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Opinión

  • | 1996/04/01 00:00

    DECENCIA, BROTHER

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Se sabía que Estados Unidos no tenía una trayectoria muy brillante en el manejo de sus relaciones internacionales, pero aún no éramos testigos de que fueran, además de torpes, así de groseros. Utilizaron un mecanismo inaceptable para castigar a un Presidente cuya elección consideran inmoral y lo que lograron fue convertir en paria mundial al único país que haluchado de verdad contra el narcotráfico.Si lo que ese país quiere con la descertificación de Colombia es tumbar al presidente Samper, es posible que estén en el camino indicado para obtener lo contrario: apuntalarlo en la silla presidencial.La descertificación es el final del proceso más vergonzoso en la historia reciente de Colombia de intervención de Estados Unidos en nuestros asuntos domésticos. Hago la claridad de que eso es así (vergonzoso) aun en el caso de que acabe por confirmarse la totalidad de los rumores que en público y en privado han expresado políticos y periodistas norteamericanos.El enjuiciamiento de Samper y de los políticos que han podido tener cualquier grado de participación en el ingreso de plata del narcotráfico en la política es un asunto colombiano, que ha venido tratándose con una seriedad que no tiene comparación en la historia de la lucha contra la corrupción en Colombia.Con el fiscal Alfonso Valdivieso a la cabeza, el país ha metido las narices en las llagas pustulentas de la política nacional, en una demostración clara de la intención colombiana de curar un mal que hasta ahora había sido muy diagnosticado pero muy poco combatido. Nadie que haga honor a la verdad puede negar que Colombia resolvió meterle el diente a una de las manifestaciones más graves de la presencia del narcotráfico en la vida política nacional.A eso hay que agregarle que desde hace ya muchos años, el balance demostrable de la lucha de Colombia contra el narcotráfico es, de lejos, muy superior al que pueden exhibir, sumados, el resto de países del mundo. Incluyendo, por supuesto, a Estados Unidos, gran promotor del narcotráfico a través del consumo.Por estas razones es aún más inadmisible que Estados Unidos haya resuelto poner a Colombia al lado de Birmania, una nación que tomó desde hace rato la decisión no sólo de no combatir el narcotráfico sino de vivir en función de ese delito, a contrapelo de la opinión de toda la comunidad internacional.A la hora de escribir esta columna no se sabe si la descertificación va acompañada de medidas que ahoguen al país en el campo económico. Si eso resulta ser cierto, es posible que en un plazo breve los empresarios que aún apoyan a Samper le vuelvan la espalda para proteger sus intereses. De ser así, el efecto norteamericano de tumbar al Presidente por asfixia se lograría.A Colombia no le conviene que Samper caiga así. Un relevo en la Presidencia debe ser el resultado de un proceso interno, sea por decisión del Congreso o por simple efecto de la ingobernabilidad existente tras un proceso absolutorio en el Parlamento.Pero si la descertificación hace la salvedad de las sanciones económicas contra el país, lo que habrá logrado la administración Clinton es revivir el sentimiento antinorteamericano por una decisión injusta, implementada a través de un mecanismo arbitrario.Para sintetizar: habría sido más decente decir con claridad que lo que quieren es tumbar al Presidente colombiano.
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