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Opinión

  • | 2013/09/26 00:00

    De las ambigüedades de Santos al culillo manifiesto de las Farc

    Me gustaría, de verdad, que en una próxima encuesta de medios se incluya una pregunta que involucre las intenciones de las Farc de llegar al Congreso sin pasar antes por la justicia.

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Lo que queda claro de este tira y afloja entre Santos y las Farc es que el duelo, hasta ahora, lo van ganando los guerrilleros. Y no es porque sus argumentos tengan peso, sean convincentes y el país los acepte. No. Simplemente porque Santos es un presidente ambiguo que hoy afirma una cosa y mañana expresa otra complemente opuesta. 

Y los colombianos en general no sabemos con exactitud qué se está negociando en la isla de los hermanos Castro, más allá de lo que, a cuenta gotas, filtra la prensa.

En este sentido, el presidente nos hace recordar a la ‘Chimoltrufia’, ese personaje desaliñado y cantinflesco creado por Roberto Gómez Bolaños que asegura que “así como digo una cosa, digo la otra”. Y los guerrilleros de las Farc que no son bobos, pero sí cínicos, han sabido jugar con el desespero de Santos y capotear cada una de sus propuestas.

Mientras que el Presidente da palos de ciego intentando conjurar las numerosas crisis que han hecho metástasis en su gobierno (marchas, protestas, taponamiento de carreteras, roces con Nicaragua, cambio de miembros de su gabinete y un tibio acercamiento con el ELN), los delegados de las Farc aseguran desde su ‘resort’ de La Habana que el Marco Jurídico para la Paz “es un estorbo”. En otras palabras, es una mierda. 

Asimismo han dicho, una vez más, que el mecanismo propuesto por el gobierno para refrendar el posible acuerdo entre las contrapartes es “una iniciativa unilateral y fuera de lugar”.

En el fondo, está posición de las Farc es una burla contra Santos y sus delegados, pues no hay que olvidar que tanto el marco jurídico para una justicia transicional como el mecanismo para refrendar el futuro acuerdo, fueron los ases que el Presidente había marcado desde cuando prendió la mecha de esta utopía en la que ha apostado todo su capital político. De ahí quizás la preocupación que lo ha llevado a cometer errores de cálculo como la de poner fecha y límite a unas conversaciones que dan un paso hacia adelante y cinco hacia atrás.

Pero como el presidente Santos se ha caracterizado hasta ahora por intentar quedar bien con Dios y el Diablo, les ha dicho a los detractores del proceso desde el atril de las Naciones Unidas, aquellos que se oponen a que miembros de las Farc lleguen al Congreso y, por supuesto, defienden la cárcel para sus múltiples delitos, que no habrá impunidad para los crímenes de lesa humanidad, pero que la justicia colombiana no podrá juzgar todos las faltas condenables por la Corte Penal Internacional, por lo que le pide a este tribunal que no se convierta en el palo en la rueda del proceso.

Estos reiterativos sí pero no, como dice la canción de Lolita, convierten al presidente Santos en una ‘Chimoltrufia’. Y las Farc, como disciplinados lectores de Maquiavelo, han sabido interpretar los movimientos de su adversario como una debilidad y han puesto sobre la mesa una larga y absurda hoja de peticiones que algunos medios han calificado como ‘la lista de mercado’ que incluye desde la subvención por parte del Estado de un canal de televisión, un periódico (de circulación nacional, si es posible) y diez millones de hectáreas de tierras para ‘los campesinos’ y mineros que a punta de amenazas son llevados como carne de cañón a las marchas. 

Esto sin mencionar lo que a lo largo de las enrarecidas conversaciones han declarado para algunos medios de comunicación: que quieren hacer política como cualquier ciudadano encauzado dentro un esquema democrático y que no piensan pasar un solo día detrás de los barrotes de una cárcel.

Decirle no al referendo y abogar por una constituyente, deja claro hasta dónde desprecian las Farc esa democracia que han intentado acabar a punta de cilindros bombas, secuestros y otras formas luchas. Deja claro el desprecio que sienten por ese pueblo que asegurar defender, pues en un eventual referendo serían los colombianos de a pie quienes decidan si los quieren en el Congreso de la República o pagando sus crímenes en una cárcel.

Quienes crean que a las Farc no les atemoriza ir a las urnas, están pensando con el corazón y no con el cerebro. El culillo los tiene tan nerviosos que no aceptarán, bajo ninguna circunstancia, un referendo. Pues saben que con una constituyente tendrán un número indeterminado de delegados no elegidos por la voluntad popular sino por la fuerza de las armas y de un acuerdo en el que se comprometerán con el Gobierno a no seguir disparando contra los colombianos.
Hoy, me atrevería a afirmar que ese culillo debe estar exacerbado, pues en la gran encuesta de medios recientemente publicada, el 77 por ciento de los colombianos no está dispuesto a renovarle a Santos su voto de confianza para un segundo periodo. Es decir, lo quieren lejos, pero muy lejos de la Casa de Nariño. Si esto pasa con un presidente que, en términos generales, ha sido coherente en sus políticas aunque le haya faltado amarrarse un poco más los pantalones, ¿qué pasará ante una eventual pregunta que involucre las intenciones de este grupo armado de hacer política e ir al Congreso?

No me quedan dudas de que a las Farc les iría como perro en misa, mucho peor que a Santos en esta última encuesta. Pero sobre todo, dejaría claro que a los colombianos les interesan sus muertos, aquellos que fueron sacados a la fuerza de sus casas y nunca regresaron. Aquellos que volaron por los aires, como Ricaurte en San Mateo, por el estallido de un cilindro bomba. O aquellos que, simplemente, quedaron en medio de una balacera cuando los descendientes de ‘Maurlanda’ se tomaban, a sangre y fuego, algún pueblecito del Sur de país.

Me gustaría, de verdad, que en una próxima encuesta de medios se incluya una pregunta que involucre las intenciones de las Farc de llegar al Congreso sin pasar antes por la justicia. Me gustaría ver la cara de los colombianos el día en que se revelen los resultados. Será, sin temor a equivocación, un evento para alquilar balcones.

*Docente de la Universidad Tecnológica de Bolívar.

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