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Opinión

  • | 2011/10/13 00:00

    De chofer a canciller

    Pero tanto los que lo admiran como los que lo critican deben saben que para bien o para mal, Nicolás Maduro, el chofer de metro, se convirtió en uno de los Canciller Históricos de Venezuela.

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El próximo mes de noviembre Nicolás Maduro Moro se convertirá en el segundo hombre en ostentar el cargo de Canciller durante más tiempo en Venezuela, tan solo superado por Pedro Itriago Chacín, el cual permaneció en el cargo durante 14 años y 7meses, bajo la dictadura de Juan Vicente Gómez, y superando Esteban Gil Borges con 5 años y 2 meses aproximadamente, Canciller de Lopez Contreras. Ya ha superado a Miguel Ángel Burelli Rivas, Arístides Calvani Silva e Ignacio Marcos Iribarren Borges los cuales duraron 5 años en el cargo.

Nicolás Maduro es Canciller de Venezuela desde el 7 de agosto del 2006 y el segundo ministro de mayor permanencia en el convulso cuerpo ejecutivo chavista, después de Rafael Ramírez. Maduro es para Chávez lo que Felipe Pérez Roque fue para Fidel, un hombre cercano y depositario de su plena confianza, guardadas las proporciones. Sus partidarios lo describen como un hombre políticamente radical que se hizo a pulso desde sus años como líder sindical del Metro de Caracas, y lo exhiben como una especie de personificación del “pueblo empoderado”. Y sus detractores lo presentan como un zorro político que aprendió a caminar sobre la delgada cuerda de amores y odios del Comandante-Presidente.

El Canciller venezolano es quizás uno de los Cancilleres con mayor experiencia en el Continente, no solo por el tiempo transcurrido en el cargo sino por ser el Canciller de Chávez y su Revolución Bolivariana. El híper-activismo internacional del proyecto político chavista ha convertido a Venezuela en un punto de referencia de la política internacional suramericana y del mundo, activismo que debe mucho al trabajo pertinaz de Maduro.

Se pude estar de acuerdo o en desacuerdo con la política de exterior del gobierno venezolano, promotor de la democracia participativa y su particular interpretación ideologizada, pero se debe reconocer los niveles de interrelación desarrollados bajo la dirección de Maduro. Venezuela se ha convertido en un promotor de las relaciones con África, con la Europa del segundo mundo y Asia, proceso en el cual muchos países han decidido secundarla. Pero esa yuxtaposición de la relaciones no solo se limitó a otros entornos geográficos, Venezuela es identificado como una de los países que más ha trabajado por la integración al interior de Sur América y de Latino América.

Pero la complejidad de la Cancillería Venezolana no se ha limitado únicamente al aumento de sus relaciones con otros Estados sino también a la complejidad de dichas relaciones, las nuevas alianzas militares, los nuevos convenios económicos y las nuevas formas diplomáticas como: la “diplomacia de los pueblos”, promovidas por el gobierno, todo lo que hace el oficio del Canciller Venezolano uno de los trabajos más importantes pero también uno de los más difíciles. Ni decir de las dificultades implícitas de ser el Canciller de un presidente como Hugo Chávez, con su voluble personalidad y sus encendidas declaraciones.

Muchos admiran el protagonismo de Maduro y lo identifican como uno de los grandes Cancilleres Latinoamericanos, de aquellos que dejan una huella en la historia común del continente. Otros lo critican y acusan de destruir uno de los Servicios Diplomáticos mejor preparados o de manejar las relaciones del país de forma caótica y voluntariosa. Pero tanto los que lo admiran como los que lo critican deben saben que para bien o para mal, Nicolás Maduro, el chofer de metro, se convirtió en uno de los Canciller Históricos de Venezuela.

*Politólogo. Joven Investigador del Observatorio de Venezuela de las Facultades de Ciencia Política y Gobierno y de Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario. Presidente de la Fundación Surcontinente.
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