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Opinión

  • | 1980/12/11 00:00

    Del Caguán a Ralito

    En Ralito, como en San Vicente, como en cualquier intento de paz negociada, es inevitable que el Estado ceda y que corra el riesgo de ser engañado

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Así como Pastrana quería negociar con las Farc, Uribe llegó al poder con la intención de negociar con las AUC. Para eso ha hecho siete concesiones significativas -aunque claro, ninguna del calibre de la famosa "zona de distensión"-.

1. El estatus. El paramilitarismo no es un delito "político" porque no busca ni derrocar a las autoridades ni impedirles que cumplan su función, sino al revés, "ayudarlas" a vencer la subversión. Por eso el primer gesto de Uribe fue hacer cambiar la ley que le impedía dialogar con un grupo no "político".

2. El momento. Los paramilitares existen para enfrentar la insurgencia, así que en ningún país se han desmovilizado ellos antes que los guerrilleros. Al anticiparse a negociar con las AUC, el Presidente se juega pues a su buena fe, a que dejen las armas sin que las Farc y el ELN hayan sido derrotados.

3. La condición. Uribe siempre dijo estar dispuesto a dialogar con aquellos que aceptaran "el cese de hostilidades". Sólo las AUC y otros bloques paramilitares aceptaron la oferta y anunciaron el cese hace ya un año y medio. El gobierno, sin embargo, no exigió la verificación ni se ocupó de ella, esperó un año antes de denunciar violaciones y se sentó a la mesa pese a los "cerca de mil" asesinatos que en su momento reportaron las ONG.

4. El perdón. Sin haberlo consultado con Castaño, es decir, antes del tira y afloje con los paras, el gobierno presentó el Proyecto de Alternatividad Penal, que preveía penas simbólicas para cualquier delito cometido por los miembros de un grupo que "esté en diálogos de paz". Ante la reacción de medio mundo, el Presidente aceptó una versión algo más dura ("entre cinco y 10 años de cárcel"). Pero este segundo texto quedó en el limbo. Y en todo caso, el gesto no hubiera podido ser más elocuente.

5. La zona. De San Vicente del Caguán a Santa Fe de Ralito van por lo menos cuatro diferencias. De 42.000 a 368 kilómetros cuadrados. De dos líneas manuscritas y dudosas con las firmas de Andrés y "Don Manuel", a ocho artículos y 28 literales que reglamentan la zona de ubicación. De la ventaja militar que fue el Caguán para las Farc, al sitio de reunión que hay hoy en Córdoba. Y del santuario donde ocurrían todos los abusos, a un área donde, al revés, los comandantes se portarán como amables anfitriones.

Y sin embargo la zona de ubicación es otra muestra de generosidad por parte del Estado. Primero porque los diálogos habrían podido ser en el extranjero -así lo hacen casi todos los países y gobiernos-. Segundo porque suspende las órdenes de captura y entrega la autoridad al Comité de Seguridad y Convivencia, en el que hay un delegado de las AUC. Tercero porque facilita las comunicaciones y el proselitismo de las autodefensas.

6. El gran garrote. Con las solicitudes de extradición que ha hecho, las que están en curso y las que puede hacer, es obvio que la DEA quiere tener la última palabra sobre la desmovilización de las autodefensas. Por eso el hecho realmente importante de esta historia es una frase del presidente Uribe: "Quienes quieran evitar la extradición deben demostrar su propósito de enmienda" (El Tiempo, abril 27). ¿La consultó con Bush? ¿O está dispuesto a desobedecerle? En ambos casos, es la mejor oferta que las AUC pueden oír de un presidente de Colombia.

7. Los voceros. Con el hallazgo de "dos gallos tapados en Ralito" (El Tiempo, julio 4) se hizo más acuciante la cuestión de "Con quién estamos negociando" (SEMANA, junio 14). Pues en vez de pedir claridad sobre un asunto que puede desnaturalizar el proceso o condenarlo al fracaso de antemano (ya mencioné a la DEA), el Comisionado se limitó a declarar que no es notario y el Ministro, a explicar que cada grupo tiene el derecho de escoger voceros.

Son siete concesiones importantes. Porque en Ralito, como en San Vicente, como en todo intento de paz negociada, es inevitable que el Estado ceda y que corra el riego de ser engañado. Pastrana fue engañado por las Farc y su proceso acabó en fortalecerlas y en enterrar la salida negociada. Uribe corre el riesgo de perdonar grandes crímenes sin que eso acabe el paramilitarismo o el tráfico de drogas. Por eso es hora de que las AUC comiencen a efectuar concesiones.
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