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Opinión

  • | 2007/03/17 00:00

    De Petro a Piedad

    Mucho va del discurso coherente del senador del Polo Democrático en Washington, a la arenga exaltada de la senadora liberal en México", dice María Teresa Ronderos

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El argumento tradicional es que cualquiera que vaya al exterior a criticar al gobierno o al estado de cosas en Colombia le hace daño al país. Después de esa premisa, la siguiente frase suele ser “la ropa sucia se lava en casa”. Por eso han recibido dardos por igual, el senador Gustavo Petro, quien hace diez días hizo una gira por Washington y la senadora Piedad Córdoba, que participó en un seminario en México la semana pasada.

Sin embargo sus intervenciones tienen implicaciones bien diferentes. Antes de entrar en el detalle de por qué, es necesario desmontar esa idea provinciana y oscurantista de que hablar mal del gobierno afuera es deslealtad. Primero porque los conceptos “afuera” y “adentro” son anacrónicos. Hoy lo que se diga aquí o en Cafarnaún le da la vuelta al globo. En otras palabras, el extranjero que le interese Colombia, desde hace rato le viene siguiendo el rastro a nuestra ropa sucia. No va a descubrir nada nuevo cuando alguien vaya y le cuente. Segundo porque los remedios que han aplicado desde afuera para Colombia no han dado resultados óptimos para el fortalecimiento democrático.

Es deseable que los colombianos que sean escuchados busquen aliados en el exterior para explorar políticas diferentes a las oficiales que conduzcan a que la democracia colombiana funcione mejor. Llevar el debate sobre los problemas de Colombia a los foros internacionales, bien sea académicos, políticos o económicos, ayuda a construir país. Así difiera de las posturas gubernamentales.

En este sentido, las propuestas de Petro ante la OEA, o a los varios congresistas demócratas que visitó pueden ser provechosas para Colombia. Según reportes de prensa, el senador del Polo dijo a sus pares gringos que consideraba que las cláusulas agrícolas que negoció Colombia en el TLC pondrían fuera del mercado a campesinos y pequeños cultivadores de cereales, maíz, arroz, trigo, verduras, debido a que no tenían posibilidad de competir con las empresas estadounidenses. Que en cambio beneficiaban a los cultivadores de productos de “tardío rendimiento”, que requieren de 5 a 15 años para producir, como la madera, palma aceitera, caucho y el cacao. Y que “quienes hoy en Colombia tienen las mayores extensiones de tierra productiva y niveles de liquidez indispensables para atender la producción de tardío rendimiento son los narcotraficantes”. Por eso, según Petro, el TLC los estaría favoreciendo, en detrimento de los cultivadores honestos.

El argumento puede ser debatido, puede no ser cierto o tener algo de maniqueo (¡evidentemente no todos los cultivadores de palma o de caucho son narcos!), pero es legítimo plantear el riesgo. En cuanto a su reunión con Insulza de la OEA su propuesta era también justificada. Según el mismo Petro lo explicó en un comunicado de prensa, lo que le pidió es una mayor vigilancia en las elecciones de octubre para ayudar a que sean más transparentes y se “garantice la integridad física de los candidatos de la oposición y del mismo uribismo”.

De nuevo, uno puede decir que invocar la Carta Democrática de la OEA para una veeduría especial en las elecciones de octubre en Colombia puede ser exagerado, pero es desmesurado tildar la petición, como hizo el ministro Santos, de ser una movida contra el país. Al contrario, quizás Petro está viendo en terreno riesgos mayores de intervención de los grupos armados ilegales en las elecciones que los que el gobierno percibe.

El caso de Piedad es bien distinto. Ella invocó en el foro mexicano la solidaridad “para que en Colombia se encuentre la verdad”. Paradójicamente sus argumentos estaban llenos de aseveraciones temerarias no comprobadas. Dijo que había “más de mil dirigentes políticos en la cárcel” (¿tiene ella las listas?, ¿o se refiere a los ‘parapolíticos’?), y que “había más de 5.000 secuestrados”, inflando al máximo las cifras reales; una exageración con tufillo a mala fe, porque ella sabe que es este gobierno quien más ha golpeado el delito del secuestro. Aseveró además que: “no puede ser que los presidentes democráticos de América Latina se reúnan con un presidente elegido por la mafia, por el paramilitarismo; con un asesino, y que no se llame siquiera a la contradicción”. Y luego aseguró, sin sonrojarse, que Uribe había ganado las elecciones gracias al fraude. De nada de eso tiene pruebas, y si las tuviera ha debido presentarlas hace tiempo a la justicia colombiana. ¿Cómo puede ser que a ella le conste que Uribe obtuvo 7 millones de votos por fraude y no haya iniciado ni un debate en el Congreso ni una acusación formal? Lo más probable es que esté repitiendo rumores sin fundamento. Una representante del pueblo no puede buscar la verdad con mentiras, hacer oposición política con insultos personales, pedir altura al gobierno y apelar a lo más bajo para oponérsele.

Aún así, supongamos que esta encendida diatriba la hubiera hecho para atraer la atención hacia una idea original y constructiva para Colombia. Pero no, no fue así. El sartal terminó en dos proposiciones rayanas en lo lunático: que los gobiernos de América Latina rompan relaciones con Colombia, y que los liberales no se presenten a elecciones en octubre porque eso sería “hacerle el juego a un modelo imperialista que quiere tener un remedo de elecciones”.

Es decir Córdoba quiere que Colombia, de por sí dependiente excesivamente de Washington y aislada de la región, sea relegada al ostracismo por sus vecinos. Y precisamente ahora cuando por fin se está conformando una oposición en Colombia, como nunca la había habido que le ofrece a los votantes una alternativa política real, propone que esta se margine de la contienda democrática y deje que solamente gane las elecciones el oficialismo uribista. ¡Mejor dicho, ni José Obdulio, podría haber imaginado una propuesta más favorable a su causa!

Córdoba sólo quiere escandalizar y hacer demagogia mamerta. No hace la tarea, no investiga. Y sus propuestas son incoherentes con su propio discurso. Esto es igualmente grave e irresponsable dicho aquí o en México. Petro, por el contrario, está buscando aliados internacionales que le ayuden a Colombia a construir sus instituciones democráticas. Claro que lo hace desde una visión crítica al gobierno, porque él es opositor, y uno puede estar de acuerdo o en desacuerdo, pero eso no le quita legitimidad. Al contrario, es sano para el país.
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