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Opinión

  • | 2004/05/02 00:00

    Daño colateral

    Es preocupante que el gobierno no tome medidas efectivas para frenar las consecuencias económicas que el aumento en las tasas de interés en Estados Unidos traerá consigo. El representante a la Cámara, Rafael Amador, escribe sobre el tema.

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Se despejaron las dudas existentes sobre la tasa de interés de la Reserva Federal de los Estados Unidos -FED-, luego de las palabras de Greenspan ante la Comisión Económica de este país. Lo cierto es que los mercados se inquietaron, lo que generó el alza de las tasas de los bonos norteamericanos durante la jornada del martes 20. Mucho se había especulado en los mercados sobre la posibilidad de que la tasa subiera en este primer trimestre del año, pero todo parece indicar que esto no sucederá hasta agosto o septiembre, pues la Reserva Federal aún no observa una recuperación sostenida del empleo, a pesar de que la cifra de marzo fue superior a la esperada, en más de 100.000 empleos. Sin embargo, todas las variables están listas para que la tasa suba: la inflación en marzo fue la mayor desde 2001, y la cifra de crecimiento del primer trimestre, cercana al 5 por ciento, muestra que la economía norteamericana ya empezó a despegar como esperaban las autoridades estadounidenses. Por eso, independiente del escenario político, antes de finalizar 2004 la FED intervendrá su tasa, aunque la tendencia muestra que serán ajustes sucesivos los que se tendrán por delante. En efecto algunos analistas, entre los que se encuentra Krugman y algunos de los propios miembros de la FED, argumentan que una "tasa neutral" estaría alrededor del 3,5 por ciento, es decir, más del triple de la que rige en la actualidad. A este nivel se llegaría después de evaluar los efectos del desahorro que ha venido experimentando Estados Unidos, producto del déficit fiscal que superó en 2003 los 500.000 millones de dólares y que ha repercutido sobre la cuenta corriente, la cual muestra en la actualidad una salida de transferencias que supera con creces el superávit de la balanza comercial. Como es apenas natural, cuando la FED decida subir su tasa, la economía colombiana sentirá los efectos de esta medida. Se prevé una salida masiva de capitales, que parece ya estar dentro de las cuentas de los agentes del mercado, quienes piensan que a diciembre de 2004, la tasa de cambio debe de estar por encima de 2.800 pesos, lo que representaría una devaluación cercana del 2 por ciento este año. Pero lo que sigue preocupando es que el gobierno no ha sabido aprovechar las condiciones favorables del nivel actual de la tasa de cambio. Su incapacidad para generar ahorro primario ha impedido que se cubra con dólares baratos, para cuando venga la época de un mayor precio. Un análisis sencillo indica que si la tasa de cambio sube los 200 pesos esperados, la amortización anual del endeudamiento requerirá cerca de dos billones de pesos adicionales, casi una reforma tributaria, sin tener en cuenta que los próximos años son críticos en vencimientos de deuda. Por eso se pide al Ejecutivo que tome las medidas necesarias para que el choque sobre la economía nacional sea el mínimo. No es cierto que una mayor tasa de cambio estimule las exportaciones, pues casi todas las materias necesarias para la producción son compradas en el extranjero y en dólares, por lo que el efecto es casi nulo. Al único que parece beneficiarle la medida es al propio gobierno, que obtiene mejores resultados en Ecopetrol y en el Banco de la República, pero olvidando que con este beneficio coyuntural lo que hace es generar un problema de desfinanciamiento mayor en el largo plazo. *Representante a la Cámara
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