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Opinión

  • | 2018/01/13 11:11

    De los juegos de ping-pong a los juegos olímpicos de invierno

    Como Trump es impredecible y cambiante, no sería raro que un día de estos nos enteremos de que está vendiendo en condiciones favorables productos a Corea del Norte, por cuenta de los juegos olímpicos de invierno.

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El hecho de que Kim Jong-un haya aceptado la invitación del gobierno de Seúl para asistir en febrero a los juegos olímpicos de invierno en Corea del Sur, constituye un hecho de trascendencia para las relaciones entre las dos Coreas e incluso para las de Corea del Norte con los Estados Unidos.

Hace recordar la visita a China en abril de 1971 del equipo norteamericano de tenis de mesa que asistía al 31° campeonato mundial que se llevaba a cabo en Japón. Fue el preámbulo, no solo de la histórica visita del presidente Nixon a Beijing al año siguiente, sino del establecimiento de relaciones entre los dos países en diciembre de 1978, que sorprendió al mundo, en especial a algunos los países latinoamericanos.

Colombia, venía siguiendo fielmente la línea señalada por los Estados Unidos de reconocer a Taiwán como la verdadera China. Cualquier indicio de que alguno de nuestros países tenía contactos con China Popular, implicaba incluso el riesgo de la aplicación de sanciones. Por lo tanto, con el sorpresivo anuncio y la celebración inmediata de acuerdos comerciales entre China y los Estados Unidos, todos quedaron “fuera de juego”.  

En Colombia las relaciones con Taiwán en ese entonces eran esencialmente políticas y representaban “el rechazo de nuestro país al comunismo”. Sin embargo, ante la apertura de relaciones chino-norteamericanas, el presidente Turbay Ayala resolvió en 1979 reconocer al gobierno de Beijing como el único y legítimo gobierno legal de China y a Taiwán como parte inalienable de su territorio.

El embajador de Taiwán (de China) en Bogotá llevaba muchos años en Colombia y era muy querido en el país. Se había hecho amigo de políticos, congresistas, militares, funcionarios públicos, periodistas, académicos y de toda la alta sociedad. A las famosas y cotidianas cenas de diez platos en su residencia asistían todo tipo de personajes, mientras que las condecoraciones se imponían casi diariamente y era raro el personaje que no hubiera sido invitado para visitar con su cónyuge a Taiwán, en hoteles de cinco estrellas y regreso por donde los invitados prefirieran.

Como el establecimiento de las relaciones con China implicaba el simultáneo retiro de la embajada de Taiwán en Bogotá, la noticia cayó en Colombia como “una bomba”. Con el agravante de que el gobierno chino había advertido que la misión de Taiwán debía entregarle la residencia, con todos los enseres y los automóviles de su propiedad, sin compensación alguna.       

Siendo secretario general de la Cancillería, el presidente Turbay me ordenó que citara al embajador taiwanés y le diera las “infaustas noticias”. A pesar de que traté de cumplir la misión con la mayor sutileza posible, el diplomático irrumpió en llanto y me señaló entre sollozos que sería, en el mejor de los casos, el fin de su carrera.  

El gobierno fue calificado como traidor a la democracia por todos los amigos de Taiwán, con excepción del expresidente Misael Pastrana, que a su regreso de un viaje a Beijín había anticipado que ese paso sería inevitable.

Los Estados Unidos hace algunos años se dejaron ganar de mano por los países europeos, cuando estos lograron consolidar sus intereses petroleros en el Golfo Pérsico, mientras Washington proscribía la presencia de empresas petroleras norteamericanas en Irán. Luego, con la experiencia ganada, el establecimiento de relaciones con Cuba dispuesto por Obama tuvo también la intención de evitar que los exportadores norteamericanos quedaran rezagados de sus colegas europeos.

Como Trump es impredecible y cambiante, no sería raro que un día de estos nos enteremos de que está vendiendo en condiciones favorables productos industriales y agrícolas a Corea del Norte, por cuenta de los juegos olímpicos de invierno…

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