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Opinión

  • | 2014/08/03 00:00

    Por qué son necesarios los debates de control político

    Si Luis Carlos Galán en su momento no abre las puertas para el debate de control político en el Congreso, Pablo Escobar se habría convertido en presidente de Colombia.

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Iván Cepeda es uno de los pocos hombres honorables que han llegado al nuevo Congreso. No tiene nada que ocultar porque no hace parte del club de los mafiosos que el país conoce. No le rinde cuentas a un jefe nefasto con un pasado oscuro, ni anda trinando babosadas todo el día, ni desacreditando a nadie, ni amenazando con ir a la Fiscalía a lustrarse los zapatos y tomarse un tinto para luego decir que no tiene pruebas de lo que afirmó días antes frente a las cámaras de los noticieros y trinó mil veces por el altavoz de su Twitter.

Iván Cepeda es un tipo serio como pocos de los que hoy ocupan una silla en el “recinto sagrado” de  esa corporación. Su padre, como sabemos, lo asesinaron unos señores que odian a la izquierda con la misma pasión con la que odian a los periodistas que denuncian sus atrocidades. Son expertos tramoyeros. Amigos de los mafiosos más poderosos del país. Amigos de los mismos que desfalcan al Estado y luego presentan proyectos de ley que permitan que los ladrones de cuello blanco y los perpetradores de masacres pasen menos tiempo tras las rejas cuando la justicia los condena.

 No olvidemos que en el actual Congreso de la República hay 33 senadores con rabo de paja, descendientes de los mismos parapolíticos que Uribe compró para reformar el ‘articulito’ que lo llevó por segunda vez a la Casa de Nariño. A esto se lo suman 20 del Centro Democrático y un número bastante amplio que baila al son que le toquen. Por eso no debe extrañar a nadie que hubieran sido 52 los miembros de la corporación [con excepción del propio Uribe Vélez] que hayan impedido que el senador del Polo Democrático adelantara un debate de control político sobre los estrechos vínculos que se atribuyen al expresidente con el narcotráfico y el paramilitarismo.

La razón es sencilla: si vienen hoy por el vecino, lo más seguro es que mañana vengan por mí. Hay un poema que se le atribuye a Bertolt Brecht, pero que para algunos estudiosos del tema lo escribió el reverendo luterano Martin Niemüller. En él alcanzamos a ver las causas por las cuales callar ante las injusticias y las atrocidades de quienes ostentan el poder termina convirtiendo la vida de los pueblos en un infierno. Aunque el poema fue escrito en la década del cuarenta del siglo XX, motivado por la cacería que los nazis ejercieron contra los judíos, este parece haber sido redactado por un poeta que sufrió en Colombia la misma persecución. El poema dice:  

Primero cogieron a los comunistas,
y yo no dije nada porque yo no era un comunista.
Luego se llevaron a los judíos,
y no dije nada porque yo no era un judío.
Luego vinieron por los obreros,
y no dije nada porque no era ni obrero ni sindicalista.
Luego se metieron con los católicos,
y no dije nada porque yo era protestante.
Y cuando finalmente vinieron por mí
no quedaba nadie para protestar.

No pisarse las mangueras o taparse con la misma cobija es una política conocida de las mafias norteamericanas de los años 30 y 40. En realidad fue una práctica que introdujeron los sicilianos que emigraron a los Estados Unidos poco antes de que se iniciara la gran depresión que llevó a la economía del país del norte al piso. La idea tenía como propósito proteger los intereses comunes de la delincuencia organizada, para lo cual era necesario comprar policías, jueces, alcaldes, medios de comunicación y gobernadores si las circunstancias lo exigían. En términos beisbolero se traduciría en cubrir todas las bases. En otras palabras,  trabajar coordinadamente porque hasta para ser mafioso se necesita ser inteligente.

Lo anterior aparece retratado con maestría en la célebre novela gansteril de Mario Puzo, ‘El Padrino’ [1969], llevada a la pantalla grande por el director Francis Ford Coppola. Don Corleone, como sabemos, huye de Corleone, provincia de Palermo, Sicilia, después de que el mafioso mayor del pueblo asesinara a su padre. Emigra a los EE. UU. y se convierte en un hombre peligroso y temido, incluso por los otros mafiosos. Esta imagen tenebrosa lo llevó a escalar hasta la parte más alta de la organización criminal.

Pero como los criminales también tienen ambiciones, la de don Corleone consistía en ver a su pequeño Michael, la luz de sus ojos, convertido en un reconocido abogado, en un senador de la República, respetable, que ‘limpiara’ con sus acciones la nube negra que flotaba sobre la familia.
Todos sabemos que nada de esto ocurre: que Michael no llega a convertirse en abogado, ni mucho menos alcanza a ser senador. Por el contrario, la fuerza de gravedad delincuencial que orbita su entorno lo empuja cada vez más a transformarse en el retrato degradante de su padre.

Lo anterior me lleva a concluir que si los debate de control político al interior del Congreso de la República se dieran, los colombianos sabríamos con exactitud quienes son en realidad cada uno de los miembros que lo conforman. Quienes escoden oscuro intereses y quienes están verdaderamente detrás de la silla parlamentaria. Por esto, siempre he creído que si Luis Carlos Galán en su momento no abre las puertas para el debate de control político en el Congreso, Pablo Emilio Escobar Gaviria se habría convertido en presidente de Colombia.

Lástima que hoy Luis Carlos Galán esté muerto. Lástima que la mafia que combatió para limpiar al país de narcotraficantes convertidos en políticos lo hayan asesinado. Lástima porque si hoy viviera, Uribe no habría sido Presidente de los colombianos, y los 33 descendientes de parapolíticos que ocupaban un escaño en el legislativo, tendrían que buscar tierra alta. De ahí la importancia de este tipo de debates.

En Twitter: @joarza
E-mail: robleszabala@gmail.com
*Docente universitario.
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