Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2005/05/29 00:00

Del Caguán a Ralito

Del Caguán a Ralito

El Caguán y Ralito se parecen en que, en medio de un proceso con el gobierno, sus protagonistas siguieron delinquiendo -asesinando, secuestrando, narcotraficando- desde la zona de negociación.

Pero se diferencian en que mientras al primero no podían entrar las autoridades a hacer efectiva una orden de captura, al segundo sí. Por eso, mientras del Caguán nunca nadie se voló, porque no había necesidad, de Ralito se evadió 'Don Berna' hasta que optó por entregarse para ser indagatoriado por la Fiscalía.

Versión obvia de los opositores: 'Don Berna' se voló porque le avisaron, y se entregó porque lo negociaron. ¿Se habrán olvidado de que el de los paramilitares no es un ejército derrotado, sino en proceso de pactar un sometimiento?

Quiéranlo o no, la entrega de 'Don Berna' es, sin duda, la segunda gran victoria de Luis Carlos Restrepo, desde la que había logrado con la entrega masiva de hombres y armas de los paramilitares para iniciar el proceso de Ralito.

Sus contradictores deben estar disgustados: desde un comienzo han considerado despectivamente que el proceso con los paras lo está manejando "un siquiatra". Su best seller El derecho a la ternura, una reivindicación del afecto en las relaciones humanas, y que se ha editado en 13 oportunidades y traducido a varios idiomas, se ha convertido en motivo de burla para los enemigos naturales del proceso. Estos han extendido la idea de que a Restrepo le interesa con los paras ser más tierno que justo.

Por eso pocos creen, aunque es verdad, que a los de Ralito Restrepo les ha hablado con gran firmeza y franqueza y que a diferencia de otros de sus antecesores, no está tratando a toda costa caerles bien, ni ha intentado conquistarlos con lisonjas, sonrisitas o intercambio de relojes.

Y aunque tiene fama de que pierde los estribos y sufre explosiones de ira, lo que por momentos le quita autoridad, la verdad es que Restrepo de manera natural 'coge volumen' en las reuniones y son más las veces en los que parece bravo que las que en realidad lo está.

Su gran problema consiste en que el requisito fundamental para que este proceso funcione algún día es, inevitablemente, una gigantesca dosis de impunidad, y eso es algo que no se puede decir.

La gran mayoría de los cabecillas de las AUC está pedida en extradición por narcotráfico. Es el caso de alias 'Don Berna', 'Gordolindo', 'Cuco', 'Los Mellizos', 'El Tuso', 'Pablo Sevillano' y 'Don Diego', que hasta aparece ¡al lado de Osama Ben Laden! como uno de los hombres más buscados del mundo por el FBI.

De ahí el reto de Restrepo de inventarse un sistema para no extraditarlos por delitos cometidos antes del acuerdo de Ralito. La sola palabra de que el Presidente utilizará su capacidad discrecional para evitarlo no ha sido suficiente para los paramilitares que, como es obvio, piensan que esa garantía la perderán probablemente con el sucesor de Uribe.

Por eso al gobierno se le ha visto dando saltos de trampolín en materia jurídica, inventándose fórmulas, como la del delito político, que garanticen ya no sólo de palabra sino sobre el papel, que los paramilitares no serán extraditados.

El otro gran problema de Restrepo es que está comprobado, y por eso patina tanto el proyecto de ley de justicia y paz, que muchos de ellos brincaron del estatus de narcotraficantes al de paramilitares para beneficiarse de un proceso político (¿y cuál será peor: el puro narco o el para puro?) comprando masivamente frentes por sumas millonarias.

Si bien los principales cabecillas se han concentrado en Ralito y han ofrecido un cese de hostilidades, la realidad les impide cumplir con esa oferta. Muchos de los asesinatos se han ordenado para evitar disidencias internas que ocurren naturalmente en estas organizaciones armadas cuando sus líderes no están en permanente contacto con sus huestes, y cuando estos ejércitos ilegales forman parte de un mercado persa que la delincuencia común compra y vende todos los días al mejor postor.

El tercer gran problema de Restrepo lo genera el propio Álvaro Uribe. Demasiada generosidad en el proceso puede atraer sospechas hacia la campaña de reelección del Presidente. Sus adversarios han logrado mantener alimentada su fama de que el paramilitarismo constituye una de sus bases políticas, y desde ya se le reclama astutamente que nadie, con ese apoyo, puede perder las elecciones.

Por cuenta de esta fama, Restrepo es la víctima de que cojee la coherencia de la estrategia de Uribe, basada en la aceptación realista de que en una guerra se puede pelear contra un enemigo armado, pero no contra dos al mismo tiempo.

Por todas estas razones no debe extrañarnos si el señor comisionado, Luis Carlos Restrepo, termina recostado en su propio diván.

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