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Opinión

  • | 2011/09/26 00:00

    De nalga pelada y creatividad al desnudo

    Pero resulta y pasa que para hacer fotografía se necesita imaginación, hasta si se trata de un catálogo extenso del mango del río Magdalena y su redondez, o de la posadera fabulosa del lagarto azul de Providencia.

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Desde cuando el país se acostumbró a la desnudez de sus modelos, primero con los calendarios y después con las revistas picantes, no sucedía nada escandaloso en el mundo de la nalgografía, es decir, de la fotografía orientada al disfrute de la redondez trasera femenina; los hombres tenemos redondez, pero generalmente en la panza y nadie disfruta de ello.

Pero resulta y pasa que para hacer fotografía se necesita imaginación, hasta si se trata de un catálogo extenso del mango del río Magdalena y su redondez, o de la posadera fabulosa del lagarto azul de Providencia.

El escándalo regresó a la fotografía este año: en un blog titulado “fotocopias colombianas”, se induce, exhibe y sugiere, directa y sin tapujos, casi pornográficamente, mandando la mano al paquete, una conexión casi pecaminosa, no carnal, entre múltiples campañas y editoriales de las revistas y fotógrafos mas famosos del mundo, y un grupo reducido de fotógrafos y revistas colombianas.

Lo que en un principio fue un escandalillo se convirtió rápidamente en un suceso internacional reseñado hasta por Vanity Fair y con entrevistas al aire de los directores de las revistas en el radio, en esos programas en que la fuente siempre es el más poderoso de los implicados, y en la intención de defensa, se amplificó el escándalo.

Rápidamente, el anónimo blog hizo mofa de las ambiguas respuestas que defendían la inspiración al calco como una forma nueva de creatividad, hasta ahora desconocida en el extranjero. Y que quizá, gracias al TLC, podríamos hacer producto de exportación, algo similar a la reingeniería, pero a lo colombiano. Desde la vacuna de Patarroyo, no teníamos una oportunidad igual de saltar a la fama internacional como un país de vanguardia creativa.

Las consecuencias legales de esto son imprevisibles, dado que la fotografía está protegida por las leyes de derechos de autor.

Las empresas editoriales pueden escudarse en el hecho de que, si hay cesiones de derechos a su favor, los fotógrafos incurrieron en el delito de ceder algo que no les pertenecía, por lo cual, en caso de ser demandadas las empresas editoriales por Maxim o Vogue, por ejemplo, el fotógrafo podría tener que responder con su patrimonio por los daños que haya provocado.

Por otro lado, hace dos años la revista Infashion, de Editorial Televisa, lanzó un evento de gran envergadura, en el que premia a las principales figuras de la industria de la moda en el país, uno de los renglones importantes de la economía colombiana, que va desde los textileros, las marcas de grandes volúmenes, los nombres de la alta costura hasta los generadores de contenidos: productores, maquilladores, modelos, estilistas y fotógrafos, que son lo más visible –pero lo más pequeño– de la cadena. Es el único y el más importante evento de sus características en el país y se basa en una evaluación hecha por el público en un principio y por especialistas después, del último año de cada uno de los nominados y sus resultados, con excepción de los que son temáticos en trayectoria profesional de una vida, lo que demuestra su seriedad.

Lo que relaciona este escándalo con los premios Infashion es que, de los tres nominados a mejor fotógrafo de moda, solo uno NO figura con sendas imágenes de dudosa frontera entre la creación y el plagio. Los otros dos tienen largas dedicatorias en el blog, con múltiples ejemplos que no han refutado hasta el día de hoy públicamente.

Sea cual sea el resultado del premio, es un mensaje a las futuras generaciones de fotógrafos en Colombia, sobre cuál es el camino a seguir para salir adelante, si montar a medias entre el delito y la legalidad, porque el plagio, en caso de existir, no sólo es un problema creativo, también esta penalizado por la ley colombiana y las de todos los países del continente… o formar una empresa sana que reconoce su producto y la propiedad privada de los demás, que son las leyes del capitalismo: definición de la frontera entre lo mío y lo ajeno. Teóricamente esto es lo que separa al Estado colombiano de las FARC, la discusión nada trivial iniciada por Marx sobre qué es la propiedad privada y cuáles son sus reglas.

Hoy, después de las consecuencias de la actuación de los Nule, sumadas a muchos otros escándalos que deforman nuestra percepción de país, de sociedad y de Estado, todo el mundo se pregunta hasta qué punto se debe tolerar la ilegalidad en nuestro país, como ejemplo para las generaciones futuras.

Un premio es un mecanismo de aliento en la sociedad humana, de reconocimiento de una labor, los premios muestran el ejemplo y el camino que se debe seguir en un oficio, ya sea la ciencia, la literatura, el periodismo o la creación artística.

Hoy está claro que Colombia necesita un cambio en la forma en que se percibe la ética en todos los aspectos de nuestra sociedad, y no habría nada peor que un buen consejo acompañado de un mal ejemplo, en un país en que la trampa ha sido premiada ya demasiadas veces.

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