bancada: “Vean, muchachos, acá nos toca es hacer respetar la colectividá, porque no vamos a dejar que el país haga la paz con terroristas FAR”.

Nosotros no íbamos a apoyar la paz con impunidá, a menos de que fuera la nuestra. Si era impunidá para quienes cometieron alguna cosita indelicada defendiendo los intereses superiores de la patria, como el comandante Noguera o el hijo Carepuño, claro que sí, se le hace.

Pero si es paz con impunidá para terroristas FAR, no lo íbamos a permitir, porque a ellos hay que darles chumbimba, o al menos una suite en el hotel Tequendama.

En antes, nosotros respetábamos tanto la ley que la modificábamos hasta que quedara bonita. Eso uno cogía articulitos y los iba cambiando y cambiando hasta que le gustaran, o invitaba a los demás a que votaran ligero antes de que los metieran presos.

Pero ya cuando le ponen a uno la ley en contra, y eso es búsquele por acá y búsquele por allá, que al hijo, que al hermano, pero a los terroristas FAR sí nada, toca que agarrar el camuflado.

Yo hasta ahí siempre gritaba que todas eran calumnias de la oposición, merita persecución política. Armaba protestas en la calle pero advirtiendo de no pintar grafitis porque la ortografía nunca ha sido nuestro fuerte, y después iban y decían. Pero discutiendo con el comandante Obdulio, decidimos pasar al ataque, como se dice, y ahí fue que decretamos la rebelión civil y ya por ahí derecho, unos meses luego, nos inventamos lo del bombardeo de animales y empuñamos las armas ahí sí de frente.

Yo le decía al nietecito cuando lo cargaba: ¿estos creían que se podía firmar la paz sin que yo fuera protagonista? Ya voy, Toño. Y como por aquellos días se había muerto el autor de la rebelión de las ratas, dije: a hacerle un homenaje. Y así nació esto. Agarré el megáfono y grité a la muchachada:

–Vamos a hacer la primera resistencia civil para que haiga guerra.

Por ese año me recuerdo que yo todavía andaba de vestido y corbata y no me había colgado en el hombro la toallita que ahora llevo a todo lado. Crocs sí tenía desde esa época, como estos, vea. Es zapatico bueno. Pero la toalla la cogí fue después, para lavarme las manos. Y los tres huevitos.

Para animarlos a la resistencia, yo asustaba a los muchachos y les decía que se venía una cacería de brujas, cosa que preocupó a la doctora Cabal y a la misma comandante Paloma, la explosivista del frente Cauca, y les dije “más vale huyamos al monte” con todo y el subcomandante del bloque capital, Pacho Chino, pero no el de la FAR, sino el nuestro, uno chirriquitico que eso uno mandaba de acá para allá y él obedecía todo juicioso, sin chistar.

Entonces echamos para el monte, a derrocar las instituciones. Me recuerdo que la organizada fue brava porque tuvimos que reagruparnos con todos los de afuera, que andaban por toda parte. Eso teníamos gente en Canadá, en Miami, en Italia. El comandante Ternura no se quería venir, decía que eso para qué, pero el camarada Yamhure le dio ánimos y lo convenció de ponerse al frente de una columna bien violenta, como la que él escribía en los portales. Y eso era yo eche y eche gasolina a ver qué pasaba, hasta que de la resistencia civil ya pasamos a la rebeldía amada por el bien superior de la patria.

Y el resto de la historia usted la conoce. ¿Que por qué dejé con la silla vacía al presidente Santiago Pastrana? No por falta de voluntá, como decía la canciller Tanja, sino por falta de con-fian-za. Nosotros sí queremos hacer la paz, y agradecemos que hayan despejado todo el territorio antioqueño, pero no aceptamos condiciones como la de mostrar las rentas de Tomás y Jerónimo. Al potro no lo capan dos veces. Vaya y vea si en otro bombardeo me maten mis mulas, mis marranos, y ahí sí me quedo es solo, sin militancia ni nada”.

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