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Opinión

  • | 2014/02/24 00:00

    El debate electoral sobre las drogas

    Los candidatos al Congreso han quebrado el tabú. Por primera vez el debate en torno a las drogas y su regulación se toma las campañas electorales en Colombia.

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“La política de drogas prohibicionista ha fracasado”.  Para muchos lectores esta frase puede sonar repetitiva, pues cada vez está más presente en medios de comunicación y discursos políticos. Sin embargo, hace una o dos décadas los únicos que se atrevían a mencionarla eran los académicos y las ONG, cuyos estudios empíricos coincidían en concluir la ineficacia de la prohibición e identificar los altos costos que genera.

Durante los últimos cinco años la historia ha sido diferente. La evidencia aportada por la sociedad civil ha impactado fuertemente la agenda política global. En el 2009 un grupo de expresidentes latinoamericanos pidió a los líderes del mundo iniciar un debate sobre políticas de drogas que estuviera libre de ideologías y se basara en los aportes científicos disponibles. Atendiendo este llamado, el presidente Santos reconoció en el 2011 que se trata de una política costosa y fracasada, y un año después la Cumbre de las Américas en Cartagena solicitó a la OEA realizar un estudio riguroso sobre el problema de las drogas en la región y los escenarios alternativos para su solución.

Pero no sólo han cambiado los discursos, también se han implementado reformas sustanciales. La regulación de la marihuana en Colorado, Washington y Uruguay fue el resultado de un debate amplio en el que las organizaciones de la sociedad civil y sus estudios en la materia jugaron un rol central. Igual papel tuvieron en la Asamblea General de la OEA del 2013, en la que los Estados reconocieron la necesidad de buscar políticas alternativas basadas en evidencia empírica; y seguramente igual trascendencia tendrán en la  Asamblea General de las Naciones Unidas del 2016 que después de 18 años abordará las drogas como tema principal.

En Colombia todavía no se han dado reformas estructurales. Pero por primera vez en el debate electoral se habla abiertamente del tema. Tanto en la radio como en la televisión los candidatos al Congreso han mostrado la necesidad de reformar la política de drogas sin miedo a perder el apoyo de los votantes. Según La Silla Vacía, de 76 candidatos al Senado que han respondido sus encuestas, 36 favorecen la legalización de la marihuana y ocho la aceptan con algunas condiciones. E incluso en partidos tradicionalistas como el Conservador, han surgido opciones políticas favorables a abandonar la guerra contra las drogas que algunos años atrás eran impensables. Así, se ha dado apertura a un debate que históricamente ha sido considerado tabú.

Sin embargo, persisten actitudes ideológicas y moralistas que en lugar de entrar en el debate, han preferido hacerse a un lado, evadir los argumentos empíricos existentes y reproducir viejos slogans de campaña que cada vez convencen menos. 

Así ocurre, por ejemplo, con la campaña política de Hernán Andrade, quien sugiere que la legalización de las drogas llevaría a que los niños de primaria incluyan, además de la manzana y el jugo, un cigarrillo de marihuana dentro de sus loncheras. Es un mensaje que engaña al elector. En lugar de criticar los modelos de regulación de la droga planteados desde diversos sectores, Andrade responde a una alternativa por él inventada y que nadie ha planteado, pues todas las propuestas de reforma son claras en prohibir el consumo de drogas a menores de edad. 

Como la de Andrade hay muchas más posturas que reproducen cierto tipo de moral que niega por principio la evidencia científica alrededor de las drogas y su prohibición. Usted como elector es libre de elegir la posición que mejor le parezca. Pero tenga en cuenta que los moralistas llevan 50 años en una guerra contra las drogas que está perdida, pues las tasas de consumo en el país siguen aumentando, los índices de producción de droga se mantienen estables, las organizaciones dedicadas al narcotráfico continúan ganando poder, y las violaciones a derechos humanos son cada vez más graves. 

¿No cree usted que es hora de darle la oportunidad a una alternativa más sensata?

* Investigador del Centro de Estudios de Derecho, Justicia y Sociedad, Dejusticia (www.dejusticia.org).
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