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Opinión

  • | 2015/02/23 12:00

    De la homofobia de la Corte a la cientificidad de la Universidad de la Sabana

    Para estos señores la Tierra seguramente sigue siendo plana, el Sol continúa girando alrededor de esta y la homosexualidad se pega como la gripa.

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Abogar por los derechos de las minorías no es cuestión de identidad sino de justicia social. Aunque confieso que me identifico plenamente con la idea de que los homosexuales y lesbianas adopten sin problema los niños que deseen. Lo que ha hecho la Corte Constitucional de Colombia con su fallo es dar un paso atrás en relación con lo que ha venido pasando desde hace varios años en países como Holanda (2005), Suecia (2003), España (2005), Sudáfrica (2006), Islandia (2006), Finlandia (2009), Noruega (2009), Canadá (2010), Dinamarca(2010), Nueva Zelanda (2013), Brasil (2010) y Francia (2013), entre otros, que legislaron sin prejuicios y permitieron que las parejas LGBTI tuvieran derecho a adoptar niños.

Este fallo deja claro que Colombia sigue siendo un Estado con raíces profundamente conservadoras cuyas axiologías se ponen de manifiesto en casi todas las actividades de la vida cotidiana, incluidas las leyes que nos gobiernan.

Quienes ostentan el poder y administran el país creen, por lo general, en un Dios único y omnipotente y practican con fervor los principios católicos, apostólicos y romanos, por lo que se consideran ellos mismos impolutos. Roland Barthes afirmó hace más de 40 años que “no puede haber una escritura liberal si el pensamiento de la sociedad que la produce no lo es”. Y la escritura, no lo olvidemos, es la manifestación más clara del pensamiento humano y de las costumbres que nos rigen. Por eso no debería extrañar a nadie que un libro escrito hace más de 3.500 años predique el ojo por ojos y asegure que primero entra un rico por el hueco de una aguja que un homosexual al Reino de los Cielos, ni muchos menos que la Iglesia Católica se oponga abiertamente a la adopción de niños entre parejas del mismo sexo y se pronuncie en voz baja cuando un depredador con sotana abusa de un menor.

Ese conservadurismo se traduce literalmente en hipocresía. Cuando los magistrados de la Corte Constitucional les niegan a los gais adoptar niños nos están recordando el viejo postulado bíblico de lo que debe ser una familia y, a su vez, negando una realidad que resulta imposible tapar con las manos: las preferencias sexuales nada tienen que ver con las convenciones sociales, pero sí mucho con los afectos que se profesan los seres humanos. Por eso resulta ridículo y poco científico que una institución de educación superior como la Universidad de la Sabana reviva una vieja polémica desvirtuada por la Organización Mundial de la Salud en 1990 y su facultad de medicina quede como una chancleta ante la comunidad científica internacional. Tremenda afirmación no sólo pone en duda el carácter académico de sus investigaciones sino que sitúa su abanico de conocimientos a un siglo de Galileo y a dos de Copérnico. Para estos señores la Tierra seguramente sigue siendo plana, el Sol continúa girando alrededor de esta y la homosexualidad es una virosis que se pega como la gripa.

La vaina es tristemente ridícula, tan ridícula como las sentencias del procurador que no diferencian las faltas jurídicas de las morales. Tan ridícula como la señora que va a misa los domingos, reza, se pela las rodillas frente al altar, pero cuando regresa a casa es incapaz de prestarle una aguja a la vecina que la necesita. Sin embargo, se golpea el pecho cuando afirma que estamos en una época sin valores. Habla mal de la chica que pasa en minifalda, pero ignora con cuántos chicos se acuesta su hija.

Así piensan y actúan las huestes conservadoras que dirigen el país y hacen las leyes. Hablan de paz pero por debajo de la mesa arman grupos civiles para que los defiendan de los otros grupos armados. Participan fervientemente en foros sobre Derechos Humanos pero no desean, ni remotamente, tener como vecino a un marica. Odian a los gamines y a los muchachos que se acercan en los semáforos a limpiarles el vidrio del carro por una moneda, pero no dudan en hablar de humildad, bondad y amor al prójimo. Desconfían hasta de su propia sombra y cualquiera que interfiera su espacio personal en la calle es un potencial atracador. Hablan de patria y se les hincha pecho. Se oponen a todo lo que indique igualdad porque el mundo lo hizo Dios y ese señor no se equivoca. Por afirmar lo contrario en uno de sus artículos, la dirección conservadora del diario El Colombiano echó sin contemplación a uno de sus mejores columnistas. El país está tan mal, que muchos de los que se precian de ser liberales dejan ver constantemente su lado más conservador. Doña Viviane Morales, la exfiscal general de la Nación, es sólo la punta de un gigantesco icerberg que amenaza con hacer agua el sueño de una minoría. Claro, no faltará quien diga que la señora tiene razón porque esa vaina de hombre con hombre y mujer con mujer es una aberración. Que Dios hizo a Adán y a Eva y que el “sexo excremental”, como lo afirmó el honorable senador barranquillero Roberto Gerlein, no aparece por ningún lado en el libro sagrado.

¿Será que habrá que recordarles que la Biblia es sólo el compendio de los imaginarios del pueblo judío? ¿Que es un conjunto de historias fantásticas que fueron escritas por unos señores de carne y hueso y que seguramente, como lo hizo Homero en su momento, empezaron a compilar relatos que durante largo años iban saltando de una generación tras otra? Me gustaría de verdad que la señora Morales promoviera un proyecto de ley que buscara proteger a los niños de la calle, esos mismos que, según su referendo, no pueden ser adoptados por gais. Que la Universidad de la Sabana, en vez de estar invirtiendo dinero en investigaciones sobre partos de gallinas y haciendo el ridículo ante la comunidad científica internacional, llevara a cabo un estudio donde planteara soluciones para reducir la pobreza de ese 80% de los colombianos que no tiene nada. Y que la Corte Constitucional, cuyos magistrados pasan más tiempo fuera del país que cumpliendo sus funciones, renunciara a ese régimen especial de pensiones que la ley les otorga.

En realidad, dudo mucho que algo así pase porque la godarria que administra los poderes en este país ama el statu quo.

En Twitter: @joarza
Email: robleszabala@gmail.com
*Docente universitario.

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