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Opinión

  • | 1999/07/19 00:00

    DE HILLARY A NOHRA

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Con Hillary Clinton a punto de oficializar sus aspiraciones de hacerse elegir en el Congreso de
su país, la pregunta de siempre vuelve a quedar planteada: ¿cuál debe ser el papel de una primera dama, en
Estados Unidos, en Colombia o en Cafarnaún? ¿Cuál es ese justo medio que hace que esa varita mágica
que le entregan sin instrucciones a una mujer privada, que de un día para otro se vuelve pública como esposa
de un presidente, se use bien, o se use mal? ¿Es mejor que la primera dama se note mucho, o se note
poco? ¿Que influya definitivamente sobre su marido, o que sencillamente lo complemente?Todos esos
interrogantes también buscan respuesta frente al modelo Nohra Puyana, bien distinto al de su antecesora.
Jacquin se acercaba más al perfil de 'magnolia de acero', mientras Nohra aparentemente lo hace más al de
perfecta madre, esposa y anfitriona. Mientras Jacquin era economista y había trabajado como profesora de
econometría y política monetaria, Nohra es periodista y especialista en marketing, graduada en París. Y
sus empleos más conocidos se han acercado más a lo chic que a lo intelectual: ha sido representante de
Christian Dior en Colombia y con frecuencia ha asesorado a revistas internacionales de moda y decoración.
Nohra se dio a conocer por primera vez en la arena pública cuando reemplazó a su marido durante la
campaña a la Alcaldía de Bogotá, mientras Andrés estuvo secuestrado por Pablo Escobar.Pero mientras
Jacquin terminó siendo casi tan impopular como su marido, y lo curioso es que no por cuenta de los
mismos enemigos, Nohra es uno de los pocos temas que actualmente no divide a los colombianos, y sobre
el que parece haber unanimidad: a todo el mundo le parece elegante, discreta y femenina. Es una primera
dama que no incomoda a nadie.Por eso es improbable que su estilo llegue alguna vez a despertar
controversia, a diferencia de sus más recientes antecesoras. Mientras a Jacquin se la criticaba por haberse
convertido en la administradora de los odios de Palacio, a Ana Milena de Gaviria se la sometió a controversia
porque algunos la consideraban, debido a su admirable tenacidad, la primera dama más poderosa que había
existido en el país. En realidad, el estilo de esta última se asociaba mucho más con el de Hillary Clinton,
cuando comenzó a hacerse evidente que Ana Milena tenía vuelo propio, mandaba mucho, y hasta influía en
el nombramiento de funcionarios. Antes de Ana Milena, y salvo por su tradicional papel en las campañas por
los niños pobres y desamparados, no se usaba que las primeras damas impulsaran programas propios o
tuvieran ambiciones propias.A Jacquin, sobre todo cuando daba declaraciones del corte de la que hizo cuando
confesó que sentía ganas de darle una patada al fiscal Valdivieso, se le asociaba más con una Rosalyn Carter,
que llegó a presidir los consejos de ministros, papel en el que, según los expertos, contribuyó ampliamente a
deteriorar aún más la imagen de su marido. A Nohra, en cambio, se la asocia más con el modelo clasudo de
Jacqueline Kennedy, pero tengo entendido que esta asociación le molesta a fondo.La verdad es que debajo
de su escotado traje de seda que vistió para la cena de gala que el rey de España le ofreció durante su visita a
nuestro Presidente, se esconde una mujer que se niega a aceptar que su papel se reduzca simplemente a
hacer suspirar de satisfacción a colombianos y colombianas cada vez que aparece impecablemente vestida y
peinada en los actos oficiales: hasta llegó a molestarse cuando nuestros periodistas la llamaron a Madrid
para comentarle acerca del famoso vestido, cuando ella habría preferido hablar del compromiso que obtuvo
de la reina de España en los programas sociales con los que Nohra está identificada.Después de preguntar
mucho en los círculos de Palacio por el estilo de nuestra primera dama, he podido establecer que sin ser una
Hillary Clinton _estoy segura de que a Nohra no se le ha pasado jamás por la cabeza la posibilidad de tener
una personalidad política independiente de la de Andrés, o asumir papeles que van más allá de respaldar al
gobierno en el campo social_ nuestra primera dama es mucho menos light de lo que sugiere el cuidadoso
papel femenino que viene jugando al lado de su marido.Por ejemplo, influyó definitivamente en la creación del
Consejo Social, que es un organismo semejante al Conpes pero exclusivamente dedicado a las causas
sociales, en el que ella tiene asiento y en el que opina y toma decisiones sobre los temas de fondo. La
importancia de este consejo no es ni mucho menos postiza: realiza un trabajo riguroso y le sigue
cuidadosamente la pista a la labor de los ministros, hasta el punto de que más de uno se ha ganado un
jalón de orejas cuando ha quedado en evidencia algún descuido en el tema social.En definitiva, todo parece
indicar que en medio de la guerra, del accidentado proceso de paz, de la depresión económica, del alza del
dólar, del desempleo y demás desgracias nacionales, produce un 'respirito' poder decir que el
experimento de esta primera dama es una de las pocas cosas que nos está saliendo bien.
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