Jueves, 18 de diciembre de 2014

| 2013/05/14 00:00

De la ciencia no se duda

Pareciera que las razones probadas por la ciencia valen menos que la engañosa tranquilidad que depara alambrar las fronteras.

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La crisis económica que afronta España está llevando a algunos gobernantes de países emergentes a considerar el regreso al proteccionismo, con lo que harían más largo el camino al desarrollo.

Pareciera que las razones probadas por la ciencia valen menos que la engañosa tranquilidad que depara alambrar las fronteras. Así lo demuestran los brotes de autarquía que vienen aflorando por todas las latitudes, quizás en un intento por culpar a la internacionalización de la economía de la crisis mundial, desconociendo que la causante fue el abuso de las instituciones financieras ante el displicente control de las autoridades.

Son muchos los ciudadanos que siguen sin saber, que la internacionalización de la economía es una conclusión probada de la ciencia y no una imposición de la ideología; y por tampoco saber, que la pobreza que asedia el mundo la causó el proteccionismo, intentan endilgársela a la liberalización del comercio.

Es claro que el intercambio mundial de bienes y servicios disminuye las desigualdades que implantó el modelo mercantilista feudal, el que tanta riqueza y pobreza concentró; a pesar ello, e ignorando los beneficios ciertos que prodiga la integración, las prédicas proteccionistas insisten en revivir una discusión superada.

Contrariando la racionalidad, el populismo proteccionista no cesa de desvirtuar las bondades de la liberalización y de promover en la población más pobre aversión por ella, lo que induce a que muchos sin saberlo, protesten contra un modelo contestatario que los protege de los abusos que cometían y siguen cometiendo algunos círculos económicos.

Si bien el modelo de la internacionalización no es de fácil comprensión y su articulación debe ser gradual y progresiva, las oportunidades y beneficios que ofrece superan con holgura los riesgos y desafíos que plantea.

Sobrecoge que algunos países sigan sometiendo a la duda las bondades y beneficios del intercambio. Pareciera que les resulta insuficiente el ejemplo prodigado por Chile, Israel y Singapur, naciones que con modelos abiertos y a la conquista de mercados extranjeros han demostrado hasta la saciedad, que las naciones emergentes que se insertan al mercado acortan el camino al desarrollo.

Empero la exitosa experiencia Chilena, algunos gobernantes de la región siguen sin entender que el mercado libre favorece más a los pobres que a los ricos; que el comercio es el mayor empleador formal e informal del mundo; y, que hasta tanto no se liberalicen los mercados se seguirá fortaleciendo la hacienda pública, pauperizando la capacidad de compra de la población y promoviendo, inflación, contrabando, triangulación y abuso de posiciones dominantes en el mercado.

En América Latina deberíamos desoír la ideología y escuchar a la ciencia. Nos conviene seguir avanzando en el afianzamiento de un modelo integracionista legitimado en el bienestar general y no en el privilegio de pocos. Asimismo, debemos seguir exigiendo que se abarate el costo del dinero y se combatan los abusos del sistema financiero.

Con toda razón el Despachador de Hadera dijo: “Dentro de algunos años y con amargura, muchos gobernantes reconocerán el error de haber postergado la integración y terminarán admitiendo que las restricciones que impusieron fueron torpes, miopes y retardatarias. También reconocerán, que la crisis se combate con consumo y no con restricción.”

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