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Opinión

  • | 2012/02/11 00:00

    Debate epistolar

    Hay que hablar. Pero no en el tono de estos dos: condescendiente la periodista y paranoico el guerrillero. Es un diálogo de sordos.

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Ahora resulta que una de las columnistas políticas más leídas del país y el comandante del grupo guerrillero más importante de la historia de Colombia se han enzarzado en un certamen de crítica literaria. Ya sabemos que este ha sido un 'país de gramáticos': pero ¡caramba! Colombia se deshace. La deshacen la violencia, la corrupción, el clima. Se ahoga en sangre. Y, como siempre, en babas. Y María Jimena Duzán, de SEMANA, y Timochenko, de las Farc, discuten por saber cuál de los dos escribe con mayor donosura la lengua castellana.

María Jimena comienza por asombrarse de que un jefe guerrillero sepa leer y escribir:

"A pesar de estar en orillas distintas (...) confieso que me ha sorprendido encontrar en Timochenko a un pulcro escritor", dice en su columna. Y Timochenko -lo comprendo- se siente herido en lo más íntimo de su vanidad de literato. ¿Él, que cita tiradas enteras de Homero y reflexiones de Quevedo y de Marx, y párrafos de los escribas de la Biblia, y versos del novelista para adolescentes Jack London, o sea, que cita de todo; él, Timochenko, nada más que un "pulcro" escritor? Pulcro: delicado, cuidadoso, que no ensucia. Un insulto. Ningún escritor acepta elogio distinto del de ser el más grande de la historia, o por lo menos el mayor de su lengua. Dice Augusto Monterroso que cualquier otra cosa sería "un elogio mezquino". Así que empuña su pluma con rabia Timochenko y se desata de este modo:

(Nota: el artículo de la agencia de las Farc, Anncol, no está firmado por Timochenko sino por Jaime A. Moreno. En internet me entero de que "en LinkedIn hay 25 profesionales con el nombre Jaime Moreno", pero no creo que sea ninguno de ellos el que escribe la furiosa epístola de

Anncol: tiene que ser el mismo autor de la carta homérica a Santos y de la oración fúnebre por Tirofijo. La prosa grecoquimbaya es tan reconocible como una huella dactilar. Ahora: podría ser el ex ministro Fernando Londoño).

Venía diciendo que Timochenko se desata de este modo:

"No suelo escribir por impulsos devenidos de la insolencia de algunos hombres, pero quiero reconocer que el escrito de este personajillo de pacotilla y farándula intitulado 'Timochenko, el escritor', publicado hoy por la revista Semana, me obligó a escribir esta nota para desenmascarar el trasfondo de lo dicho, porque contiene las más perversas intenciones, propias de un ambicioso plan del régimen colombiano, mediante la utilización a profundidad de sus bufones".

Y sigue así, denunciando el insuficiente elogio de la columnista, que toma por burlón, y defendiendo que "dentro de las Farc-EP, el ELN, y las organizaciones revolucionarias, lo que fluye constantemente es la poesía, el arte, la exquisita literatura de centenares de guerrilleros que escriben con amor sus sueños y sufrimientos..."; para concluir al cabo de muchas páginas con una condena: "más duele su posición de calumniar mientras de lecciones del buen escribir (...) Produce grima su falta de creatividad literaria, quedando al desnudo, como sucede en todos los escribanos del régimen, específicamente los de Semana, incapaces de escribir algo sensato con la mano izquierda sin que lo tachen con la mano derecha. Cualquier desentendido de la política siente que, al leer su tosca prosa, no difiere en nada de los textos escritos en cualquier Usina militarista o en cualquier Think Tank del pensamiento fascista como son las universidades privadas colombianas, en particular la Universidad de los Andes".

Había dicho María Jimena Duzán en su columna:

"Pero tal vez lo más importante de las cartas de Timochenko es que detrás de estas se adivina a un guerrillero que quiere ser escuchado. No en vano ha escrito tres cartas en tan solo dos meses que lleva de jefe de las Farc. Yo acepto esa invitación que él tan desesperadamente está haciendo y me uno a quienes, como el profesor Medófilo Medina, quieren establecer un debate epistolar con Timochenko".

Me inmiscuyo en el intercambio, sin haber sido invitado. Yo también soy de los que piensan, y desde hace mucho, que hay que hablar. Pero no en el tono en que lo están haciendo estos dos: condescendiente por parte de la periodista (¡oh! ¡un guerrillero que escribe!) y paranoico por parte del jefe guerrillero (las "perversas intenciones" del "régimen criminal santista"). Pues se trata, una vez más, de un diálogo de sordos. Lo contrario de un diálogo: dos monólogos. Y eso no lleva a ninguna parte.
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