Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2009/09/05 00:00

De por qué Colombia es un país subdesarrollado

La Cumbre superaba en gracia a la vecindad del Chavo. Todos esos presidentes vestidos con los trajes típicos de sus regiones, y las niñas miraban muertas de risa.

De por qué Colombia es un país subdesarrollado

Tengo un sobrino al que le pusieron de tarea explicar qué era un país del Tercer Mundo, y pidió mi ayuda.

- Es cuando no se ha desarrollado del todo -traté de explicarle-: haz de cuenta como Andrés Felipe Arias.

Parece una definición fácil, lo sé, pero como entiendo que hay gente del gobierno que lee esta columna, me permitiré explicarlo de una manera más elemental, casi para niños, con el siguiente ejemplo: ¿vio alguien el funeral de Edward Kennedy? Bien: para entender qué es un país subdesarrollado, vamos a comparar dicho entierro con alguno paralelo que haya sucedido acá: por poner el caso, el del senador Víctor Renán Barco. Finalmente Boston es del tamaño de La Dorada, y los dos fueron senadores casi vitalicios.

¿Alguien vio que en el entierro de Kennedy aparecieran varios hijos reclamando la herencia? ¿Se hizo presente, acaso, Rodrigo Garavito para sentarse en la primera fila, al lado de los deudos? ¿Dio un discurso sentido Noemí Sanín, pese a haber despotricado de él en vida? ¿Vieron, de casualidad, a Gabriela Febres intrigando para que tocaran los niños vallenatos? ¿Estaba Poncho Rentería haciendo chistes en la entrada de la sala de velación?

No: nada de eso. Era un asunto solemne y tranquilo. Estaba el Congreso entero del país, y no había escoltas empujando a la gente ni parqueando sobre los andenes. No había fotógrafos de páginas sociales. Nadie hacía una fila eterna y desordenada para ver el cadáver y tocar el vidrio del féretro, al que acá hay que ir reemplazando cada tanto, en la medida en que lo van llenando de grasa con el dedo y el finado ya no puede verse tras la bruma sucia del cristal.

¿Oyeron a Plácido Domingo? Acá habría cantado Peter Manjarrés. ¿Alguien vio al dentista de Edward Kennedy? Acá habría ido Marlon Becerra. ¿Alguien vio alguna persona en mangas de camisa? Acá el presidente Uribe habría asistido en guayabera, con el bolsillo del pecho a punto de reventar por la cantidad de esferos y papeles que guarda en él.

Pero, sobre todo, ¿alguien vio que alguno de los presentes comentara algo de Unasur, que hablara alguien sobre el referendo? No. Porque en los países desarrollados no van al Unasur y los presidentes no hacen referendos para cambiar la Constitución.

Y no lo digo porque tenga algo en contra de Unasur, una cumbre de la que nunca estuve muy enterado. De hecho, siempre supuse que se referían a un centro comercial en el que se darían cita todos esos presidentes; lo recuerdo porque en su momento pensé que habría sido mejor llevarlos a Unicentro, donde hay un almacén de artesanías en el que Correa podría comprarse una camisa y Chávez podría negociar a Evo.

Aun recuerdo aquel viernes; mis hijas estaban inquietas porque el DVD de Chespirito no aparecía, y se me ocurrió poner la transmisión. Fue salvador. La cumbre superaba en gracia a la vecindad del Chavo. Aparecían todos esos presidentes vestidos con los trajes típicos de sus regiones y las niñas los miraban muertas de la risa. Ser chavista, más que una ideología, es una manera de ver la moda. Salían con esas camisas sin cuello, con esos suéteres de lana, con ropa roja. Cómo sería el asunto que, en comparación, Uribe parecía un estadista. Pero uno miraba a su lado y allá, pegado a él, con el cuerpo chiquito y el pelo desproporcionadamente grande, aparecía el Canciller de Colombia exhibiendo orgulloso su melena de alambre. Ni Pacho Santos es así. Más práctico, él se pone una totuma sobre la cabeza y bordea los sobrantes de pelo a tijeretazo limpio, como hacen algunos uitotos. Pero este Canciller parece un bachiller de los 70. ¿Puede un país salir del subdesarrollo con un Canciller que tiene el pelo sobre las orejas

¿Cómo será una cita suya en el Departamento de Estado?

- Doña Hillary -dice la secretaria-: hay un desorden en la agenda. No sólo no llegó el Canciller de Colombia, sino que hay un personaje de Woodstock que insiste en hablar con usted.

Bien: en el entierro de Edward Kennedy no había gente con melena; en el Primer Mundo no hay cancilleres con melena.

En el Primer Mundo a los presidentes no les da la gripa porcina. Acá, en cambio, ¿vieron la fuerza de cada estornudo de Uribe? Desde una visita que hice al hoyo soplador de San Andrés no veía algo semejante. Cada aspersión salpicaba el lente de la cámara. Luego se sonaba con la mano, bajaba de la tarima, y se ponía a saludar de beso y de abrazo a todo el mundo. Mi cálculo es que contaminó a unas 900 personas.

En el Primer Mundo hay museos de cera; acá lo más cercano son las frijoladas de doña Olga. En el Primer Mundo la gente tiene grandes ambiciones; acá todos tenemos pequeñas esperanzas. Digo la mía: que aunque quiten la alarma de contagio en el Palacio de Nariño, el Ministro del Interior se siga poniendo el tapabocas.

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