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Opinión

  • | 2007/06/23 00:00

    De las papayeras a las naranjas

    Eduardo Plata afirma que en Colombia le encontraron el valor monetario a la vida de una persona: Vale lo que vale una naranja.

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Nadie debería sorprenderse de que al alias ‘Macaco’ se le publique un aviso en El Espectador. Ni tampoco de que se le reciba con manifestaciones con papayera a la entrada de la Fiscalía. Cosas más graves y descaradas ha hecho la delincuencia en Colombia. En un proceso de verdad en que los criminales se declaran víctimas, alegan pérdida de memoria, culpan a los muertos, les toman fotografías amenazantes a las victimas, se desaparecen testigos y se dicen toda clase de mentiras, ¿Qué más da que a alguien lo reciban con papayera o no? Es lo de menos.

Personalmente, difiero de aquellos que piensan que estas personas, que sin pudor alguno han ido ha recibir con papayera a ‘Macaco’, lo hayan hecho gracias a un incentivo económico. Creo que en este país, tal y como están las cosas, más de uno iría voluntariamente, con todos los ánimos del mundo, a recibirle como prócer de la patria. Los acontecimientos recientes de la historia nacional así lo proponen.

Leyendo la prensa, me encuentro con una noticia que de alguna manera resume lo que acá hemos planteado. Un niño de 14 años recibió un disparo de escopeta en el cuello al intentar tomar una naranja de un árbol. Al parecer el árbol se encontraba en propiedad privada y el dueño de la tierra decidió solucionar el problema con escopetazos. Cuentan los otros niños que acompañaban a la victima, que el muchacho, a pesar de estar gravemente herido, intento huir para evitar ser impactado una segunda vez. Al final este niño falleció. La herida causada por disparo pudo más que la juventud de su cuerpo.

Me pregunto yo, ¿qué razonamiento ruin lleva a una persona a concebir que esta autorizada a hacerle un disparo de escopeta a alguien que se atreve a robarse una naranja de un árbol? De ante mano, sin ánimos de amenazar el concepto de propiedad privada, confieso que enfrento un grave conflicto interno para reconocer como delito, o aun como acto indebido, el hecho de tomar una fruta de un árbol que se encuentra en propiedad ajena. Recuerdo que lo hice en múltiples ocasiones cuando tenía la misma edad de la víctima. Lo recuerdo y se me hace difícil creer que debía ser procesado judicialmente por ello. Mucho menos recibir un escopetazo en el cuello.

El razonamiento de este personaje es el mismo que dio origen a la guerrilla y al paramilitarismo. La usurpación de la personería del Estado. La toma de la justicia en las manos particulares ante el guiño consentidor del Estado y la sociedad civil. La ausencia absoluta de Estado en las regiones de Colombia dio origen a esta situación. Al no haber un Estado regulador, cada quien impone la ley que mejor le parece. O que más le conviene.

Todo avalado por la incompetencia de un Estado ebrio de corrupción y de indiferencia. Un Estado sin dientes para defender a la sociedad civil. Ni militar, ni jurídicamente. Así la delincuencia se convirtió en causa y consecuencia de sí misma. La derecha alega haberse armado por culpa de la izquierda y la izquierda alega haberse armado por culpa de la derecha. En realidad unos y otros se armaron por su calidad de criminales. Por su desprecio de la vida y del derecho ajeno a coexistir con ellos.

Como si fuera poco, para cerrar el círculo en esta cadena de desventuras, al igual que en la triste historia reciente de Colombia, la víctima es un niño. Ese escopetazo que recibió ese muchacho de 14 años, es el mismo que han recibido las nuevas generaciones de colombianos, que heredaran un país mafioso en el que una niña en un colegio público de Cali, confiesa inocentemente que cuando sea grande quiere ser sicaria.

Por eso, volviendo al párrafo inicial, pregunto yo, en un país donde se asesina a un niño por tomar sin permiso una naranja, ¿qué tiene de raro que a ‘Macaco’ se le reciba con papayera? Nada. Esa es la Colombia de hoy. La Colombia que cayó en desgracia por fracasar sistemáticamente en sus intentos por contener el crimen. Especialmente aquel crimen que logra conquistar el poder político.

Ñapa: Fallidamente he buscado en Internet el video del presidente francés Nicolas Sarkozy pasado de tragos en la reunión del G-8. Guardaba la esperanza de encontrar en ese video alguna explicación a los absurdos eventos recientes que culminaron en la liberación de Rodrigo Granda.



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