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Opinión

  • | 2008/01/12 00:00

    De la intervención y otros demonios

    Óscar Palma enumera tres posibles formas como el presidente venezolano, Hugo Chávez, podría intervenir en Colombia en su mediación para el acuerdo humanitario con las Farc.

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En la agenda política de un país de la periferia mundial resalta un tema de gran calado internacional donde participan actores que van desde el encopetado mandatario del Elíseo hasta el polémico Presidente venezolano, sin dejar atrás a su fiel aliado en Managua.

La intensa participación de actores internacionales en Colombia, motivada principalmente por el surrealismo en el que se ha convertido la dolorosa experiencia de ‘vida’ de los secuestrados, ha despertado el fantasma de la intervención en los asuntos internos en nuestro país. La invitación de Uribe a Chávez como mediador del acuerdo humanitario representó la oportunidad de Caracas para aumentar su protagonismo en los asuntos de Bogotá, incrementando así mismo un nerviosismo de ciertos sectores nacionales por la supuesta cercanía de figuras políticas nacionales y regionales con el venezolano, quienes lo ensalzarían como líder continental y sembrarían sus doctrinas al oeste del Orinoco.

El fracasado episodio para obtener la liberación de Consuelo González, Clara Rojas y su hijo Emmanuel, opinarían algunos, estaba concebido como uno de los actos centrales para que el Barinés aumentase su influencia, popularidad e imagen, y lograse avanzar en su agenda de penetración, al estrechar incluso lazos con las Farc, con quienes existiría una cierta afinidad ideológica.

¿Qué tan profunda podría ser la intervención de Chávez y otros de sus fieles discípulos en nuestro país? En busca de una respuesta coherente, es necesario diferenciar las posibles formas de las acciones emanadas desde Miraflores. Una clasificación en tres tipos de acción podría iluminar el proceso: de identidad filosófica, de influencia y de intervención directa.

La primera de estas consiste en la expansión de las ideas y la filosofía de Chávez en nuestro territorio, sin entrar en la ejecución de acciones materiales. Esto es, la promoción de su discurso y propaganda para incrementar sus adeptos en nuestro país. Por lo general, la visión ‘bolivariana’ es adoptada por algunos mandatarios regionales y por ciudadanos, quienes abogarían por la promoción de su ‘doctrina’ en Colombia.

A pesar de la alarma entre varios círculos nacionales, este tipo de acciones podría no ser tan negativo. Es evidente que el crecimiento y la consolidación de una izquierda democrática organizada y con posibilidades reales de acceso al poder sería el principal instrumento para desvirtuar la supuesta justificación de ejercer una lucha armada, no es esto más que restarle razones a la argumentada existencia de las Farc como actor armado y violento en contra de las instituciones del Estado. De formarse, una doctrina ‘chavista’ deberá competir en las urnas, en la cual estará, siguiendo a tendencias actuales, en gran desventaja. Esto no va en detrimento de las protestas enérgicas que debe emitir la diplomacia colombiana cuando se realizan declaraciones como las del presidente Ortega a principios de diciembre.

La cuestión se complica con el segundo de los tipos. Con las acciones de influencia, el escenario anterior es complementado con acciones materiales ejecutadas por Chávez en territorio nacional, aunque no enteramente perceptibles por la opinión pública. Ejemplos de ello serían la financiación de candidatos, foros, asambleas o la ejecución de programas de salud y educación, buscando comprar los corazones de los ciudadanos y los políticos regionales.

Estas acciones resultan preocupantes y delicadas. Si bien una identidad ideológica de líderes nacionales o regionales con Chávez podría llegar a ser sana mediante el enriquecimiento del debate democrático, la existencia de mandatarios rindiéndole cuentas a Caracas erosiona la soberanía y juega en contra de los intereses nacionales.

La consolidación de un escenario de este tipo, para el caso de gobernantes locales, significaría la existencia de una seria de ‘islas’ dentro del territorio nacional conducidas por regímenes marioneta influenciados por Caracas. En el nivel nacional, y en un extremo poco probable, se podría configurar una situación de constante lucha por erigir mandatarios que sigan los dictados de Miraflores, o un alineamiento con los países latinoamericanos que ya pregonan el ‘bolivarianismo’. Por supuesto, no necesariamente todo líder de izquierda significaría la redención de Chávez en Colombia.

Por último, y en el más grave de los casos, esta la intervención directa, que consistiría en la utilización de instrumentos bélicos y el uso de fuerza dentro del territorio colombiano, poniendo en alto riesgo el estatus de nuestra seguridad nacional. Esto incluiría cualquier forma de cooperación material con terceros actores como las Farc.

Esta clasificación de tres tipos de acciones permite dar una claridad sobre el mítico tema de la intervención de Chávez en Colombia. El primer tipo, el más visible y sobre el que más se debate, no debería generar mayores preocupaciones en la nación, por supuesto, sin dejar de tomar las determinaciones que sean necesarias para salvaguardar la soberanía. En el segundo tipo, se deberá emplear los recursos políticos, diplomáticos y jurídicos para frenar la intervención de la hermana republica; y en el tercer tipo, son las Fuerzas Militares quienes deben estar en línea para garantizar el mantenimiento de la soberanía, sin menospreciar el papel que al respecto puedan cumplir instrumentos jurídicos y diplomáticos.
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