Lunes, 5 de diciembre de 2016

| 2010/04/10 00:00

De Uribe a Juan Manuel

Que uribe le haya escriturado su legado al uribista que menos lo interpreta demuestra que en lo único en que se parecen Santos y Uribe es en que no tienen convicciones.

De Uribe a Juan Manuel

Basta con ver a Juan Manuel Santos dando declaraciones en la televisión, de sombrero blanco, como si fuera el dueño del Ubérrimo, para darse uno cuenta de que entre sus destrezas no está la de amansar yeguas ni mucho menos la de destetar becerros. Juan Manuel Santos, de sombrero blanco y toallita de arriero terciada, se ve como se podría ver Álvaro Uribe si le diera por vestirse de golfista en Key Biscayne.

A Santos le gusta descansar los domingos yendo al Country a apostar con sus amigotes unos palos de golf al calor de unos whiskies. Uribe, en cambio, detesta los clubes, nunca ha cogido un palo de golf, no toma porque el trago le saca 'el diablo que lleva adentro' y considera que descansar los domingos es una herejía.

En un domingo Uribe es capaz de hacer un consejo de seguridad en Montería, de almorzar en Lorica con unos hacendados que le quieren poner una queja y le alcanza el tiempo hasta para pasar por su finca, marcar su ganado, preguntar por la comida de los pájaros y estrenar los aperos que les compró a sus bestias.

Es cierto que a uno y a otro les gusta el riesgo, pero a la hora de experimentarlo lo hacen como si fueran el agua y el aceite: Juan Manuel Santos lo hace en la solemnidad de los salones privados, apostando en el póquer, campo en el que es audaz e imbatible. Uribe, en cambio, prefiere sentir la adrenalina al aire libre, botándose -con corbata y todo- de una tarabita por el Cañón del Chicamocha, cuando no se lanza al río Guatapurí y con su nadadito de perro lo recorre en pantaloneta y con la camiseta del éxito.

Uribe es un paisa que se viste de Everfit, y Juan Manuel es un cachaco que manda a hacer sus vestidos a la medida en Londres. Santos es sobrino nieto de un ex presidente y, en cambio, Uribe es pariente de los hermanos Ochoa, la primera generación de narcos que tuvo este país. Álvaro Uribe es por sobre todo un político emergente, y Santos, en cambio, pertenece al arrogante establecimiento bogotano. A uno le gusta montar a caballo y adora la boñiga de ese animal. Al otro, en cambio, le gustan los caballos, pero si acaso apostar por ellos en el hipódromo de Londres.

En otras palabras: Santos representa a esa 'oligarquía bogotana' que Uribe tanto detesta, la misma que ha

desacreditado cada vez que ha podido en estos ocho años de gobierno por considerarla un grupo caduco de holgazanes que se la pasan de coctel en coctel rascándose la barriga y moviendo los hilos de las intrigas como si ellos fueran todavía los dueños del país.

Hasta hace unos años los dos fueron enemigos políticos que navegaron en orillas distintas a pesar de que los dos eran liberales. En épocas del 8.000, cuando Juan Manuel Santos se entrevistó con 'Raúl Reyes' de las Farc, Carlos Castaño de los paras y el intocable Víctor Carranza, con el propósito de armar con ellos un nuevo gobierno que tumbara al de Samper, Álvaro Uribe estaba con el 'elefante'. Bajo la presidencia de Andrés Pastrana, el dueño del Ubérrimo fue el primero en protestar por la zona de distensión que Juan Manuel Santos propuso, y mientras el político bogotano nos salvaba de la hecatombe económica -eso dice él en sus cuñas políticas para exaltar su gestión como ministro de Hacienda de Pastrana-, Uribe lo demandaba por haber aprobado un presupuesto corrupto y politiquero con el argumento de que les daba vía libre a los auxilios parlamentarios.

Desde hace unos cuatro años Juan Manuel Santos milita en el uribismo. Hoy no sólo va de puntero en las encuestas, sino que por la forma como actúa y habla él ya se siente Presidente.

El hecho de que Álvaro Uribe le haya escriturado su legado al uribista que menos lo interpreta demuestra que en lo único en que se parecen Santos y Uribe es en que ninguno de los dos tiene convicciones. Y que según sus postulados, aquellos que las tienen son unos completos imbéciles. Con este uribismo tan arrogante y tan volátil, el que parece que tuviera párkinson no es Mockus sino Santos.

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