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Opinión

  • | 2011/03/07 00:00

    ¿Del monólogo uribista de vuelta al pluralismo restringido?

    En los ocho años del uribismo, entre 2002 y 2010, el gobierno inculcó y obtuvo la obediencia de los grandes medios, gracias a la carta de una eventual no renovación de las licencias a los dos canales privados de TV.

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Un repaso crítico de la historia de la información en TV es útil para evaluar a dónde queremos ir hoy con “nuestra” televisión. El sociólogo chileno José Joaquín Brunner ha propuesto la noción de “régimen comunicativo” para caracterizar ciertos períodos de la historia política de nuestros países en que el tipo de manejo de la comunicación y de relación con el periodismo desde los gobiernos, permitirían establecer ciertos rasgos definitorios de la comunicación política.
 
Siguiendo a Brunner, el Frente Nacional se podría caracterizar como un período donde la alternación en el poder y el monopolio liberal-conservador de la burocracia, tuvo su correlato en un régimen comunicativo de cuño bipartidista, muy oficialista, con los telenoticieros en manos de los hijos de los expresidentes, los así llamados “delfines presidenciales”.

De la época de los noticieros de los delfines (“TV Hoy” de los Pastrana, “24 horas” de los Gómez, el “Informador Thoy” de los Turbay, etc.) pasamos con la privatización de la TV en 1998, a un régimen comunicativo duopólico, de base económica (a diferencia del anterior fundado en el criterio político-partidario), donde la TV como medio dominante, a través del cual se informa el 70% de la población, es controlado por dos oligopolios.
 
Con la privatización desaparecieron de nuestra televisión abierta decenas de programadoras de televisión históricas, sin que hubiera una política pública orientada a mantener cierta diversidad de voces y de empresas, que de todas maneras, en medio del control bipartidista, garantizaba el anterior sistema mixto. En cuanto a los viejos noticieros de TV, sin la parafernalia tecnológica de nuestros días y a pesar de las limitaciones del monopolio bipartidista, probablemente había en algunos de ellos (en “24 horas” por ejemplo), más calidad, tradición periodística y más matices, que en los informativos de televisión de hoy.

En los ocho años del uribismo, entre 2002 y 2010, el gobierno inculcó y obtuvo la obediencia de los grandes medios, gracias a la carta de una eventual no renovación de las licencias a los dos canales privados de TV, pero también a la obsecuencia del grupo Planeta, propietario de El Tiempo, ávido de la concesión del Tercer Canal. Se configuró así un régimen comunicativo paternalista, mesiánico, intolerante y monológico que convirtió a la oposición y a sus críticos en enemigos e hizo de la propaganda, al estilo de los regímenes fascistas o de corte soviético, una de sus modalidades principales de comunicación.
 
La investigación de la Fiscalía sobre la falsa desmovilización del frente “Cacica Gaitana”, evidencia los extremos delirantes y los abusos para con las audiencias, a los cuales condujo esa lógica soberbia de propaganda gubernamental.

El gobierno de Santos ha redefinido de manera importante la comunicación propia del uribismo, a favor de un estilo menos confrontacional, menos hacendario y más moderno y pluralista. El periodismo y los grandes medios tendrían que hacer su autocrítica de cuánto contribuyeron por acción u omisión, interés económico o afinidad ideológica, a ese régimen comunicativo autoritario y monológico.
 
*Profesor del Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales (IEPRI).


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