Viernes, 20 de enero de 2017

| 2004/12/12 00:00

Del movimiento ciudadano

¿Quien podrá competir con un señor con canal propio, sábados en directo y la última palabra sobre mil decretos que tocan a los dueños de los medios?

Del movimiento ciudadano

Me escribe doña Elvira Moreno:

"Si no queremos reelección, pues no se vota por esa persona; y punto. ¿Cuál es el problema para que usted arme semejante escándalo?". Y don Juan José Parra lo expresa de esta manera: "Esperemos cómo termina Uribe su mandato, y si lo hace mal los colombianos no seremos tan tontos como para reelegirlo".

Yo felicito a doña Elvira y a don Juan José porque son

ciudadanos ideales, personas que en su momento evaluarán cuál de los varios candidatos es mejor para el país y votarán en conciencia.

Pero ¡ay!, la realidad del voto es algo más complicada:

Primero, porque ese ciudadano ideal tendría que tener información completa y balanceada acerca de todos los candidatos para poder evaluarlos -y en esto supongo que doña Elvira y don Juan están de acuerdo conmigo-.

Segundo, porque la gente vota -y tiene todo el derecho de votar- en su propio interés, no sólo o no siempre en 'interés del país' (aunque supongo que don Juan y doña Elvira creen de buena fe, como de buena fe creemos casi todos los mortales, que lo que a uno le conviene es lo que al país de uno le conviene).

Y tercero porque hay gente, en efecto, mucha gente, que no vota por motivos tan racionales y nobles como mis corresponsales. Las pasiones, los prejuicios, la propaganda, los amigos, los jefes, los compromisos, las presiones, la maquinaria, el hambre, el impulso del momento o el azar, tanto como las convicciones o los sueños, son arte y parte del revoltijo irremediable y magnífico que nos mueve a los humanos.

Por eso en las elecciones no gana el mejor candidato. Gana el que saque más votos. Y por eso hay que evitar que uno cualquiera de ellos utilice las palancas del Estado para conseguir sus votos. Ni más ni menos en esto consiste el clientelismo, que tanto daño le ha hecho a nuestra democracia.

Pues la reelección presidencial es la forma superior del clientelismo. ¿Qué candidato podrá competir en información -y en manejo de imagen- con un señor que tiene canal propio, sábados en directo y la última palabra sobre mil y un decretos y contratos que tocan el bolsillo de los dueños de los medios? ¿Cuál ideología o cuál programa de gobierno puede mover intereses tan reales como una vía pavimentada, un centro de acopio o un batallón de alta montaña? ¿Cuál militancia o cuál voluntariado trabaja tanto como un nombramiento por anticipado? ¿Cuál bingo atrae tantas donaciones como un 'tintico' en Palacio?

Desde Kansas, sin embargo, anota Freddy Ramos: "En Estados Unidos siempre ha existido la reelección, y ésta es la cuna de la democracia". Pero algo va, don Freddy, de Dinamarca a Cundinamarca: allá también existe la reelección de congresistas, y ese país no está cundido de clientelismo. Es más: si a Bush le diera por cambiar la Constitución para quedarse por un tercer período, el pueblo frenaría en seco ese golpe de Estado.

Comenta luego una 'MaríaZ' que "El presidente Uribe no va a abusar porque él sólo quiere servirle a Colombia". Yo tengo la certeza de que el doctor Uribe daría todo por mi país, pero me temo que el Presidente ya abusó: desde

Palacio idearon la reforma, la empujaron paso a paso en el Congreso, repartieron auxilios e institutos y abandonaron

o ablandaron leyes fundamentales y

urgentes.

El hecho es pues patente: Uribe ganará las elecciones, pero las elecciones no serán democráticas. Por eso a los demócratas no nos queda otro camino que buscar una elección en la cual el señor Presidente no sea candidato. Podría ser con la fórmula de Jaime Castro: que gane el voto en blanco y haya nueva elección con otros candidatos. Podría ser con la fórmula de las primarias: que los demócratas tengan un único candidato.

Claro que el Presidente lleva las de ganar contra otro candidato o contra el 'señor blanco'. Y claro que no es fácil organizar las primarias o lograr la madurez que significa el voto en blanco. Pero Javier, desde Madrid, nos da el motivo exacto para intentarlo: "Cuando ese gran movimiento ciudadano se produzca, habremos cruzado el umbral de la barbarie para pasar al de la democracia; los colombianos habremos entendido que disentir no es odiar, que es posible opinar diferente y eso nos hace más ricos".

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