Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 1994/07/18 00:00

DE CANDIDATO A PRESIDENTE

La primera frase de esta columna es para Andrés Pastrana.

DE CANDIDATO A PRESIDENTE

HE VIVIDO EN CARNE PROPIA LO QUE es una derrota electoral. Cuando Alvaro Gómez perdió frente a Virgilio Barco no pude levantarme de la cama en tres días. Al cuarto acepté una invitación a un restaurante y sentí que todo el mundo miraba con aires de victoria y de rechazo. Por eso, la primera frase de esta columna es para Andrés Pastrana. Un hombre que de la noche a la mañana puso tres y medio millones de votos, que logró unir hasta donde pudo al Partido Conservador, y quien en todo momento demostró gallardía y clase en una de las campañas más difíciles de Colombia y del mundo, por cuenta del empate que en todo momento registraban las encuestas. En otras palabras, Andrés Pastrana es un hombre decente y un fenómeno político que no se acabó en la noche del domingo. Con una campaña fresca, rápida en reacciones publicitarias, con capacidad de sorprender al electorado, con hechos como la elección de Luis Fernando Ramírez, quien fue un insuperable candidato a vicepresidente. Pero, ante todo, hay que reconocerlo, con una esposa que muchos hubiéramos querido ver al lado del nuevo presidente de Colombia. "Chapeau".

Ahora hablemos del nuevo Presidente. Como dije que iba a votar por él, como efectivamente lo hice, me siento con el derecho a cuestionarlo.

Superada la dura campaña electoral, en la que cada día tuvo que ajustarse ideológicamente a las circunstancias en una especie de beriberi intelectual que nos impide saber todavía cómo será el gobierno de Ernesto Samper, tendrá él que demostrarnos, en el curso de los primeros meses de su mandato, que es un mandatario consistente.

Del perdedor, me gustó la franqueza con la cual defendió el continuismo del gobierno de Gaviria. Del ganador, me preocupan las abstractas correcciones que promete efectuar sobre un esquema económico en el cual participó como ministro. Del perdedor, no me produjo confianza su acelerada carrera política, en la cual siempre pareció prevalecer la buena estrella sobre la experiencia. Del ganador, me encanta que haya aprendido de sus derrotas políticas, pero me preocupa un exceso de rivalidad frente a contendores que comienzan en su archirrival enemigo de gabinete, Rudolf Hommes, y culminan en su rival presidencial, Andrés Pastrana. Sé, porque me lo dijo personalmente, que Ernesto Samper no odia. Durante los meses que faltan para su posesión, en un país castigado por el odio, sería bueno que se acercara a tanta gente que después de esta campaña quedó derrotada o lastimada.

Ernesto Samper ganó en justa lid. La luchó sin desfallecer. Fue valiente -en momentos como en el debate por televisión, advertido de que podría perder-, y hasta última hora las encuestas lo desestimaron.

Los que votamos por Ernesto Samper como candidato, estamos a la espera de votar por él como presidente.-

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